Perú: La voluntad popular distorsionada

Isaac Bigio

«Juntos por el Perú ganó en 1,479 distritos, mientras que Fuerza Popular solo lo hizo en 411, menos del 22% del total»

Tenemos un sistema electoral que distorsiona la voluntad popular.

En abril hubo 36 listas con un millar de candidatos. De ellas, solo una sexta parte ingresó al Congreso. Unos 9,18 millones de votos se repartieron entre los seis partidos que obtuvieron bancadas. Dos de cada tres ciudadanos no sufragaron por ninguna de estas agrupaciones. Para todos aquellos que votaron por las 30 listas que quedaron excluidas, es como si hubieran tirado su papeleta al tacho.

No conozco otro balotaje en el mundo en el cual, en la primera vuelta, el primer puesto haya obtenido el 14 % de los votos emitidos y el segundo menos del 10 %, por lo que, en la ronda final, más del 75 % de los votantes se vio obligado a votar no por su candidato favorito, sino contra la opción menos desfavorable. En las últimas cuatro elecciones presidenciales el Perú ha quedado polarizado entre fujimoristas y antifujimoristas.

En Argentina, para evitar tal proliferación de siglas, se realizan las Primarias Abiertas, Simultáneas y Obligatorias (PASO), en las que las organizaciones que no alcanzan un porcentaje mínimo quedan eliminadas y los distintos partidos pueden dirimir entre múltiples precandidatos. La izquierda, por ejemplo, suele terminar así con una sola lista. En el Perú ni siquiera hubo elecciones internas masivas como las que se realizan antes de las presidenciales en Estados Unidos o Colombia. Casi todas las candidaturas fueron designadas a dedo o en pequeños plenarios.

La atomización electoral fue incentivada por Keiko Fujimori para dividir, confundir y debilitar a sus rivales, pues ella siempre es respaldada por uno de cada ocho votantes. Keiko necesitaba reducir las opciones más cercanas al centro, como las de Alfonso López Chau, Jorge Nieto o Ricardo Belmont, quienes habrían tenido mayores posibilidades de impedir una polarización favorable a su candidatura.

En Estados Unidos, Argentina o Brasil, cada senador representa a una determinada región. Si ese sistema se aplicara al Perú, Fuerza Popular solo habría ganado en ocho regiones, pero ha obtenido 22 de los 60 escaños senatoriales. Esto implica que controlará el 36,66% de la Cámara Alta, pese a que en el distrito nacional apenas fue apoyada por aproximadamente uno de cada siete votantes y por uno de cada doce o trece electores habilitados.

Roberto Sánchez se quedó sin curul, al igual que otros candidatos que obtuvieron una votación importante, como Marisol Pérez Tello, con 139,339 votos. En cambio, resultaron elegidos tres nuevos diputados fujimoristas con alrededor de un millar de votos cada uno.

Juntos por el Perú ganó en 1,479 distritos, mientras que Fuerza Popular solo lo hizo en 411, menos del 22% del total. En los países con sistemas de representación uninominal, cada distrito elige a un parlamentario, quien además puede ser revocado por sus electores. En el Perú, en cambio, ello no ocurre y tampoco el mandatario puede convocar elecciones anticipadas.

Mientras que en el Reino Unido se realizan varios debates televisados entre candidatos, sin interrupciones comerciales ni comentarios que favorezcan a determinados participantes, en el Perú ocurre lo inverso. Según observadores de la Unión Europea, existe una marcada parcialidad en los grandes medios de comunicación.

En 2016 hubo un referendo británico sobre la UE. Pese a que este no era vinculante y a que ganó la opción de salir de la UE por menos de cuatro puntos, se acató dicho veredicto. En cambio, en el Perú, el Congreso pro-fujimorista desoyó el mandato imperativo del referendo del 2018, en el que el 90,5% rechazó la bicameralidad. Asimismo, sin consultar al pueblo, el Congreso impuso una Constitución profundamente modificada y ha denegado ahora el principio del referendo.

Mientras en todas las democracias hay cierta independencia de poderes, en el Perú todos ellos se hallan controlados por el mismo partido que quiere detentar la Presidencia (y que querrá buscar la reelección).

Si en Colombia se conocieron los resultados finales a las pocas horas de la votación, en el Perú estos son tan lentos que generan muchas suspicacias. Como el fujimorismo ganó fraudulentamente en 2000, adujo fraudes cuando perdió elecciones y ha diseñado este sistema para que en las elecciones presidenciales siempre haya una polarización entre FP y el resto, es usual que amplios sectores nunca quieran reconocer los resultados. Hasta antes de esta segunda vuelta, Rafael López Aliaga insistía en nuevas elecciones y en que Keiko le había robado votos. Entre una y otra ronda electoral, de manera irregular, se cambió al jefe de la ONPE y se impidió la digitalización de las actas del exterior.

En algunos pocos casos, las diásporas inclinan las elecciones en favor de algún candidato, pero, si no prosperan las tachas interpuestas por JP, esta sería la primera vez que lo hacen a favor de alguien que podría instaurar una dictadura.

Nunca antes ha habido una intromisión norteamericana tan alta en nuestras elecciones. Su embajador fue el único en participar en el debate presidencial y en reunirse con el JNE. Donald Trump apoya abiertamente que en Colombia y Brasil resulten elegidos sus favoritos, Abelardo de la Espriella y Flavio Bolsonaro, mientras que en Honduras, recientemente, pidió votar por los conservadores al mismo tiempo que excarcelaba al narcodictador Juan Orlando Hernández.

18-06-2026

Fuente: Hildebrandt en sus trece, Ed 787 año 17, del 19/06/2026

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