Perú: Imagen que se cae

Ybrahim Luna

«Los medios no han podido sostener la imagen de la presidenta más allá de tres semanas»

La señora Keiko Fujimori debe estar muy cansada. Han sido semanas en las que ha tenido que ejercer el poder a la luz pública y no desde la comodidad de las sombras, como estaba acostumbrada.

Desde que asumió el poder, la presidenta Fujimori ha demostrado que sabe muy poco de cuadros políticos y de la cuestión pública. Lo que es una verdadera revelación para quienes creíamos que boicotear la democracia durante una década la había dotado de cierto olfato e instinto de guerra. Pero no ha sido así. Doña Keiko parece necesitar vacaciones urgentes.

Quizá la tres veces postulante y hoy mandataria ha estado demasiado tiempo delegando demoliciones a terceros, o quizá se acostumbró definitivamente a la virtualidad de un mensaje o una llamada para poner orden en sus filas. Quizá la malacostumbraron los empresarios que siempre la adulaban en los cócteles diciéndole que había heredado la mirada de su padre o todos esos periodistas que se tendían como tapetes cuando ella fungía de estadista. Y es que fueron demasiadas portadas optimistas durante las dos primeras semanas de gobierno y demasiados analistas y reportajes proyectándola como la próxima ‘Dama de hierro’.

Pero nada de ello está ocurriendo.

Los ciudadanos de a pie opinan que, de todas maneras, no esperaban mucho, que en el fondo todos son iguales, que nada va a cambiar y que solo la eligieron para salvarse del “comunismo” del sombrero.

Es cierto que aún es corto el tiempo para tener una idea clara del rumbo del gobierno de Keiko. El problema es que la presidenta prometió cambios tangibles desde los primeros días. Además, estaba claro que su partido ya tenía demasiada experiencia haciendo y deshaciendo en el país desde el Legislativo. El asunto es que siempre es más fácil destruir que construir.

Keiko nunca estuvo a la altura de las circunstancias. Ser oposición no significa ser una alternativa real. Y Keiko solo fue una espada de Damocles sobre la cabeza de varios gobiernos. Pero ahora que los peruanos ya empiezan a exigir los resultados de la tan prometida ‘mano dura’, solo se topan con ministros que reproducen las mismas taras de los gobiernos anteriores.

Somos testigos de la improvisación de siempre, de las zancadillas hostiles, del mutis de los funcionarios, de los exabruptos oficialistas, del copamiento de instituciones públicas por familiares e ineptos cercanos al partido de gobierno. Eso que tanto critica la derecha, pero que hace cuando llega al poder.

Los medios no han podido sostener la imagen de la presidenta más allá de tres semanas. En parte porque tienen que vender noticias, en parte porque sería perder audiencia innecesariamente. Eso sí, cualquier crítica al gobierno fujimorista va acompañada de una reflexión mesurada y el respectivo golpe a la oposición. La idea que los medios quieren establecer por ahora es que el gobierno puede cometer errores y demorar en cumplir sus promesas, pero que la oposición es siempre peor por su malicia ideológica y obstruccionista.

Keiko asumió el papel de primera dama muy joven, cuando su padre cogobernaba el país con Vladimiro Montesinos en un ambiente de permanente confrontación sociopolítica.

Eso ha cambiado: ahora es solo ella frente a sus ministros y las cámaras. Qué aburrida y desamparada debe sentirse. En lugar de vladimiros que la guíen, solo hay asesores internacionales al paso.

Pero quizá ese sea el verdadero fin del fujimorismo. Dejar que se desprestigie solo. Que esta telenovela mediocre se repita a diario, hasta el cansancio. Que los niveles de aprobación desciendan lentamente, que las frases desafortunadas de los ministros erosionen la confianza popular, que la represión policial genere reacciones, que la economía no cubra los forados ocasionados por el anterior Congreso, que los destapes dominicales se acumulen, que las derechas internacionales empiecen a caer en dominó. En fin, que el fujimorismo se asfixie en su mismo teatro y se queme como opción política para el 2031.

11-09-2026

Fuente: Hildebrandt en sus trece, Ed 797 año 17, del 11/09/2026

https://www.hildebrandtensustrece.com/

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