Chistes de pobres
Juan Manuel Robles
«Si fuera cierto, la calle estaría llena de cadáveres —dijo ante la carcajada general de los asistentes»
La nueva derecha gana poder en todo el mundo utilizando, entre otras cosas, el enorme privilegio de poder hablar sin filtros, con cinismo y crueldad. Está claro que a su audiencia eso le gusta. Sus líderes no solo lanzan toneladas de mentiras sino que cultivan la insensibilidad social y los chistes de pobres. Sin despeinarse, van sembrando la idea de que ese encallecimiento es señal de eficiencia técnica, un valor, una muestra de excelencia ejecutiva, la única forma seria de gestión nacional. Es la manera no llorona de actuar, enalteciendo un presunto ideal de competencia libre, sin subsidios, donde viven dignamente solo los que aprovechan las oportunidades, los que trabajan como mulas y entienden cómo es la cosa.
Me quedó más claro que nunca esta semana, cuando vi al presidente argentino Javier Milei, en su visita a España, negando con vehemencia el hecho de que la gente en su país “no llega a fin de mes” (algo sustentado por diversas encuestas de opinión).
—Si fuera cierto, la calle estaría llena de cadáveres —dijo ante la carcajada general de los asistentes en alguno de esos foros fascistas que ya son una costumbre en el tour español de esta gente (eventos de la Atlas Network, de la que también forma parte la Fundación Vargas Llosa).
Qué privilegio tiene esta derecha nueva para hablar pavadas y que el mundo tenga que publicárselas. Esa soltura para reírse del drama es una forma de impunidad perenne, que aprovechan al máximo. Así como tendemos a tolerar los dislates de quienes tienen una condición mental, estos señores han conseguido, no se sabe bien a cuenta de qué, que las instituciones y la prensa les aguanten sus tonterías siendo comprensivos, abiertos a su “singularidad”. Pero ojo: no están enfermos, nada que ver, sus dichos son actos deliberados de abuso de poder y una forma de violencia.
Y por supuesto, da rabia pero también risa. Da una risa de medio lado, cansada, amarga, pensar en el razonamiento de Milei. Veamos: como es día 30 y tú sigues aquí, caminando, eso quiere decir que, en efecto, llegaste a fin de mes, no moriste, tu lamento es infundado y eres un mentiroso, zurdo sin cerebro. Tu cuerpo es la prueba que desmiente tu eslogan sensiblero.
¿Cómo es que sigues vivo? Pues en el Perú tenemos más experiencia en esto de llegar a fin de mes sin llegar, sobrevivir sin vivir, ser derrotados y a la vez prevalecer. ¿Cómo hace un hombre para seguir si para el 20 ya se gastó todo? Varias cosas. Se endeuda, pide fiado, va a la casa del primo, evita el menú y come porquerías de bajo precio en Tambo, multiplica por ocho la bolsa de té, no desayuna y sale a trabajar a las seis de la mañana, ve solo televisión de señal abierta donde le ofrecen créditos baratos de hasta siete veces su sueldo. Dobletea en la chamba, acepta turnos extra, acepta todo porque hay rumores de recorte de personal, se llena de estrés laboral, y a eso se suma el estrés por el casero que pide la renta, decide no tomar desayuno por tercer, cuarto día consecutivo; por fuera todo bien pero sus defensas están bajas por falta de alimento y así sube a la combi que —no lo sabe— tiene en el aire la bacteria de la tuberculosis. Por la tarde, con hambre, roba un par de karamanducas en Metro. Decide no pagar la CMR que se había resistido a sacar a pesar de las decenas de anuncios de televisión (hasta que se rindió). Calcula al vuelo los intereses y el estrés le hinca el pecho. Duerme mal. Despierta y será el quinto día sin desayuno. Ya se nivelará.
Por supuesto que sobrevivimos, en el Perú como en Argentina, pero ese no es el problema. Hacerse el que no entiende una expresión simple —una expresión que el mismo Milei usó antes— para poner énfasis en que esos quejones “no se han muerto” es una manera de acercarse a discursos que romantizan la supervivencia en la precariedad, esos casos —historias de vida— que sirven para aleccionar a los pobres (si él pudo, tú puedes, y si no puedes es porque no hiciste lo suficiente). Cómo les gustan esas semblanzas de gente que no tiene nada y aun así no pierde la calma, sigue adelante, casos como el de esa pareja esforzada que, cuando menos lo espera, tiene un niño que nace con una mente excepcional, u otro que le pega maravillosamente a la pelota. Mírenlos. Ellos no dijeron “no llego a fin de mes”. Se tragaron sus palabras y se tragaron su hambre. Ahora cosechan.
Hay que prestar atención a la insensibilidad tóxica de Milei porque algo así se viene con Keiko Fujimori, que se va uniendo al club de los gobernantes indeseables. A decir de sus últimas declaraciones sobre El Niño que asoma, la mandataria va por el camino de la trivialización de la tragedia y frases que parecen chistes. Cuando Keiko habla de encomendarse a los santos (“que Dios y la Virgen y el Señor de los Milagros nos protejan”) está empezando esa operación de “juego”. Ya hasta se asoma una sonrisita (vean bien). Lo que está haciendo es sacarse de encima su responsabilidad como máxima autoridad aludiendo a un retorcido sentido de la repartición divina de desgracias y fortunas, una tómbola que, por supuesto, ella mira de lejos.
Qué curioso me resulta ahora recordar uno de los montajes propagandísticos más célebres de Alberto Fujimori, él caminando con el agua hasta las rodillas, después del desborde de un río por El Niño de 1998. Era una farsa y fue denunciada como tal por la prensa independiente de entonces, pero nótese que la derecha de antes fingía que venía a rescatarte, que usaba las máquinas potentes del capitalismo en boga para al menos hacer la finta. Se sentía en la necesidad de aparentar que cumplía su rol (sin eso, el control de las masas podía relajarse).
La derecha nueva resuelve las cosas con descaro y haciendo sus chistes que no dan risa. Si mueres por un desborde, no estarás allí para contarlo, será tu culpa porque “no te moviste”, por informal, por no encontrar una solución que otros pobres sí encontraron. Si no mueres, serás la historia que confirmará eso que tanto les repetimos, eso que nos engrandece y nos llena de orgullo patrio: que con ayuda de Dios el peruano resiste y lo puede todo. Dicho esto, la mandataria pedirá permiso y se irá a hacer sus payasadas, como sus amigos del club.
23-10-2026
Fuente: Hildebrandt en sus trece, Ed 803 año 17, del 23/10/2026
