Antifujimorismo: El voto por persistir
Luis Hallazi
Esta no es una justificación del voto, no se puede justificar asesinatos, tampoco es un llamado al voto, es simplemente un acto de consciencia.
Muchos hemos transcurrido más de la mitad o toda nuestra vida bajo la sombra fujimorista, eso sin duda que ha tergiversado el comportamiento social que tenemos las y los peruanos, sin que eso signifique que aún muchos, muchísimos seguimos resistiendo a esa especie de enfermedad necrosante que ha sido y es el fujimorismo.
Pero a que nos referimos cuando adjetivamos “sombra fujimorista”, “enfermedad necrosante”, podríamos referirnos a la retahíla de actos corruptos de la década de la dictadura de A. Fujimori y su consecuente destrucción institucional (urgente de estudio y reflexión en los colegios), pero no hay que irse tan lejos, el Perú de hoy, como estructura estatal, ha sido atacado por su propio fuero que dice representar a la ciudadanía: el Congreso, y lo ha dejado casi en escombros.
Un Tribunal Constitucional (TC) cuyos magistrados buscan copar cargos no con profesionales, sino con sirvientes y que ha sido útil para la impunidad del fujimorismo; una Junta Nacional de Justicia (JNJ) que castiga a jueces y fiscales cuyas resoluciones expresan la independencia judicial e investigan al fujimorismo; un fiscal de la nación que forma parte del crimen organizado pero que perseguirá a esa misma criminalidad y un defensor del pueblo que cada vez que puede, ofende los derechos humanos como siempre lo hizo el fujimorismo. Toda esta suerte de contradicción del bienestar común, razón de ser del Estado, es obra y gracia de Fuerza Popular, liderada por Keiko Fujimori.
Pero no solo el ataque y captura ha ido contra esas instituciones, hay que ver lo que está pasando por dentro de otros organismos, los impactos a toda la estructura institucional es profunda, estoy seguro que se harán muchas investigaciones sobre la debacle y podríamos seguir haciendo el recuento y al conclusión sería que es peligrosísimo para el aparato estatal dar el voto a Keiko, que ya no solo sería apostar por la continuidad de lo que atestiguamos, sino el fin de una etapa e inicio de otra: la de un autoritarismo en toda regla, genuinamente un salto al vacío.
Lo peor de todo es que la ciudadanía en su mayoría se encuentra en una de las más grandes crisis de desconfianza, decepcionado y frustrado de todo lo que ha sido y es el Estado, prueba de ello es la corriente del voto nulo y viciado (otro empujón al vacío) que no es otra cosa que desconfianza ante el Estado, es cierto hay rabia, pero la única salida para eso es organizarse y no hacer las cosas más sencillas para el fujimorismo.
Ante ese panorama no se nos puede pasar por la cabeza comparar a Juntos por el Perú con el fujimorismo para emitir nuestro voto, eso no solo es un error político sino probablemente un error ético, consecuencia de un entorno viciado por el fujimorismo. Roberto Sánchez en su rápido ascenso podrá tener diversos cuestionamientos, pero ni remotamente podrá acercarse a la impunidad que ha sostenido Keiko Fujimori ante los asesinatos de 50 peruanos en el gobierno de Dina Boluarte, su gobierno; solo para mencionar el lado más escabroso de lo que nos ha ofrecido el fujimorismo antes de ayer.
Es cierto que hay que hacer un ejercicio para entender el voto fujimorista, un tercio de ese 17% probablemente responda a un beneficio directo que genera la forma de hacer política o anti política del fujimorismo, el resto un recuerdo viciado de lo que fue la dictadura fujimorista cargado de un anti-progresismo propio de los tiempos actuales. Por otro lado, este nuevo 20% para la segunda vuelta, responde a un ecosistema de desinformación basada en el miedo que solo es posible por la influencia del poder fáctico, acompañada de esa decepción generalizada. Sin duda que es más complejo que eso, pero sin el poder fáctico que ejerce presión día a día los resultados quizás serian diferentes.
Finalmente, no nos olvidemos que esta decepción es sobre la estructura estatal que el fujimorismo se está encargado de corroerla, existe un Perú más allá de esa estructura estatal; son los pueblos, que son muchos, y que nunca han dejado de construir y delinear alternativas ante el caos Estatal y los órdenes opresores; ese es el reto que se renueva cada cinco años en elecciones, la posibilidad de construir interculturalmente y los que estamos al rededor del Estado no podemos dejar de auto organizarnos y votar por esa posibilidad.
