Perú: Derecha radical lumpen

Rodolfo Sánchez Aizcorbe

«‘La izquierda no debe volver a gobernar’; y para impedirlo, de ser necesario, es legítimo alegar falsamente fraude»

Fernando Cerimedo es la cara visible de la derecha bruta y achorada internacional. La revista liberal “The Economist” lo consideró meses atrás “el hombre de MAGA (Make America Great Again), es decir, del trumpismo imperialista, en estas tierras al sur de Estados Unidos. Pero es más que eso. Representa también a una derecha lumpen.

Cerimedo pertenece a una derecha radical para la cual todo vale con tal de que sus candidatos ganen. Por ejemplo, Cerimedo secundó en Brasil las falsas denuncias de fraude del expresidente Bolsonaro, quien pretendía ilegalmente aferrarse al poder. Bolsonaro incluso dio un golpe de Estado fallido y actualmente purga prisión por ello.

Cerimedo es parte de una derecha extrema, junto con otros personajes (como el español Javier Negre –su socio en el medio “Derecha Diario”–, o el argentino Agustín Laje), que se presentan como libertarios (una forma de ultraliberalismo), y como defensores de la democracia y la libertad frente al “comunismo”, el socialismo y las dictaduras de izquierda.

Sin embargo, su discurso es fácil de desenmascarar. Debajo de ese barniz supuestamente libertario y democrático, se revela un talante autoritario, e incluso potencialmente totalitario. Veamos algunas expresiones de estos personajes, que nos permiten percatarnos con claridad en qué consiste su proyecto político real.

En un discurso meses atrás en Mar-a-Lago (el club de Trump), Cerimedo (que allí fue condecorado) dijo que el objetivo en Latinoamérica consistía en impedir que la izquierda volviera a gobernar. Por su parte, Negre, tras enterarse del asesinato del activista de derecha Charlie Kirk, dijo que “la izquierda debe ser declarada como organización terrorista”.

En cuanto a Laje, en un tweet de junio del año pasado, escribió lo siguiente: “¿Por qué seguimos fingiendo que es posible convivir con los zurdos? No es posible: ellos odian la vida, la libertad y la propiedad. Ellos son destrucción, caos y empobrecimiento. No son conciudadanos: son enemigos. Es hora de asumirlo”.

Estos mismos personajes suelen decir que es necesario dar la “batalla cultural” contra la izquierda. Es decir, que hay que enfrentar a la hegemonía cultural que supuestamente tiene la izquierda en el mundo, mediante una contrahegemonía liberal o libertaria que la sustituya. Utilizan así el concepto de hegemonía del marxista italiano Antonio Gramsci.

Es curioso que quienes dicen combatir el comunismo (del que solo quedan en realidad pequeñas sectas y no el monstruo omnipresente con el que fantasean las derechas radicales) utilicen conceptos precisamente de un comunista. Pero este mismo hecho es en sí revelador de la mentalidad de los Cerimedo, Negre o Laje.

Para Gramsci, el proletariado debía conseguir la hegemonía en la cultura y en la sociedad civil para convertirse en clase dirigente, y luego, mediante el poder político, transformar la sociedad rumbo al comunismo. Como buen comunista, Gramsci no creía en la alternancia en el poder característica de las democracias liberales. Creía en la lucha de clases.

Sorprendentemente, esta derecha radical, que dice a voz en cuello combatir el comunismo en nombre de la libertad y la democracia, no solo utiliza conceptos gramscianos sino que tiene en común el horizonte utópico, si bien en este caso la meta no es el comunismo sino una sociedad libertaria-capitalista con un Estado reducido a su mínima expresión.

A semejanza del marxismo-leninismo, Cerimedo, Negre y Laje no creen en la alternancia del poder (“la izquierda no debe volver a gobernar”; y para impedirlo, de ser necesario, es legítimo alegar falsamente fraude). No creen tampoco en el pluralismo (“la izquierda”, así en general, es “terrorista” y los izquierdistas son “enemigos” y “no conciudadanos”).

En suma, del auténtico liberalismo no queda nada en estos supuestos libertarios. El liberalismo siempre ha apostado por la tolerancia, la convivencia, el consenso y la resolución de las posiciones divergentes por medio de cesiones y acomodaciones mutuas. Por el contrario, el espíritu de cruzada y el dogmatismo de estos “libertarios” no está lejos del estalinismo.

11-09-2026

Fuente: Hildebrandt en sus trece, Ed 797 año 17, del 11/09/2026

https://www.hildebrandtensustrece.com/

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