Go PPK, Go?

Juan Carlos Tafur

Personalmente, no creemos que el alza de Pedro Pablo Kuczynski se sostenga. Sin embargo, su presencia sí es un factor que favorece la eventual concreción de una segunda vuelta entre Keiko Fujimori y Ollanta Humala, escenario a todas luces preocupante.

Los pasivos de PPK podían pasar desapercibidos o ser soslayados mientras era parte del grupo “otros”, pero cuando amenaza con trastocar el escenario construyendo el menos deseado para el futuro de la democracia y las libertades económicas, es preciso aclarar su real solvencia política.

Por lo pronto, no carece de importancia política que alguien que siendo peruano de nacimiento se ha convertido en ciudadano norteamericano, que ha jurado lealtad a otra bandera y ha abdicado de lealtad a la suya propia, pretenda dirigir los destinos nacionales. Más aún, cuando se la ha pasado casi dos semanas diciendo que ya había presentado su carta de renuncia a dicha ciudadanía y al final él mismo señala que recién sus abogados están estudiando el tema.

Saber que, además, es ideológicamente afín al partido Republicano –es parte de la lista de donantes de Bush padre e hijo-, no hace sino confirmarnos que la suya no es la propuesta liberal que algunos de sus asesores han preparado, seguramente con honestidad.

En otras palabras, estamos ante la continuidad monda y lironda del modelo alanista de ceder el poder político a los grupos de poder económico. Será la segunda fase del gobierno más conservador de los últimos cincuenta años en el Perú. La derecha tradicional en versión cosmopolita y “global”.

El político chileno Andrés Allamand sostenía que el éxito de la reforma liberal en su país había pasado por la decisión de su clase política de alejarse de los poderes fácticos. PPK va en sentido contrario.

No es ni siquiera un acto de inmoralidad la que contiene su opción pro empresarial. Para PPK, conceder privilegios o concesiones a multinacionales o grupos económicos es normal, bueno, legal (por más que no lo sea). Su psicología está más cerca de la del típico cabildero de Washington que de la de un estadista con visión nacional.

Todos los candidatos tienen activos y pasivos. Es difícil, si no imposible, que alguno de ellos despierte nuestra pasión. Pero así como teníamos en claro que una opción como la de Castañeda Lossio clamaba al cielo por su insolvencia, en el caso de PPK pensamos que está muy lejos de representar un “gran cambio”. Lo único diferente sería, quizás, la referida nacionalidad. Si con Alan tuvimos a Manuel Odría sentado en Palacio, con PPK tendríamos a Donald Rumsfeld.

http://diario16.com.pe/columnista/1/juan-carlos-tafur/534/go-ppk-go

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