Lo irreparable es la corrupción
Jorge Bruce
Una crecida estacional del río Rímac derriba un muro temporal del canal provisional del proyecto Vía Parque Rímac. Eso es reparable y no afecta los plazos ni los costos de la obra. La empresa contratada por el alcalde Castañeda asumirá los gastos correspondientes. Una intervención policial mal planificada en La Parada puede ser y fue reparada con otra impecable. Se pueden reparar errores políticos como los de no haber tejido alianzas adecuadas para la supervivencia del gobierno municipal, en un contexto en el que la ley favorece a los tramposos. Y los tramposos, como el escorpión de la fábula de Esopo, deben obedecer el mandato de su naturaleza.
Ninguna de las críticas que le llueven a la Municipalidad de Lima de parte de los promotores de la revocatoria es imposible de subsanar. Si un funcionario se revela ineficiente para ese cargo o incluso corrupto, se le cambia o destituye. Si una negociación no es exitosa, se persiste hasta lograrlo. El punto central de esta argumentación es muy sencillo: los errores se pueden corregir. Lo que se requiere es capacidad de reconocerlos y humildad para enmendarlos.
Lo irreparable es la corrupción sistémica. Quienes están detrás de la revocatoria inicial son los mismos del caso Comunicore. Por eso a nadie le sorprenden las firmas ni los financistas falsos. Lo extraño sería lo contrario: es su modus operandi y no tendría por qué cambiar. El escorpión. Porque eso es lo que está en marcha en Lima. Un aprovechamiento de una ley mal concebida para que la gran corrupción retorne a la alcaldía. Un funcionario de la actual administración me contaba lo anonadados que se habían quedado al ingresar a la municipalidad: la cantidad de licencias arregladas mediante coimas era tal que resultaba imposible lidiar con esa infección, pues eso impediría realizar la gestión para la cual habían sido elegidos. Aun así, algo de eso ocurrió. La alcaldesa perdió un valioso tiempo, que debió servir no solo para emprender obras sino para difundir las mismas, en enfrentar a esa legión de coimeros que reclamaban lo suyo y proponían nuevos tratos. Pero ahora están en marcha reformas esenciales, como la del transporte, que gobiernos anteriores eludieron por miedo y desinterés.
Los dos partidos más organizados del Perú, el Apra y el fujimorismo, están detrás de esta revocatoria. Estos mismos partidos protagonizaron, tal como lo revela el fallecido Alfonso Quiroz en su gran libro sobre la corrupción, los dos gobiernos más corruptos de nuestra historia. Es obvio que esta batalla por la revocatoria ha excedido el ámbito municipal, y que el afán estratégico de controlar el poder económico y político impulsa este intento de recuperar el botín municipal.
El problema es que las motivaciones de la corrupción son imperiosas, a diferencia de quienes aspiramos a un gobierno municipal honesto y transparente. Los beneficios de los primeros son inmediatos y la falta de escrúpulos los favorece. Máxime cuando una parte considerable de la población se ha adaptado hace mucho a convivir con personajes tan turbios.
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