¿Qué esperábamos y qué esperamos de la COP 20?

Carlos Monge

El Perú es anfitrión de la COP 20, el evento anual mundial sobre el estado del cambio climático y la lucha contra el calentamiento global. Miles de representantes de gobiernos y de organismos multilaterales, líderes empresariales y activistas de sociedad civil de todo el mundo, ya están llegando a Lima para participar oficialmente, para hacer lobby en los pasillos, o para presionar desde la calle y los medios de comunicación.

El Perú –como anfitrión de la COP 20- debería haber dado ejemplo de cómo se fortalecen las instituciones ambientales y como se asumen políticas firmes para mitigar nuestras emisiones de gases de efecto invernadero, para ayudar a los miles de afectados a adaptarse a las consecuencias del calentamiento global, y para proteger nuestros sumideros de carbono y nuestras fuentes de agua.

Lamentablemente, lo que tenemos para enseñar al mundo son cuatro paquetes de medidas que debilitan la institucionalidad ambiental para favorecer las inversiones privadas, una Estrategia Nacional ante el Cambio Climático que no tiene políticas ni metas vinculantes, un Plan Nacional de Diversificación Productiva que considera que las regulaciones ambientales son un sobrecosto que hay que eliminar, y normas y prácticas de criminalización de la protesta social cada vez más duras.

El Perú también debería haber liderado un reclamo de que los países más contaminadores de ayer y de hoy y que las corporaciones que lucran con la actual situación, acepten de una vez por todas la necesidad de acuerdos globales vinculantes para parar ya la emisión de gases de efecto invernadero.

Pero parece ser que el Gobierno del Perú lo que busca es más bien facilitar acuerdos a los que los países del norte y los emergentes y las corporaciones quieran llegar: metas vagas, acuerdos no vinculantes e impulso solamente a aquellas acciones de mitigación, compensación o adaptación que se puedan convertir en negocios corporativos en el mercado.

Y todo esto, por supuesto, en el marco de la continuidad de un modelo primario exportador sustentado en la extracción de recursos naturales (minerales, petróleo, gas) con grave riesgo para las fuentes de agua (páramos Andinos y cabeceras de cuenca) y para nuestro gran sumidero de carbono (la Amazonía).

Todo indica que el resultado de la COP 20 no será el que se necesita para que la COP 21 (Francia 2016) reemplace al fracasado Protocolo de Kyoto con acuerdos globales vinculantes que realmente logren parar el calentamiento global.

Aunque hay una esperanza: que la calle hable fuerte y claro, que decenas de miles marchen y griten y exijan. Solo así puede ser que esta COP 20 valga la pena.

http://diariouno.pe/columna/que-esperabamos-y-que-esperamos-de-la-cop-20/

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