Después del Referéndum

Humberto Campodónico

Es casi un hecho que el referéndum será favorable al gobierno. Ese virtual triunfo cerrará otro momento de la crisis política y abrirá otro, de difícil predicción, que los actores políticos, económicos y sociales tendrán que tomar en cuenta.

¿Cuánto avanzaremos con el referéndum (1)? Algunos dirán que muy poco, otros que mucho. Algunos quieren la bicameralidad y otros que se permita la reelección de parlamentarios. Lo indudable es que estamos frente a un voto político que canaliza el descontento popular hacia la actual representación parlamentaria.

Hay temas clave que no están. Para muestra un botón: la absurda valla de recolectar 4% del padrón electoral (750,000 firmas válidas), producto de la voluntad del fujiaprismo de que no haya nuevos partidos políticos. En la ley chilena, el porcentaje es de solo el 0.25%, lo que aquí equivaldría a 45,000 firmas.

El referéndum no es la panacea. Obvio. Pero sí abona el camino para continuar en una lucha frontal contra la corrupción, que puede aún ser más aguda por el acuerdo de colaboración eficaz con Odebrecht.

¿Llegarán megatones? Quién sabe. Pero sí sabemos que es crucial defender la autonomía de los fiscales y los jueces.

También se realinean los reformistas neoliberales: “como el electorado votó por dicho programa en el 2016 (Keiko y PPK), ahora hay que recuperar el tiempo perdido y completar las reformas”. Si el gobierno los sigue escuchando, le va a ir mal.

La bala de plata neoliberal sería acabar con la “rigidez” de la reforma laboral, para que se permita el despido arbitrario, se reduzca la indemnización por ese motivo y que no se permita la reposición del despedido.

El tema se ha discutido hasta el cansancio. Pero nada. La discusión se torna ideológica: “es mi empresa y yo decido quién trabaja allí”. Pero eludir el debate técnico no lleva a ningún lado.

Un tema clave va a ser la reforma tributaria pues los ingresos están en un nivel de escándalo que no permite atender las necesidades del presupuesto. Una consiste en aplicar la Norma antielusión, promulgada en el 2012 pero postergada hasta setiembre pasado cuando, por fin, se promulgó el DL 1422, que permite recaudar varias decenas de miles de millones de soles anuales.

Este DL establece, entre otras medidas, la responsabilidad solidaria de los gerentes en casos de elusión tributaria, como existe en EEUU con la Ley Sarbanes-Oxley que nació en el 2002 para combatir las estafas de Enron. Hoy la promueve la OCDE y ya la han aprobado varios países vecinos. Pero la Confiep se opone. Lo preocupante es que el Ministro de Economía, Carlos Oliva, que impulsó el DL, ahora también se opone. ¿Han escuchado?

Tanto o más importante es reducir las exoneraciones tributarias y las devoluciones del IGV, que también son varios miles de millones de soles. Hace años que se anuncia que “ya salen”. Pero no salen. Tampoco “sale” la ley que permite el control previo de las adquisiciones y fusiones, para evitar los oligopolios que golpean al consumidor.

Entonces, ¿qué camino va a tomar el gobierno? ¿Se va a alinear con las propuestas económicas del neoliberalismo? Hasta ahora es claro que ha habido continuismo económico. Pero se le podría dar el beneficio de la duda, dado su origen y por lo que ha hecho. Pero las lunas de miel siempre se acaban.

Es claro que no estamos ante un gobierno “fuerte”, desde el punto de vista de partido político y representación parlamentaria. Ergo, no puede hacer todo lo que desee (y menos aún, lo que otros desean que haga por ellos).

Dentro de lo que sí puede hacer está, por ejemplo, reactivar la economía, aumentando la inversión pública para no tener que pagar una gran factura social (sobre todo en el norte). Puede también masificar el gas, relanzando el gasoducto sur peruano. Impulsar una planta de fertilizantes en Bayóvar y que funcione la red nacional dorsal de fibra óptica, hoy casi paralizada, para que atienda a las pequeñas y medianas empresas en todo el país. Y así.

El gobierno ha estado del lado de la gente en la lucha contra la corrupción y por la reforma política (parte de ella). Después del referéndum habrá otras prioridades y fuertes tensiones políticas, económicas y sobre todo sociales. Para seguir adelante, el gobierno debe abandonar el continuismo económico (además, la situación internacional no va a ayudar). No hay compartimentos estancos en política y los vasos comunicantes existen. Su mejor opción es tener eso en cuenta. Pero no la va a tener nada fácil.

(1). El actual referéndum reforma la constitución de 1993, tema tabú hasta hace poco. La pregunta #1 reforma tres artículos. Las preguntas #2 y #3 reforman un artículo cada una, mientras que la #4 reforma 59 artículos (El Peruano, 10/10/2018).

https://larepublica.pe/politica/1369927-despues-referendum

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