Perú: Después del discurso, todos tienen que largarse

César Hildebrandt

Empezó el señor presidente hablando como la víctima de una conspiración.

Y es verdad: hay un complot para sacarlo del cargo. El problema es que las razones que se esgrimen para la vacancia se basan en sospechas legítimas.

Nadie le dijo al señor Castillo que se juntara con un asaltante de pizzerías como Zamir Villaverde. Nadie lo obligó a tener a su lado a Bruno Pacheco. Nadie le puso a Juan Silva en el camino. Nadie empujó a sus sobrinos a husmear en la inmundicia.

De eso no habló el señor presidente. Sí habló de los poderes fácticos y de la oligarquía y en eso también fue veraz: hay un país oscuro que el dinero gobierna a la mala y hay una plutocracia despatriada que bancó a Fujimori y su pandilla para sostener y ampliar constitucionalmente sus privilegios.

El problema es que Castillo le ha dado a esos poderes fácticos y a esa oligarquía vitalicia las armas que necesitaban, la soga con que piensan ahorcarlo, los expedientes con que terminarán de empapelarlo.

La derecha y sus fuerzas complotaron contra Salvador Allende desde antes de que asumiera el cargo. Pero Allende era un hombre decente y digno y ni siquiera “El Mercurio”, financiado por la CIA, pudo insinuar que el presidente de Chile era corrupto. Por eso tuvieron que sacarlo con tanques, misiles, gentuza en traje de combate. Por todo eso es que Allende es un héroe latinoamericano y no un pobre diablo pesetero.

Habló Castillo de “los insultos y burlas” de los que es víctima. Lo que no dijo es que ha creado el blanco perfecto para que la derecha se ensañe y la prensa disfrute con sus metidas de pata. Se puede ser ignorante y discreto a la vez, pero Castillo exhibe su incultura como si se tratase de una virtud. Como si ser chotano, campesino y maestro rural incompetente lo dotasen de un estatuto especial.

Habló también de “la justicia mediática” y sus excesos. ¿Qué esperaba? ¿Que “El Comercio”, donde José Graña campeaba hasta hace poco, lo tratara con delicadeza? ¿Esperaba que la televisión basura que inventa criptógrafos a mil dólares la hora lo mirase con ecuanimidad? ¿Esperaba que los periodistas al servicio de la CONFIEP fueran indulgentes? ¿Tan estúpido o tan ingenuo se puede ser en esta tierra de ferocidades?

Lo cierto es que sin detritus no habría cosecha derechista, sin carne podrida no habría buitres, sin Sarratea no habría habido Karelim López. Y todo eso ha sido responsabilidad de Pedro Castillo. Que tus enemigos sean villanos no te da derecho a hacerte la víctima cuando has metido las manos en guano (y no precisamente de las islas).

“Se van a cansar y no van a encontrar pruebas”, dijo el presidente. Que el discurso de un jefe de Estado contenga esa frase en el día de la patria da una idea de la crisis en la que nos ahogamos.

¿No van a encontrar pruebas porque para recibir los dineros estaban los edecanes, la cuñada, la esposa, los sobrinos, Villaverde, Silva, Pacheco, los que aparezcan estos días? ¿No van a encontrar su rastro personal porque usted, señor presidente, tercerizaba el cutreo? No se confíe tanto.

Después de un preámbulo a la defensiva, Castillo habló de un país paralelo donde sí dan ganas de vivir. En nada se parecía esa prosperidad imaginaria a la Ciudad Gótica que somos.

Dijo, por ejemplo, que el empleo formal había crecido en 352,000 puestos de trabajo, pero omitió mencionar las cientos de miles de pequeñas empresas quebradas en los últimos dos años.

Habló de destrabar grandes proyectos como Chavimochic, pero no dijo nada sobre Las Bambas, donde el conflicto con las comunidades, alentado perversamente por el gobierno, amenaza reactivarse el 1 de agosto.

Dijo que los bonos para los adultos mayores subirían, que los alimentos del programa Qali Warma se duplicarían y que la pensión universal se haría realidad, pero no dijo, por supuesto, de dónde saldrían esos fondos. Imagino que el ministro de Economía debe estar muy preocupado y que Julio Velarde hasta podría bajar de peso por esas noches en vela que le esperan.

Volvió a lanzar frases vacuas sobre la segunda reforma agraria y prometió que los fertilizantes “van a llegar a tiempo en agosto”, cuando todos los expertos apuntan a que llegarán cuando la campaña de siembra se haya iniciado.

El papel aguanta todo. Pero el país no aguanta más a este presidente que cree que está en una asamblea de huelguistas a los que puede decirles que todo marcha bien, que obtendrán el pliego de reclamos completito, que si no hay solución la lucha continúa.

Este es un gobierno que no puede entregar pasaportes, que no puede atender, como es debido, el turismo en Machu Picchu, que no puede comprar a tiempo los medicamentos oncológicos del sistema público de salud, que ha permitido la sobrepesca de un millón de toneladas de anchoveta juvenil o que tolera que mineros ecuatorianos sigan extrayendo oro del Cenepa.

Este no es, como Castillo pretendió decir, “el gobierno del pueblo”. El pueblo no se merecía a Castillo. Tampoco, desde luego, se merece al hampa fujimorista, al museo de cera de Renovación Popular, al estilo pop-caverna de Avanza País, a los compadres tatuados de Pepe Luna.

El final de la actuación fue todo un homenaje a la decadencia de nuestra política: un presidente en agonías que apenas pudo despedirse y una oposición de llonja y chaveta que hace recordar los tiempos en que un shogún con chullo, asesino y ladrón, hacía de vientre sobre leyes y gentes. Todos tienen que largarse. Todos dan asco.

Fuente: HILDEBRANDT EN SUS TRECE N°597, del 29/07/2022    p6

https://www.hildebrandtensustrece.com/suscripcion/tarifa

https://www.facebook.com/semanariohildebrandtensustrece

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

*