Perú: Augusto, el terruquero

Juan Manuel Robles

Ninguna decadencia tan penosa en el periodismo local como la de Augusto Álvarez Rodrich, quien alguna vez fue representante del progresismo lúcido, del neoliberalismo con humanidad y cultura, la tolerancia a las ideas y el rechazo al abuso militar. El antes defensor de los derechos humanos, el afanoso cómplice de una izquierda moderna, el liberal con ínfulas de liberado, se ha convertido en un señor de ideas fijas que repite el discurso rancio que estigmatiza las protestas sociales. Un señorón con fobias predecibles. En una de sus últimas columnas, el periodista cayó en el terruqueo más bajo: “No sorprenden las versiones cada vez más sólidas del papel de Sendero Luminoso en la protesta prevista para el 19 de julio”, escribió —luego se ratificó en un video—, en lo que varios han definido, con razón, como una forma de “terruqueo preventivo” antes de las marchas contra Dina Boluarte.

Que un periodista de Willax terruquee es señal de su imbecilidad perenne: nada le importa más que meter chacota y gracias a los nuevos tiempos ha cumplido feliz el sueño de salir del clóset facho, lo que le permite el éxtasis de hablar “sin filtro” (este fenómeno existe en todo el mundo y siempre incluye fakenews lanzadas con total descaro). Pero que un periodista con la experiencia y el acceso a la información que tiene Álvarez Rodrich vaya por ese camino —el de la estigmatización facilona— es señal de cosas más grandes y graves, un síntoma de que algo se pudrió.

Cualquier periodista con algo de profesionalismo —digamos, uno que ostente un alto cargo directivo en el Instituto Prensa y Sociedad— tendría que saber que decir que “Sendero Luminoso estará en las protestas” es esencialmente desinformador. Mentar a Sendero Luminoso confunde. Porque la gente cree que hablamos de la organización criminal que cometía atentados terroristas y ejecuciones el siglo pasado, liderada por Abimael Guzmán. Y la realidad es que, cuando se menciona a Sendero, se están refiriendo al Movadef y grupos afines (brazos políticos que no han cometido nunca acciones armadas y lo que buscan son amnistías y participación política), o al Sendero Luminoso del que habla Álvarez Rodrich: un grupo armado de actividad focalizada en el VRAEM que dejó de hacer hace tiempo lo que hacía su antepasado fundador. Brazo armado del narcotráfico contra los militares, a diferencia del Sendero original casi no comete atentados contra civiles ni usa las ejecuciones de autoridades como arma de lucha política. Y lo más importante, de ninguna manera constituye una amenaza nacional que podría tomar el poder. Si una integrante del grupo hace un llamado nacional, eso importa poco: todas las manifestaciones tienen indeseables que se suman y eso no invalida la protesta (cuando marchábamos contra Fujimori se colaban defensores del corrupto Alan García). Además, plegarse a una gran causa nacional no va a hacer que el actual “Sendero” se convierta en el viejo Sendero, que tuvo en vilo al país. No tiene lógica pensarlo.

A inicios de los 2000, cuando el fujimorismo sacaba el cuco de Sendero, las voces sensatas del progresismo —gente como Fernando Rospigliosi, en diarios como “Perú.21”, de Álvarez Rodrich el bueno— hacían las respectivas aclaraciones sobre la actividad subversiva. Explicarlo era importante porque evitaba que se creyera algo que no es: que el Sendero Luminoso que está en tu recuerdo existe y opera, algo que, dicho así, solo puede crear pánico.

Los periodistas con algo de respeto por la profesión saben que, en lo más alto de la lista de lo que no se debe hacer, está infundir pánico por motivos políticos.

Además, un periodista con recorrido —digamos, el que te entrega el premio IPYS y habla de los valores de la prensa— tendría que mencionar que las marchas que se vienen tienen como antecedente el estallido de fines de 2022 y comienzos de 2023. Y lo que nos mostraron esas marchas no es que Sendero Luminoso existe, sino que hay que tomar lo que dice la Policía con pinzas. En esas manifestaciones, la policía detuvo y encarceló a decenas de personas con cargos de terrorismo, que terminaron siendo todos falsos. Que no se resalte este hecho ahora, al referir los informes de “inteligencia” sobre la presencia de “Sendero Luminoso”, delata una clamorosa ligereza terruquera.

¿Por qué Álvarez Rodrich obvia todo esto? ¿Por qué terruquea a mansalva como lo haría la derecha más dañina?

Yo creo que la razón es más o menos vulgar. No es solo él. Él es el paradigma triste de un tipo de progresista que cumple totalmente con la caricatura de caviar que dibujó la derecha. Alguien que durante años construyó su imagen mostrándose como bondadoso con los desposeídos del Perú, siempre del lado de quienes buscan más justicia social, siempre a favor de los informes de la verdad que resaltan cómo los militares masacraron a familias paupérrimas quechuahablantes, siempre llamando a los economistas compañeros de carpeta a no olvidar el “rostro humano”. Pero cuando esos descamisados se ponen lisos y quieren sumarse a una ola continental hacia la zurda, para meterle cincel al modelo, para crear nuevas salidas, pues hay que sacar el garrote, decir “¿qué cosa?”. Hacer el pare. ¿Cómo van a pasar un documental sobre Juan Velasco en el canal del Estado?, escribió Álvarez Rodrich en su columna. Su transformación ya estaba en marcha y era irreversible. El triunfo de Castillo terminó de despertar su miedo al “comunismo” y sacó lo peor de él.

La gente así ha pasado muchos años creyendo que es gran cosa estar a favor de “darles voz” a los que no tienen nada —hasta con póster del Che Guevara en la oficina—, pero cuando esas voces se expresan con autonomía, fuera de las instancias controlables, pues la parafernalia se estropea. Jódanse. Como en la película chilena Machuca, en que una mujer de clase alta —pero con valores progresistas— le pega a una niña pobre después de defenderla de una turba de señoras pitucas, diciéndole “encima que te ayudo te pones lisa”. Esa es la sentencia contra los que “se exceden”. Y claro, ya no importa la verdad. Se acabó la condescendencia —el relato sentimental de los informes de las comisiones, sus matices y detalles—, toca mirarlos como siempre. La policía —que no es confiable, como sabe cualquier periodista connotado, sobre todo uno que dirige el Ipys— dirá algo y eso será usado para terruquear, como quien usa un salvoconducto. Uy, qué feo, los tombos dicen que son de Sendero Luminoso. Mucho cuidado.

Mucho cuidado, digo yo.

Fuente: Hildebrandt en sus trece, Ed 643 año 14, del 14/07/2023, p12

https://www.hildebrandtensustrece.com/

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

*