Perú: Por encima de las bajezas

Ronald Gamarra

«Lo sacan de la carrera cuando apenas le faltaban unos meses para la jubilación»

Son contados, apenas un puñado, los funcionarios que llegan a serlo por vocación. La mayoría accede a esas dignidades por azar, oportunismo o gracias a alguna palanca. Les da igual la naturaleza del alto oficio que ocupan, podrían ser encumbrados burócratas de una rama o de cualquier otra, o podrían vender autos, con tal de ganarse ese buen dinero. Repito: solo algunos ingresan, sobre todo a los más importantes cargos, por un compromiso profundo con el ámbito en el cual se desempeñan. El dinero y el poder son los únicos dioses que encienden su fervor: la guita fácil que mana de negociados como el tráfico de influencias, el peculado y otros delitos de corrupción; y la autoridad ejercida al modo de un gamonal que hace y deshace en su chacra.

El fiscal Pablo Sánchez Velarde es de otra madera. Pertenece a la minoría excepcional de quienes han seguido desde el arranque una vocación arraigada en lo más profundo por una determinada forma del saber académico, un ámbito específico y bien delimitado del trabajo y un conjunto de principios personales y profesionales a los cuales siempre se mantuvo fiel. Toda su carrera, de principio a fin, ha estado dedicada al Derecho, el cual ha desarrollado de un modo ejemplar, también de principio a fin, en el marco de una de las instituciones principales de la judicatura peruana, el Ministerio Público.

Precisamente Pablo Sánchez forma parte de la generación fundadora del Ministerio Público. Antes de culminar sus estudios universitarios, ya recorría sus pasillos y, una vez titulado, se incorporó a la institución empezando desde abajo. Pero a principios de la década de 1980, ese joven no era tan anónimo, pues ya entonces muchos conocían y respetaban a Pablo por sus conocimientos amplios y detallados del Derecho Penal y el Derecho Procesal Penal. Era un talento precoz, muy bien formado e informado en su campo, condición que consolidó muy pronto al cursar estudios de postgrado en Europa.

Estaba claro que así sería desde su época estudiantil. Lo recuerdo correcto, cordial, amigable y sencillo, como ha sido siempre, dedicado plenamente a estudiar. Pablo Sánchez es de aquellos que aprovecharon muy bien su época en la ciudad universitaria dedicándose a estudiar con pasión y a fondo. No perdió el tiempo, en ningún momento, en devaneos políticos, ni en juergas; se divertía lo normal a su edad y pateaba su pelota. Pero ya entonces llamaba la atención su entrega al cultivo de una disciplina en particular, mientras los demás gozábamos de las licencias de la juventud. Si Pablo Sánchez fue militante de algo, fue del Derecho, así con mayúscula. Y así ha sido siempre, a lo largo de toda su vida y su carrera.

Cómo podía ser de otro modo, si Pablo Sánchez era uno de los discípulos predilectos del maestro José Hurtado Pozo, el mayor exponente del Derecho Penal en nuestro país en el siglo XX, descubridor y alentador de talentos y vocaciones, de quien fue alumno en todos los cursos de Derecho Penal en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos, y más tarde uno de sus amigos personales de siempre. La vida, caprichosa e irónica, ha querido que Pablo Sánchez, al igual que don José Hurtado Pozo –nuestro querido padrino–, sufra en el final de su carrera la marginación y la ofensa por parte de funcionarios que no le llegan ni al tobillo en conocimientos, carrera y ética.

Recordemos el caso del maestro José Hurtado Pozo. A principios de la década de 1980, ya era claramente el penalista más avanzado y destacado de nuestro país, con estudios fructíferos hechos en una larga permanencia académica en el extranjero que le habían permitido romper el marco estrecho y anticuado, literalmente arcaico, en el cual se desarrollaba la disciplina penal peruana. Hurtado Pozo es el hito que permite el salto del derecho penal peruano a la modernidad académica. Esto, como es natural, despertó los celos y la mezquindad de no pocos, que se permitieron la grosería de retirarlo de la carrera judicial, en la cual se desempeñaba como vocal de la corte superior de Lima. Lo hicieron sin ninguna expresión de causa, simplemente porque no soportaban la presencia de un académico de vanguardia que innovaba en medio de la mediocridad en la cual medraban.

El fiscal Pablo Sánchez tiene una hoja de servicios impecable, limpia, a lo largo de más de 40 años de carrera, a diferencia de otros altos funcionarios cuyos currículos apestan a leguas y que tienen que recurrir a maniobras de la política más turbia para llegar o regresar a sus altos cargos. Sólo el odio del fujimorismo y sus aliados ha perturbado su carrera con mala leche. Desde hace muchos años, todos lo sabemos muy bien, el objetivo de la mugre y sus secuaces es apoderarse del Ministerio Público, para lo cual necesita expulsar a los fiscales institucionalistas, los que tienen dignidad y no admiten que la entidad sea sometida a la arbitrariedad o conveniencia de ningún político. En esta última década, el fiscal Pablo Sánchez ha sido uno de los puntales de la independencia y la decencia del Ministerio Público en muchos momentos críticos.

Finalmente, después de varias intentonas del fujimorismo en el Congreso, decidieron recurrir al fácil recurso de no ratificarlo como fiscal, expresando generalidades huecas que no valen ni dicen nada, porque en realidad esos integrantes de la actual Junta Nacional de Justicia no tienen nada válido que decir, salvo imponer una crasa arbitrariedad. La intención de hacer daño es evidente. Lo sacan de la carrera cuando apenas le faltaban unos meses para la jubilación. Es el ensañamiento propio del odio, la animosidad de los impotentes sin argumentos ni razón. Y quiénes se dan el lujo de no ratificarlo. Hay en esa JNJ un tipo que tiene sobre sí una sentencia por violencia familiar y que ejerce su cargo en violación de la ley, con la complicidad de sus colegas. Y hay otra que ostenta el título de doctora en derecho por una universidad no licenciada. Así es la actual JNJ. Lo dejo ahí.

Qué pena que un buen fiscal, un hombre correcto y conocedor, probadamente institucionalista, sea destituido y maltratado de este modo por razones crudamente políticas, para asegurar la impunidad de decenas de congresistas y otros corruptos mediante el control directo del Ministerio Público. A pesar de ello, el ejemplo de Pablo Sánchez quedará y, junto al de otros fiscales dignos, servirá de guía cuando llegue el momento en que la entidad sea recuperada para la democracia y el estado de derecho. No tengan la menor duda de que así sucederá. La historia, que todo lo ve y todo lo juzga, pondrá a cada uno en su lugar.

29-01-2026

Fuente: Hildebrandt en sus trece, Ed 767 año 16, del 30/01/2026

https://www.hildebrandtensustrece.com/

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