Perú: Decisiones
Juan Manuel Robles
«No podemos arriesgarnos a quitarle puntos a quien sí puede derrotar al pacto mafioso»
Faltando algo más de tres semanas para las elecciones, es claro que el único candidato que no pertenece a la coalición mafiosa y puede llegar a segunda vuelta —y derrotar a esa coalición—es Alfonso López Chau. Me da muchas dudas. Sé perfectamente que la naturaleza misma del sistema de organizaciones políticas hace muy improbable que su bancada esté libre de las miserias que ya vimos: individualismo sin organicidad, tráfico de influencias. Tampoco me gusta Harvey Colchado y su vocación terruquera, su participación en la componenda golpista contra Pedro Castillo. Pero López Chau es un mal menor razonable y es tiempo de apuntalarlo.
Sí, así estamos: ya no basta buscar al mal menor. Ahora debe ser viable, realista. Porque si parpadeamos, morimos.
En general, siempre he defendido el voto de conciencia en primera vuelta: es decir, el voto que refleje de la manera más exacta posible la preferencia de cada ciudadano, la decisión individual que, sumada en todo el país, va dibujando un mapa de colores con tantas ideas como candidatos. ¿Qué es eso de votar pensando no desperdiciar el voto? El voto es la expresión del animal político, su impronta, algo que no se traiciona para especular.
Hoy pienso distinto. Hoy pienso: ¡pamplinas! Esto es el Perú de 2026, golpeado diez años por una coalición mafiosa que es necesario parar como se detiene un cáncer. Es tan grande el daño —toma de instituciones, debilitamiento del equilibrio de poderes— que no hay antídoto garantizado, tal vez solo paliativos. Pero es eso —ese modesto objetivo— o seguir caminando al abismo con la amenaza doble de Fujimori o López Aliaga. Para lograr que el daño no avance, un voto por el favorito sin mirar los números es un lujo que no podemos darnos. No podemos arriesgarnos a quitarle puntos a quien sí puede derrotar al pacto mafioso.
Es hora pues de diseñar el voto estratégico, dejando de lado a nuestro pigmeo, aquel candidato por el que simpatizábamos pero que no sube. Llegado a un punto —y creo que ya estamos en ese punto— no tiene sentido gastar energías en peleas de coleros, sacarse los ojos por migajas que al final solo dividen a quienes apostamos por cierta decencia. Es más. Diría que ya es tiempo de elegir y descartar, y solo veo a López Chau en el horizonte viable.
Insinué esto en Twitter y muchos me dijeron que es muy pronto. Que aún tienen la esperanza de que su candidato pequeño crezca.
Hay también una esperanza casi mesiánica: que un outsider, querido fuera de Lima, suba como la espuma en los últimos diez días y, contra todos los pronósticos, llegue a la segunda vuelta. Un Castillo 2.0 que nos coja desprevenidos, que aproveche estar fuera del radar para dar el salto inesperado. Ese Castillo nuevo es Roberto Sánchez, de Juntos por el Perú. Sus partidarios se ofenden ante la posibilidad de unirnos por López Chau tan pronto. Muestran encuestas de las elecciones pasadas una semana antes de las votaciones, donde Castillo ni siquiera figuraba, como prueba de lo que, están seguros, sucederá esta vez. Y no sé si eso pasará, pero me pregunto. ¿Deseamos que pase?
Más allá de las virtudes que le pueda ver al candidato Sánchez, me parece que hay un error de cálculo. El caso de Castillo fue muy insólito y circunstancial como para esperar que se replique solo una elección después. El 2021, con el modelo en tela de juicio por la pandemia, generaba predisposición para un quiebre. Hoy un heredero de Castillo ya no es la expresión de un pueblo postergado; es alguien que lleva la marca de quien es parte de la historia política. Y si bien es cierto el boicot contra Castillo —desde el primer día de su presidencia— genera una adhesión de revancha, su paso por la presidencia también ha creado un antivoto tremendo.
De pasar a la segunda vuelta Sánchez, no son pocos quienes sentirán un gran estrés adelantado. La pesada sensación de lo vivido en el 2021 repitiéndose. Si ocurriera, no tengo ninguna duda de que un buen grupo de votantes de López Chau optaría por el candidato de derecha (recordemos que el Khe me Kheda, esa ola de votantes que decidieron votar a Keiko contra Castillo, aglutinó también a progresistas), mientras que si pasara López Chau eso no sucedería.
Hay que entender que existen momentos para la confrontación total desde la izquierda. Sánchez, aun si ganara en segunda vuelta, no tiene hoy el poder de hacer un frente real a una coalición que es más poderosa y tiene más armas legales —fabricadas estratégicamente por ellos mismos— que cuando entró Castillo. La región y el mundo, además, son otros.
No me malinterpreten: votaría mil veces por Sánchez contra Keiko. Como volvería a votar por Castillo igual que lo hice en 2021. Respeto que Sánchez lo reivindique y que haya prometido indultarlo. Anahí Durand, su candidata al Congreso y una de las voces más activas, es un lujo. Pero creo que esta vez me inclino por López Chau, esta vez hago cálculos y opto por la mesura. Es más: no creo que haya que esperar la última encuesta. Creo necesario evitar que la situación del zarpazo de última hora se dé. Para eso, hay que adelantarnos y consolidar al candidato que puede vencer.
Los candidatos nuevos que se vuelven protagonistas tienen en su historial hechos o gestos que los catapultan. Castillo se hizo memorable por su liderazgo en la huelga de maestros de 2017. López Chau inició su camino a la candidatura con su decisión de abrir las puertas de la UNI a los manifestantes contra Dina Boluarte en 2023 (y con la decisión, más valiente todavía, de no dejar entrar a los militares que querían detenerlos). No es algo menor. En el Perú las autoridades no defienden a quien el Estado y la Policía llama “terrucos”; no se hace siquiera por cálculo político. Se mueren de miedo. Generalmente, miran para otro lado. Lo hecho enaltece a López Chau. “Qué triste sería la juventud de un país que no protesta por sus muertos”, dijo en esos días. No sé si es suficiente, pero es bastante para un mal menor, considerando a los que hemos tenido en los últimos tiempos.
19-03-2026
Fuente: Hildebrandt en sus trece, Ed 774 año 16, del 20/03/2026
