Perú: El enigma de abril

Américo Zambrano

Los analistas coinciden en que lo más probable es que a segunda vuelta pasen un representante de la derecha y otro de la izquierda. Se descarta la disputa por la presidencia de dos candidaturas conservadoras y es aún menos viable que esa lucha la protagonicen dos voceros de la izquierda. Una sorpresa puede estar a la vuelta de la esquina.

La elección presidencial entra en su tramo final sin un favorito claro. A cuatro semanas de la votación, las encuestas muestran una carrera fragmentada: dos candidatos disputan la punta, varios pelotones se agrupan detrás y una bolsa enorme de electores todavía no decide su voto.

“Bajo las condiciones actuales no hay un candidato asegurado en segunda vuelta”, señala a este semanario el politólogo Fernando Tincopa. “Ninguna persona que se precie de ser lo suficientemente metodológica o razonable en este tipo de cosas podría predecir hoy en día quién tiene garantizado su pase a la segunda vuelta”, agrega.

Las últimas encuestas de Datum e Ipsos sitúan a Rafael López Aliaga y Keiko Fujimori, ambos de la derecha, prácticamente en un empate técnico, con alrededor del 11 % y 10 % de intención de voto. Sin embargo, las tendencias dentro de ese empate no son idénticas.

La medición más reciente de Datum muestra que el exalcalde de Lima ha perdido parte del impulso que exhibía semanas atrás –cae más de tres puntos– mientras que la lideresa de Fuerza Popular registra un leve crecimiento.

“Esa caída, si se repite, va a ser una tendencia”, apunta Urpi Torrado, de Datum. “Pero también puede estancarse, mantenerse ahí o recuperarse”, dice.

El simulacro electoral de Ipsos ofrece una fotografía ligeramente distinta del momento. Allí López Aliaga alcanza 17,2 % de los votos válidos frente a 14,2 % de Fujimori, aunque entre los encuestadores consultados existe la percepción de que el voto fujimorista mantiene un núcleo relativamente estable.

“Si vemos nuestra línea de tiempo, Keiko ha crecido. Obviamente dentro de porcentajes pequeños, pero se nota cierta firmeza en su voto”, asegura Guillermo Loli, de Ipsos.

Detrás de ellos aparece un primer pelotón de candidatos con cifras todavía competitivas. El humorista Carlos Álvarez, César Acuña, Alfonso López Chau y el hasta hace poco desconocido Wolfgang Grozo se sitúan entre el 6 y 4 % de intención de voto a nivel nacional.

Un segundo bloque, todavía más fragmentado, reúne a ocho aspirantes que se mueven entre el 3 y 2 %: George Forsyth, Mario Vizcarra, Roberto Sánchez, Ricardo Belmont, Jorge Nieto, José Luna Gálvez, Yonhy Lescano y José Williams, de acuerdo con Ipsos.

En términos estadísticos, la distancia entre ellos es mínima. En varios casos caen dentro del margen de error de los sondeos –alrededor de 2,8 %–, lo que significa que ninguno puede darse todavía por descartado en una contienda donde pequeñas variaciones pueden alterar rápidamente la tabla de posiciones.

La consecuencia política de esa fragmentación es clara: incluso candidatos que hoy aparecen con 3 o 2 % de intención de voto siguen, al menos en teoría, dentro de la carrera. En un escenario donde los punteros apenas superan el 10 %, unos pocos puntos pueden bastar para mover a un aspirante varios lugares en cuestión de semanas o días.

“En realidad cualquiera puede llegar a la segunda vuelta con 10 %”, opina Patricia Zárate, del Instituto de Estudios Peruanos (IEP).

A diferencia de elecciones pasadas, señala Fernando Tincopa, hoy la distancia entre varios candidatos es mínima. Mientras antes la brecha entre los primeros y los últimos lugares era clara, ahora varios aspirantes están separados apenas por uno o dos puntos. En ese escenario, añade, incluso candidatos que aparecen con 2 % o 3 % pueden escalar posiciones y terminar en la segunda vuelta si logran sostener un crecimiento progresivo en las próximas semanas.

La verdadera clave del momento electoral, sin embargo, está fuera del ranking. Cerca de un tercio del electorado asegura que todavía no tiene candidato y será ese voto indeciso el que termine definiendo quiénes suben y quiénes retroceden los días previos a la votación.

La experiencia reciente refuerza esa incertidumbre. En marzo de 2021, exactamente un mes antes de las elecciones, las encuestas mostraban a Yonhy Lescano y George Forsyth liderando con claridad la intención de voto, seguidos por Rafael López Aliaga, Keiko Fujimori, Verónika Mendoza y Hernando de Soto. Pedro Castillo aparecía en la cola: séptimo y con apenas 3 %.

Incluso en el último simulacro de Ipsos, realizado a una semana de la votación, Castillo seguía en séptimo puesto y solo alcanzaba 6,5 %. Nada en las encuestas sugería entonces que terminaría ganando la primera vuelta pocos días después.

Ese antecedente resulta especialmente relevante porque la contienda actual es todavía más dispersa. En 2021 compitieron 18 candidatos presidenciales. En esta elección hay 36. Esa proliferación de candidaturas, según los especialistas, contribuye a dispersar el voto y a mantener elevado el número de electores que todavía no han decidido por quién votar.

Los debates presidenciales, previstos para fines de mes y a pocos días de la votación, podrían convertirse en uno de los momentos decisivos de esa recta final.

La volatilidad también se refleja en las propias encuestas. Aunque algunos candidatos muestran avances o retrocesos menores, en muchos casos las variaciones entre un sondeo y otro se mantienen dentro del margen de error estadístico, lo que obliga a leer las cifras con cautela.

Aun así, dentro de ese escenario incierto comienzan a asomar algunos movimientos: candidatos que pierden impulso, otros que logran sostener su votación y algunos nombres nuevos que empiezan a ganar visibilidad en determinados segmentos del electorado.

Uno de los fenómenos más visibles de las últimas semanas es la aparición del candidato derechista Wolfgang Grozo. En la encuesta de Datum pasa de niveles casi invisibles a 4,2 % de intención de voto en apenas 15 días.

“En un mes pasó de 0 a 4,2 %. Entonces sí ha tenido un crecimiento importante”, afirma Urpi Torrado. Los encuestadores señalan que su irrupción coincide con la pérdida de algunos puntos en la intención de voto de López Aliaga, lo que sugiere un trasvase entre uno y otro candidato del mismo espectro político.

Para el politólogo Fernando Tincopa, ese movimiento rompe una de las hipótesis que circulaban al inicio de la campaña. “Muchos pensaban que los votos de López Aliaga iban a migrar a Keiko. Pero no existe una migración automática entre candidatos del mismo sector”, señala.

Según el analista, una parte de ese electorado ha terminado desplazándose hacia Grozo. Se trata, explica, de votantes de derecha moderada con un fuerte rechazo al fujimorismo y una aspiración de cambio. Datos de Ipsos citados por el especialista muestran que el 84 % de los votantes de Grozo expresa rechazo a la hija de Alberto Fujimori y que el 76 % dice respaldarlo precisamente por esa expectativa de cambio.

El crecimiento de Grozo se concentra sobre todo en votantes jóvenes de niveles socioeconómicos altos de Lima, donde incluso llega a liderar entre electores de 18 a 24 años. “Es un candidato del A-B limeño y joven”, apunta Guillermo Loli. Fuera de la capital su presencia sigue siendo muy limitada, casi fantasmal, lo que plantea la incógnita de si podrá sostener ese avance en el interior del país.

Mientras algunos candidatos se posicionan, otros parecen haber entrado en una fase de estabilización. El izquierdista Alfonso López Chau, por ejemplo, registró un crecimiento gradual durante los últimos tres meses hasta ubicarse en el primer pelotón, aunque en las mediciones más recientes ese avance parece haberse detenido, según Datum e Ipsos.

“Hace un año nadie lo conocía y ha ido avanzando, fortaleciendo su voto”, sostiene Torrado. “Eso, digamos, lo pone en una posición que de alguna manera es expectante porque pareciera que viene consolidándose, aunque tampoco ha logrado crecer más desde ahí”, indica.

Las cifras, además, muestran un rasgo distintivo de su candidatura: su mayor respaldo no está en Lima sino en el interior. Los porcentajes más altos de intención de voto de López Chau aparecen en el centro (6,7 %) y el sur (7,3 %), dos regiones que en 2021 votaron mayoritariamente por Pedro Castillo.

Para Patricia Zárate, del IEP, esa presencia territorial podría convertirse en un activo si la campaña entra en una fase de mayor polarización. “López Chau podría empatar con Keiko quizá”, señala.

Algo similar ocurre con el comediante Carlos Álvarez, que mantiene niveles de apoyo relativamente constantes, y con César Acuña, que debe su repunte al respaldo relativamente alto en el norte (8,4 %) y el oriente (10,5 %), regiones donde su partido ha construido en los últimos años una red política basada en liderazgos locales y estructuras clientelares.

“A diferencia de Mario Vizcarra, que ha descendido notoriamente, esa desinflada no se ve en Álvarez, no se ve en Acuña. Acuña sigue ahí”, precisa Loli.

Para Fernando Tincopa, la relevancia actual de Acuña responde más al contexto electoral que a la magnitud real de su respaldo. “En cualquier otro escenario, con menos candidatos en competencia, un 4 % a nivel nacional sería muy bajo”, explica. “Pero la sobreoferta de postulantes y la atomización del voto hacen que ese porcentaje hoy aparezca como competitivo”, añade.

El caso de Roberto Sánchez, figura de la izquierda castillista, también ilustra esos movimientos menores dentro del tablero. En encuestas anteriores su intención de voto pasó de cifras marginales a alrededor del 2 %, un salto pequeño pero significativo en un escenario donde las diferencias entre varios candidatos son de apenas uno o dos puntos. Desde entonces su votación parece haberse estabilizado.

En el Instituto de Estudios Peruanos señalan que ese crecimiento reciente recuerda el arranque de otras candidaturas en elecciones pasadas. “Roberto Sánchez ha crecido entre enero y febrero, pasando de 0,6 % a 2,4 %, algo parecido a lo que ocurrió con Castillo en los primeros meses de la campaña”, explica Patricia Zárate. Sin embargo, añade, no espera que ese avance continúe al mismo ritmo.

El centro-izquierdista Jorge Nieto Montesinos, hasta hace poco ignorado por las encuestas, también ha emergido todavía con cifras bajas, pero dentro del grupo de candidatos que ronda el 2 % de intención de voto. En una elección con diferencias tan estrechas, unos cuantos puntos pueden convertirse en el punto de partida de crecimientos rápidos en el tramo final de la campaña, según los expertos.

En paralelo, la candidata de Fuerza Popular mantiene un apoyo distribuido en Lima y el interior. En el estudio de Datum, por ejemplo, su respaldo urbano (10,8 %) y rural (10,3 %) es prácticamente idéntico. Las encuestadoras señalan que la principal diferencia con López Aliaga está en la composición de su electorado. Mientras el exburgomaestre de Lima concentra una parte importante de su respaldo en votantes masculinos de la capital, Fujimori mantiene un apoyo más equilibrado entre regiones, niveles socioeconómicos y género. Esta distribución más amplia, sostienen los analistas, hace que su candidatura resulte menos vulnerable a fluctuaciones bruscas en las encuestas.

En un escenario con tanta fragmentación y con un volumen inusual de indecisos, los analistas consideran poco probable que dos candidatos del mismo espacio político logren pasar juntos a la segunda vuelta. Más bien, sostienen, la competencia podría terminar enfrentando a un candidato del bloque conservador con otro capaz de capitalizar el voto más antisistema o de izquierda.

En el caso de la izquierda, sostiene Tincopa, ese escenario resulta aún más difícil. A su juicio, el electorado izquierdista, que históricamente bordea el 30 %, se encuentra hoy dividido entre varias corrientes y candidaturas que compiten por el mismo bolsón de votos.

“El voto de izquierda se ha fragmentado entre la izquierda castillista, la izquierda más radical, sectores regionales y una centroizquierda más urbana. Ese bolsón se ha repartido entre varias candidaturas pequeñas y eso hace más difícil que dos aspirantes de ese espacio logren concentrar suficiente respaldo”, explica.

En cambio, añade, las candidaturas de derecha podrían terminar concentrando su votación en uno o dos postulantes más visibles a medida que se acerque la elección. Muchos electores conservadores, sostiene, suelen inclinarse finalmente por el candidato de su sector que aparece mejor ubicado en las encuestas.

En ese contexto, finaliza Tincopa, es probable que un candidato de izquierda logre concentrar parte de ese electorado y dispute la segunda vuelta. Pero que dos aspirantes de izquierda lleguen juntos a esa instancia resulta casi imposible.

13-03-2026

Fuente: Hildebrandt en sus trece, Ed 773 año 16, del 13/03/2026

https://www.hildebrandtensustrece.com/

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