Perú: Porky no es chiste
Juan Manuel Robles
«Todo parece listo para un ataque brutal, si el conteo no favorece al exalcalde»
En 2026, es un peligro no tomarse en serio a los políticos que hacen payasadas. Confundir su lengua desbocada —y su facilidad para decir estupideces— con desventaja o, peor, debilidad. Pensar que, como nos da risa lo que dicen, carecen, además, de la capacidad de hacernos llorar, de causar daño. Creer que sus balbuceos y sus mentiras son tan evidentes que no podrían ascender en la carrera del poder. Ya sé que muchos —gente de mi generación y mayores— aprendimos que ignorar a quien habla tonterías es un antídoto razonable para sacarlo de escena. Pero las cosas ya no funcionan así. El mundo cambió. Hoy, no tomarnos en serio a sujetos risibles con ideas tremebundas es un lujo que no podemos darnos.
Lo demuestra Rafael López Aliaga. ¿Se acuerdan cuando apareció en la escena pública? Seguramente pensaron lo mismo que yo. ¿Quién es este pobre hombre? El sujeto decía darse latigazos pensando en la Virgen María para evitar el deseo sexual; sustentaba su conservadurismo proponiendo a las niñas embarazadas ir a un hotel cinco estrellas a ver si después de eso todavía querían abortar. Era ofensivo, pero demasiado absurdo para darle espacio mental. Luego de perder las elecciones en el 2021, fue uno de los líderes de las protestas contra el presidente electo; gritó: “¡muerte a Pedro Castillo!” ante la multitud. Tiempo después, postuló a la alcaldía de Lima. Ganó. Uno podía entenderlo: la alcaldía de Lima suele ser impredecible y, para suerte de López Aliaga, la otra opción era un exmilitar con un juicio por asesinar a un periodista durante el conflicto armado (fue finalmente condenado). Uno podía decir: seguramente siendo alcalde a López Aliaga se le acabará la gracia y nos olvidaremos de él.
Parecía una predicción certera. La gestión de López Aliaga fue exactamente la que podría esperarse de alguien lleno de desvaríos. Mandó traer arena para convertir la piscina pública más importante de la ciudad en “playa artificial”, y la improvisada obra fue declarada insalubre por Digesa. Dijo públicamente que combatiría el problema de la inseguridad con drones, avioncitos no de vigilancia, sino para disparar desde el aire a los delincuentes, con inteligencia artificial. Eso fue luego de que quedara claro que su promesa de comprar diez mil motos patrulleras no iba a ser cumplida, lo mismo que su alucinado plan de crear un CECOT en Lima, a lo Bukele. Por no hablar de su gran fiasco: un tren chatarra importado de Estados Unidos —descartado por viejo y contaminante en ese país—, cuyos vagones se oxidan hoy mismo en el parque de La Muralla, como evidencia de la estafa.
Que López Aliaga es una máquina de decir estupideces y mentiras quedó más claro que nunca cuando lo conocimos en su papel de alcalde. Un hombre sensato hubiera pensado que ese periplo municipal era su fin. ¿Cómo te presentas a cualquier cargo después de haber sido un alcalde tan malo? Porque recordemos que la vara la puso él mismo: “Lima será una potencia mundial”, dijo. Ni remotamente. Potencia mundial del endeudamiento, más bien.
Uno hubiera pensado que su candidatura a la presidencia sería un despropósito, más aun después de oír sus grandes planes contra la delincuencia, como eso de crear cárceles en la selva cercadas no por barrotes sino por shushupes larguísimas. Me pareció lógico su descenso en las encuestas frente a las candidaturas emergentes de Carlos Álvarez y Ricardo Belmont. Lo oí en un mitin diciendo: “Quiero que Perú vaya al Mundial. Lo primero que haré será llamar al profesor Gareca”. Me pareció desesperado y más patético que nunca. Ya fue, me dije, con nula visión de futuro.
Porque llegó el domingo de elecciones y ahí lo vemos ahora, arriba de la tabla. Mientras escribo esta columna, se disputa cada voto con Roberto Sánchez, quien en el conteo rápido de Ipsos ocupó el segundo lugar. En medio de ese suspenso, ha aparecido, de nuevo, el hombre delirante.
En las horas y días después de las elecciones, López Aliaga pidió la anulación de los comicios —por una supuesta pérdida de 500 mil votos que menciona sin presentar pruebas— y llamó públicamente a sus seguidores a la “insurgencia civil” si no le daban la razón. También amenazó al jefe del JNE. “Si no declara nula esta porquería, le voy a meter todo mi plan morrocoy, bien grandazo para que se haga hombre”. La frase —en la que básicamente amenaza a la máxima autoridad electoral con sodomizarla— ha sido de un mal gusto tal que el nada pacato Jaime Bayly la ha deplorado. Pero hubo más. López Aliaga se entrevistó con Agustín Laje, el troll argentino aliado de Milei. López Aliaga y Laje hablaron mal de Piero Corvetto, jefe de la Onpe. “Ojalá Piero Corvetto sea llevado preso y metido en una celda chiquita con un negro grandote”, dijo Laje.
Es terrible hacer referencia a todo esto pero lo hago porque hay algo que no se debe perder de vista. Reírse de López Aliaga y pensar que se trata de un loquito no funciona. Llenar sus redes sociales de caritas de risa, y pasar a otra cosa, es un error. López Aliaga es un mitómano bravucón, absurdo, pero está claro que tiene poder de convocatoria, de alguna manera retorcida hay quienes se sienten atraídos hacia él y aman “su estilo”, y tiene una ventaja: la clase política lo prefiere frente a la “amenaza” de la izquierda. Esto queda claro haciendo un ejercicio que ya otros han propuesto: imaginar lo que le pasaría a Sánchez si convocara a “una insurrección” o amenazara la integridad física de un funcionario electoral.
Sí, ese sujeto sonrosado como un chanchito puede generar ruido y desestabilización. Y sí, puede organizar una manifestación grande, malcriada, llena de individuos a los que la Policía —controlada por el pacto mafioso— no va a tocar. Puede perfectamente llevar al país al punto de tener que escucharlo, de tratar de “transar” con él. Cuando tus demandas están en sintonía con la Sociedad Nacional de Industrias —que ya dijo estar “preocupada” por la Onpe— es fácil tomar medidas de fuerza sin que te manden a la Dircote. El apoyo de Laje parece un sketch, pero hace patente la conexión de López Aliaga con el lobby ultraderechista mundial, que ya está propagando en sus medios fantasmas la versión de las “cuestionadas elecciones peruanas”. Todo parece listo para un ataque brutal, si el conteo no favorece al exalcalde.
16-04-2026
Fuente: Hildebrandt en sus trece, Ed 778 año 16, del 17/04/2026
