Perú: Ética para pobres

Juan Manuel Robles

«He sabido que los más jóvenes han comenzado a rebelarse contra esta cultura»

Ahora que la extrema derecha llega al gobierno —sin ganar en el Perú y con un conteo dudoso del voto extranjero— algunos ayayeros hablan de una primera medida que sería muy saludable para definir el nuevo rumbo y dejar muy claro que el recreo se acabó. Me refiero a la eliminación de feriados, que según dicen los lobistas empresariales —disfrazados de columnistas y youtubers— son demasiados y afectan la productividad. Uno podría pensar que, efectivamente, el gobierno que sale —que es el que entra, salvo cambios pequeños— instauró cuatro feriados nuevos, uno de ellos cinco días antes de nuestra pausa doble de Fiestas Patrias. Pero luego uno observa que estos comentarios vienen con segunda. Se deberían eliminar los feriados porque “hay que recuperar la ética del trabajo”, escribe Jaime de Althaus, feliz con su fujimorismo recuperado.

No hay nada más barato en la patraña ideológica derechista que el fomento de la “ética del trabajo”. Porque nunca es tal cosa. Es más bien el fomento de la culpa general por el “descanso excesivo” y la presunta vagancia del trabajador raso. Es uno de los pilares de la autoayuda y la motivación comunes en las arremetidas neoliberales. En los noventa, el motivador mexicano Miguel Ángel Cornejo —caserito del Perú de Fujimori— solía bromear en sus charlas diciendo que mientras que los anglosajones renacen los lunes por la mañana, los latinos renacemos los viernes a las 5 de la tarde. Cultura condenada al atraso por la ociosidad, la nuestra, por no saber ser arquitectos de nuestro destino; subdesarrollados por la mala autogestión. Si esto les suena a “el pobre es pobre porque quiere” es porque, efectivamente, se trata de lo mismo. El hombre mediocre es, entre otras cosas, el que no trabaja lo suficiente por sus sueños.

Ahora que los noventa vuelven, por supuesto que hay que decir que parte del problema nacional son los ciudadanos de a pie, a quienes supuestamente se les da descanso excesivo y no trabajan tanto como lo requieren los desafíos del futuro.

Como si en el Perú se necesitara promover el gusto por la chamba. Como si fuéramos un país donde la gente le tiene alguna fobia al trabajo duro. ¿Hablan en serio? El Perú es la nación de la camiseta corporativa bien puesta, donde se ha interiorizado como en pocos lugares la idea de que uno siempre puede dar más. Es el país del culto al emprendimiento siete días a la semana, donde todo abre los domingos y está bien visto salir a las 8 y no a las 6. Formales e informales comparten esa disposición —casi una pulsión—, con un retorcido entusiasmo que, creo, tiene que ver con el miedo no superado a perderlo todo.

Por eso a tantos peruanos migrantes les va bien en el extranjero. Porque son los primeros que dicen “yo me apunto” cuando hay un espacio por horas extra, cuando hay que estirar un poco, cuando el día debe hacerse más largo. Y siempre sin quejarse, porque “el que se queja no triunfa”. El peruano: ese maleador de plazas de nivel internacional.

He sabido que los más jóvenes han comenzado a rebelarse contra esta cultura, esta “ética” perversa. En las redes, ves a la gente de mi generación criticándolos por “no valorar” y “no agradecer”. “En mi época uno pagaba piso, trabajaba gratis al empezar”, dicen. Pues esos jóvenes no son unos engreídos. Crecieron viendo cómo sus padres se mataron entregados a la religión del trabajo duro, de las horas de más, para que algún día las cosas mejoren (pero todo se acabó en una reducción de personal).

¿Ética del trabajo? Ja. Si algo debe impartirse en el Perú es una ética del descanso, una moral del ocio y una cultura que fomente que el tiempo libre es sagrado. Eso sí nos falta: que les digan a nuestros trabajadores que desconectarse está bien, que siempre se puede salir a la hora y dejar para mañana lo que hoy te saldrá fundido, que el estrés parece algo mental de joven, pero el cuerpo te mostrará, años más tarde, todo lo que te estaban haciendo esas horas de tensión. Sin ocio no hay creatividad. Es tal el culto al trabajo en el Perú que hasta quienes somos independientes, en las industrias creativas, nos acostumbramos a trabajar extra; como nos gusta lo que hacemos, los feriados son una “interrupción” a nuestro ritmo. Ya de grande —tarde— uno aprende que usar los feriados para parar es una costumbre sana y necesaria. La autoridad no debería recordarnos que trabajar duro es bueno —algo que ya sabemos—, sino que descansar es imprescindible.

Y tampoco se crean esa mentira de que en el Perú tenemos muchos feriados. Son dieciséis en total. Y aunque la curva de crecimiento desde el 2022 es pronunciada —obra del pacto mafioso—, no es una cifra de escándalo. Colombia tiene 19 feriados, lo mismo que Argentina. Chile tiene 16 o 17, dependiendo del año. Paraguay tiene doce. Pero en el Perú se aprovecha que el tema se pone “en agenda” para plantear no solo eliminar feriados sino rebajarlos a la mitad. ¡Ocho! ¡De una vez!

¿Qué podría justificar tal reducción? Nada. No hablamos de algo racional, por supuesto. Hablamos de un golpe psicológico, una lección. Lo del feriado es una excusa. El fondo es ir instaurando la idea de que aquello que no es “productivo” debe revisarse, porque se trata de cosas que “nunca debiste tener”. El objetivo es ir metiendo el estribillo: “Solo podremos salir de la pobreza si tú cambias”.

Lo más faltoso —y cómico— es que esto de los feriados en “exceso” se pone en agenda por la llegada al poder de una mujer que nunca ha trabajado, que está donde está por nepotismo y dinastía. Una señora que cuando fue congresista faltó 500 días al centro de labores, pero que igual le costó más de un millón de soles al fisco. Algunas derechas del continente tienen líderes impresentables con discursos similares de culto al trabajo, pero que al menos padecieron esa enfermedad llamada trabajolismo; eran tiburones implacables de esos que no paran. En el Perú, la derecha, encabezada por la Reina de los cocteles, ni siquiera puede exhibir un ejemplo similar.

09-07-2026

Fuente: Hildebrandt en sus trece, Ed 790 año 17, del 10/07/2026

https://www.hildebrandtensustrece.com/

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