Perú: Negacionismo electoral

Pedro Casusol

«Tal parece que hemos desertado del pacto democrático»

Ahora sí, la inteligencia artificial entró de lleno en los comicios electorales. Irónicamente, no lo hizo de la mano de uno de los candidatos que llegaron al balotaje, sino de Rafael López Aliaga, quien parece estar en campaña —del fraude, se entiende— y que, a estas alturas, dudo mucho que acepte otra respuesta que no sea un “chicheñó” por parte del JNE. En una movida atrevida, “Porky” empezó a difundir videos generados por IA. En ellos, un López Aliaga de voz falsa y rasgos robóticos se aboca a explicar, con música de tensión de fondo, la nueva teoría conspirativa que encandila a los limeños.

Aparece con terno y la eterna gorrita celeste. Se le ve más sereno, hasta podría utilizar la palabra “ecuánime”. Claro, es un avatar generado por computadora, diseñado para engañar a los incautos y a cualquiera cuya miopía intelectual le impida aceptar el simple hecho de que Keiko Fujimori y Roberto Sánchez son quienes pasaron a la segunda vuelta. Entiendo que haya gente a la que no le guste. A mí no me gusta. Yo no voté por ninguno de los dos, al igual que el 70% de este país, y no por eso ando inventando una narrativa de fraude que exacerba los ánimos de algunos cuantos débiles mentales que reclaman, en marchas y en televisión, un “golpe de Estado democrático”.

Más allá del oxímoron —figura literaria del tipo “tensa calma” o “silencio atronador”—, lo que realmente me preocupa es la gente que se ha vuelto fanática. Es decir, personas que parecían normales ahora se pasan todo el día en las redes sociales amplificando un discurso porque quieren imponer su verdad; una historia que, según ellos, tiene que ser verdad. Esa es su convicción. Casualmente, para eso sirven los videos generados con IA. El avatar de López Aliaga es capaz de construir oraciones sin repetir como un autómata: “Gorriti, Odebrecht, caviares, porquería, basura, Gorriti, ¿ya?”.

En otro video, aparecido el lunes, no vemos a la figura mejorada de Rafael López Aliaga sino un rostro en fondo negro que anuncia “la verdad que los grandes medios no quieren que sepas”. La misma cantaleta de que las mesas de sufragio más alejadas de las zonas urbanas, donde además hubo una votación masiva por Pedro Castillo en las elecciones de 2021, no existen. Se trata de un supuesto plan maestro que se ha venido gestando por más de veinte años, advierte la cabeza flotante que dice ser parte de Prime Institute, una empresa dedicada a la gestión empresarial (según Google).

Me parece asombroso cómo, en estos tiempos de posverdad, aparece un negacionismo autóctono —ni calco ni copia— de nuestra clase limeña pudiente: los pueblos alejados, en los Andes, no existen. Así de simple. Son como los loquitos que sostienen que la tierra es plana, que los dinosaurios nunca existieron, que las vacunas son veneno que inyectan con un chip 5G, entre otras perlas. El problema es que el líder de este grupúsculo viene saboteando la segunda vuelta con acusaciones de fraude sin sustento y la complicidad de algunos medios que lo siguen presentando como “candidato”.

Y a todo esto, ¿Qué dice Luis Enrique Arroyo, jefe del gabinete de ministros? ¿Qué dice José María Balcázar, el presidente interino de la República, sobre las graves acusaciones de López Aliaga? ¿No es la actual crisis electoral la expresión más palpable de la muerte de todas nuestras instituciones, de la ingobernabilidad absoluta del país? Tal parece que hemos desertado del pacto democrático. Ya ni siquiera interesa quién salga elegido este 7 de junio. Los sicarios seguirán matando, los negocios seguirán siendo extorsionados y las mejores mentes de esta generación se quedarán sin becas porque al pacto mafioso que gobierna le interesa más comprar 24 aviones de combate F-16.

En ese terreno, Rafael López Aliaga intenta plasmar su narrativa. Para ello, echa mano de la tecnología y del deepfake, la IA que replica y embellece la mentira hasta convertirla en un relato verosímil. Ese es, quizás, el verdadero problema de esta campaña. No que un candidato se resista a aceptar los resultados, vaya novedad. Sino que cada vez haya más gente dispuesta a creer en una versión fabricada de la realidad.

07-05-2026

Fuente: https://www.hildebrandtensustrece.com/opinion/articulo/2555

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