Perú: Apechugar

Juan Manuel Robles

Keiko no ganó en el territorio peruano y es la continuidad de un desastre

En estos días en que se va confirmando la victoria de Keiko —con un montón de irregularidades de las que solo sabremos la verdad completa en el futuro— he empezado a debatirme, como todos, entre la desolación y la esperanza. Supongo que les pasa a muchos. Esta es una de esas circunstancias en que uno tiene que ser muy claro en señalar la gravedad de que la jefa de una organización con prácticas delictivas —heredera de un gobierno probadamente criminal— termine de tomar lo que le faltaba de poder, algo que va a afectarnos inevitablemente de distintas maneras; y al mismo tiempo parece una obligación tener la cabeza fría y la lucidez intacta, no abandonarse.

Uno es apocalíptico en campaña. Pero cuando gana quien tememos, el trabajo es mirar juntos caminos posibles para capear el temporal, resistir y estar atento a cualquier vía existente para detener el avance del daño.

Por supuesto, no hablo de la aritmética fácil de los analistas bienpensantes. Me da una risa amarga que hablen de los números de senadores que “tiene” la oposición a Keiko Fujimori en el parlamento y que podrían “impedirle cosas”. Como si no conociéramos esta historia. Como si no hubiéramos visto cómo Alberto Fujimori solucionó el problemita cuando perdió la mayoría absoluta en el 2000. Si no lo recuerdan, vayan al video Kouri-Montesinos. Aquel video que provocó la caída del fujimorismo es también un testimonio de su poder, sus métodos, la forma en la que manejan el dinero negro.

Ese método es simple y está vigente para Keiko: se compra a unos congresistas y se extorsiona a otros, o se hace una combinación de ambas cosas. Fuerza Popular seguramente ya tiene mapeados a los senadores y diputados a los que se les puede crear (o reactivar) carpetas en la Fiscalía, que, dicho sea de paso, ellos controlan. El dilema a plantearles es simple: o colaboran o van a la cárcel. No hablo de una tradición montesinista súbitamente recuperada. Lo han hecho en estos años: los congresistas con antecedentes de “terrorismo” (la firma de un planillón de Movadef, la participación en una protesta) son los más vulnerables a estas amenazas.

Nada de lo que sirve de contrapeso en la democracia aplica cuando hablamos del fujimorismo. Ninguna garantía se puede dejar a la división de poderes, a instancias que supuestamente son salvaguardas contra decisiones arbitrarias. Cuando queda un organismo de control que puede ayudar, los fujimoristas van por su cabeza.

¿Qué queda entonces para la esperanza? ¿Qué luz al final del túnel?

Pues yo pensaría en una fuerza matriz que necesita cualquier tirano para erigirse y hacerse indestructible, al menos al principio: la legitimidad. Alberto Fujimori fue legítimo luego de reelegirse en 1995 por más del 60% de los votos, con algunos logros que pudo atribuirse en un momento, como la captura de Abimael Guzmán y la consecuente desarticulación de la actividad subversiva. Su poder vino de un consenso nacional, en un momento histórico muy particular

Keiko Fujimori ha sido elegida obteniendo la mitad de votos. Enfrenta acusaciones de irregularidades en el proceso electoral, las cuales, a diferencia del fraudismo que ella puso en marcha en 2021, sí son sólidas, inquietantes, implican inflado de actas con la complicidad de personeros, además de un escándalo con el voto en el extranjero que, con un cambio de última hora en el procedimiento (la no digitalización de las actas), perdió una posibilidad de cotejo: tenemos que confiar en lo que encontramos en valijas diplomáticas llegadas sospechosamente tarde. Esas acusaciones no se apagarán, quedarán allí, como quedará el resquemor y el resentimiento. Keiko no es su padre; ni siquiera se le puede comparar con referentes de la derecha regional de estos tiempos. Milei ganó con 55.69% con una clara preferencia popular frente al kirchnerismo gobernante; Kast ganó con un 58% contra la continuación de la izquierda de Boric. Keiko no ganó en el territorio peruano y es la continuidad de un desastre.

¿Necesita legitimidad si tiene de su lado a las Fuerzas Armadas y la Policía, que gracias a su poder congresal tienen más blindaje que nunca para matar y masacrar? Yo creo que de todos modos la necesita, y que no la tenga es un mal cimiento para sus planes (o tentaciones).

Hay algo que a veces perdemos de vista. El intento de golpe de Castillo —que luego supimos justificado debido al complot para sacarlo, pero que entonces fue formalmente una ilegalidad— le dio legitimidad a la intransigencia de Boluarte. El resultado fue la conmoción y el desconcierto. El pacto mafioso podía aducir siempre que Boluarte era “la presidenta que pusieron los votantes de Castillo”, lavarse las manos selectivamente. Usarla para gobernar pero deslindar de ella cuando apareciera su faceta más impopular.

Con Keiko Fujimori las cosas se aclaran y sinceran: ella será la cabeza y la responsable de cualquier abuso, cualquier política torpe contra la economía popular, cualquier medida descarada a favor de grupos de poder. Ya no habrá desconcierto. Lo que habrá es una cabeza nítida que, naturalmente, provocará la unión que no podía existir en medio de la confusión.

Será un frente amplio natural, que no podrá darle el beneficio de la duda a Keiko porque no lo merece. Estarán allí políticos, activistas, periodistas, científicos sociales. Y jóvenes que descubrirán la pólvora de la memoria histórica, y que se enfrentarán al intento de borrarla de manera creativa y viral.

Ningún mandatario tiene carta libre de masacrar y matar solo porque posee el poder y las salvaguardas legales para hacerlo. Keiko, ganadora pírrica, no está en condiciones de la represión que algunos de sus partidarios extremistas sueñan. Las cosas se revelarán más complicadas que la fábula de su papá y la “mano dura”. No hay que perder de vista que Keiko tiene congresistas que le son fieles pero que conforman una estructura parasitaria, que defenderá sus fueros y privilegios con uñas y dientes, y que llegado el caso también podrían darle la espalda: la vacancia no es la única forma de salir del poder en un país convulso.

No me malinterpreten. Keiko Fujimori tiene sed de venganza y está dispuesta a hacer cosas horribles. Y seguramente hará varias. Solo digo, después de pensarlo un poco, que la partida es más compleja de lo que ella pudo imaginar y que jugar a Reina de Corazones puede costarle su propia cabeza.

18-06-2026

Fuente: Hildebrandt en sus trece, Ed 787 año 17, del 19/06/2026

https://www.hildebrandtensustrece.com/

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