Perú: Destruir el LUM

Ronald Gamarra

«Lo que quieren estos extremistas de derecha, en realidad, es reivindicar al destacamento Colina»

El ministro de Justicia ha decidido que la memoria se puede intervenir, como quien allana una casa: encabeza una ofensiva dirigida a tomar el Lugar de la Memoria y la Reconciliación (LUM) y ponerlo bajo su control directo, preparando el terreno para deformarlo o asfixiarlo despacio hasta que no quede nada que incomode. Pretende también impulsar el desconocimiento del Pacto de San José y la competencia de la Corte Interamericana de Derechos Humanos: quiere cerrar, de un mismo golpe, la ventana que mira hacia el pasado y la puerta que da hacia afuera.

Álvarez planteó estos objetivos, precisando que el LUM debería pasar al Sector donde él es amo y señor por ahora. Como no encontró suficiente audiencia, convocó a una veintena de viejos momios de la política criolla, amigotes suyos, a firmar una “carta abierta”, instando a la presidenta de la República a seguir sus propuestas para abrir “un auténtico proceso de Reconciliación Nacional”. Qué tal reconciliación esta, que empieza por repudiar el estándar mínimo de convivencia civilizada de toda sociedad, que son precisamente los derechos humanos.

¿Quiénes suscriben la carta? Podemos ver, entre otras, las firmas de reaccionarios que no quieren jubilarse como Ántero Flores y Martín Belaúnde, junto a oportunistas de trayectoria como los apristas Jorge del Castillo y Aurelio Pastor; periodistas deleznables como Jaime de Althaus y habitualmente procaces como Hugo Guerra; viejos jueces como Urviola, Sardón y Echaíz; todos ellos mezclados con desconocidos como Juan Hermoza Ríos, que tal vez firma a nombre de su hermano, un comandante general sentenciado por los crímenes de La Cantuta y Barrios Altos, y por corrupción de alto vuelo: tenía más de 20 millones de dólares en cuentas en el extranjero.

Dicen que el LUM tiene una orientación “ideologizada” que es necesario corregir. Pretenden presentarse como imparciales y objetivos, ¿pero desde cuándo pueden serlo los extremistas de derecha? Esta gente siempre detestó el LUM porque expone y guarda para la memoria los hechos del período 1980-2000 cometidos por el terrorismo sin omitir los que causó el Estado. Allí están Lucanamarca, Tarata, los asháninkas y tantos asesinados por las huestes de Abimael Guzmán, pero no se silencia a las víctimas inocentes de la represión estatal: los desaparecidos, Cayara, Accomarca. Las cosas tal y como fueron, para estimular una reflexión válida que nos preserve de repetir la mala historia.

Lo que quieren estos extremistas de derecha, en realidad, es reivindicar al destacamento Colina, ocultar sus crímenes alentados por el fujimorato, negar las violaciones de derechos humanos y la responsabilidad que tienen en ellas cada gobierno y las fuerzas armadas. Quieren borrar la parte de la historia que los denuncia en su complicidad de encubrimiento y silencio ante crímenes estatales. Quieren lograr en el campo histórico y simbólico la impunidad que Rospigliosi se ha propuesto imponer en el sistema de justicia sobre los crímenes de lesa humanidad.

Álvarez se quiere improvisar como especialista en museos. Lo que ignora es que él y sus amigotes no tienen vocación de curadores sino de exhibición: encajarían mejor como piezas en la vitrina de los trogloditas peruanos, etiquetados y bajo vidrio, para que las futuras generaciones estudien el espécimen. De dirigir y conducir una institución museística, en cambio, no tiene la más remota idea. Creerá que es algo similar a administrar el sistema carcelario, campo en el cual no muestra ninguna capacidad, dicho sea de paso. Un tío como él, tan reaccionario, no tiene ninguna autoridad para hacerse cargo de un museo como el LUM, dedicado a la reflexión sobre el momento más crítico de la república.

No debemos olvidar que el LUM nació de un debate nacional en el cual intervinieron todos los sectores institucionales, incluidas las fuerzas armadas. El proceso de desarrollo del LUM se dio bajo el liderazgo de una comisión presidida por Mario Vargas Llosa, a quien siguió Fernando de Szyszlo y finalmente Diego García Sayán, tres personalidades liberales y democráticas identificadas con los derechos humanos. Por cierto, las tendencias progresistas participaron activamente en la iniciativa, pero hubo diálogo y finalmente consenso. Así nació el LUM.

Los museos y lugares de memoria cumplen una función importante en las sociedades que han sufrido el embate de períodos de violencia. Convocan con amplitud de criterio y rigor histórico a los más amplios sectores para tomar conciencia sobre hechos que ciertos intereses se esfuerzan por negar para mantener su impunidad. Promueven el debate. Pero la base no puede ser otra que el reconocimiento, el respeto y la defensa de los derechos humanos, porque sin ellos no hay civilización posible. Quienes promueven el repudio a una convención de derechos humanos no tienen autoridad moral para imponer sus criterios en el LUM.

Álvarez, que antes de ser un ministro del montón fue presidente del consejo de ministros durante la escandalosa presidencia de Jerí, pretende con esos antecedentes meter la mano en el LUM para desvirtuarlo y destruirlo. Qué tontería tan grande.

Hay algo que los trogloditas nunca entienden: que la memoria no se administra, se venera; no se decreta, se hereda. Álvarez podrá cambiar el nombre en la puerta, mudar el mobiliario, incluso apagar las luces que hoy iluminan los rostros de los desaparecidos. Pero no podrá tocar lo esencial, porque eso que importa ya no vive en el LUM: respira en la vigilia de las madres que aún buscan huesos en la tierra, en los cuadernos donde los sobrevivientes anotaron lo que no querían olvidar, en el silencio denso de Cayara y Accomarca que ningún ministro sabrá nunca callar del todo.

Álvarez cree que dirige un edificio. En realidad, apenas roza –con sus manos torpes de guardián de cárceles y curador de vitrinas– la superficie de un dolor que lo excede, que lo desbordará siempre, y que un día, cuando su nombre sea apenas una nota a pie de página vergonzante en la historia de estos años, seguirá ardiendo intacto en la memoria del Perú.

20-08-2026

Fuente: Hildebrandt en sus trece, Ed 794 año 17, del 21/08/2026

https://www.hildebrandtensustrece.com/

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