Perú: Lima, la puerca

Juan Manuel Robles
«La mentira colosal es parte de su repertorio»

¿Por qué los limeños están dispuestos a votar de nuevo por un alcalde que evidentemente les ha visto la cara de idiotas? ¿Por qué colocan primero en las encuestas a un señor que luego de incumplir sus promesas y traer un tren chatarra —que costó millones cuando supuestamente era una donación— abandonó el cargo para tentar la presidencia a pesar de haber dicho públicamente que no lo haría? ¿Por qué quieren de nuevo en el sillón municipal a alguien que, luego de dejar la alcaldía, ahora le saca la vuelta a la ley y postula a una reelección encubierta?

Son preguntas que rondan. El fenómeno no se explica únicamente ni por la falta de amor propio —que ciertamente es grande— ni por la ausencia de memoria —que ya no solo afecta a sucesos de comienzos de siglo sino a eventos ocurridos tres o cuatro años atrás—. Tampoco podemos hablar de pragmatismo. En López Aliaga no funciona eso de “roba pero hace obra” que sustentó la popularidad de Luis Castañeda, y que, recordemos, era una variación de la lógica que hizo fuerte a Fujimori —que violaba la Constitución pero obtenía resultados—. En López Aliaga no hay “pero” a favor; el hombre, sencillamente, no ha hecho nada memorable por Lima, no trajo los avances que prometió y su principal “obra”, su intervención gigante, puede verse ahora, como un museo involuntario, en el parque de La Muralla: vagones inútiles que constituyen el gasto de propaganda electoral más caro de la historia.

¿Qué pasa, entonces? Yo creo que ese voto por López Aliaga, ese orgullo porcino, es la última manifestación del desencanto, del descrédito de un sistema electoral que ya nadie se toma muy en serio porque ha perdido la capacidad de ofrecer soluciones, visiones de futuro, proyectos de ciudad, mejoras tangibles. No es solo la pérdida de fe en las instituciones, cuya burla, desde los noventa, se celebra como una especie de venganza de los olvidados. Ahora, además, es la idea de que no saldrá nada realmente beneficioso del juego democrático, del acto de elegir. Hace tiempo desterramos la palabra “utopía” por pretenciosa y naif —cosa de izquierdistas desconectados de la realidad—, y la cambiamos por obras puntuales y realpolitik, pero hoy ni siquiera alcanza para eso.

Millones de limeños han dejado de creer que la ciudad tiene arreglo, que el transporte público puede ser digno, limpio y cómodo, que las calles pueden ser lugares para pasear y compartir sin temores, que los parques pueden crecer y mejorar, más aún, multiplicarse y ganar espacio. Eso, la conquista de territorios para la mejor calidad de vida, les parece algo surrealista. Han aprendido a convivir con el miedo y la fealdad y eso los ha llenado de cinismo. Han dejado de creer que el voto puede hacer la diferencia en la calle que habitas, en la avenida que transitas, en el aire que respiras —y que te va matando—. La ciudad horrible ahora es peor: ahora es ingobernable.

Como ya no hay lugar para creer, las elecciones se vuelven un espacio de barra brava o bar de mala muerte. El único momento en que tu voz anónima vale: ese circo o coliseo de lucha libre donde toca elegir a tu villano favorito, y allí llega él, con su máscara de chancho y su licra, y hace toda clase de cochinadas contra adversarios modositos que siguen el reglamento y cumplen las leyes. Es “candidato a regidor” y se ríe, porque todos saben que en realidad postula a ese cargo para saltar a alcalde. Es el tío blancón con dinero que siempre se sale con la suya jugando sucio, y aunque sabes que tú no entrarías a su fiesta privada, por un rato vas a celebrar como tuya cada una de sus puercas movidas en el combate.

Es el nuevo voto dinamitero: uno hacia la derecha conservadora, que favorece a representantes que no tienen ninguna conexión con la vida de sus votantes, que son elegidos por su personaje más allá de la confianza que puedan generar (algo que ya no importa). López Aliaga es ese histrión, un vivazo que siempre va con una trampa nueva bajo la manga. No ofrece nada, salvo la posibilidad de divertirse haciendo rabiar a otros. Algo es seguro: cuanto más se escandalicen los medios “serios”, cuantos más “expertos” salgan a acusarlo de no respetar la ley, más se inclinará esa masa hacia el monstruo, que es polémico pero es divertido y, sobre todo, es “suyo”.

Estamos hablando, pues, de un candidato poderoso justamente porque es pura caricatura, tan performático que la mentira colosal es parte de su repertorio, y no hay problema, porque nadie espera nada de él (el desencanto mató las ilusiones cívicas hace tiempo). Es alguien que no tiene que preocuparse en cuidar su reputación. A un candidato así solo podría hacerle frente un oponente que sea igual de desenfadado y bocazas, igual de irreverente y díscolo. Sin embargo, el único oponente que aún puede sobrepasarlo, Carlos Bruce, es justamente un representante de la moderación y el respeto a las reglas, que gasta demasiadas energías en mostrarse como un candidato “superior”.

Otra opción hubiera sido un oponente que reinventara la fe en una ciudad mejor, que inspirara, que contagiara vocación de servicio y una solidaridad genuina y sobrehumana; alguien totalmente distinto a López Aliaga, pero igual de capaz de sorprender con movidas inesperadas, descolocando a todos. Eso no pasó. Lo que hubo fueron buenos candidatos que se presentaron como más “preparados”, más “inteligentes”, más “decentes” que el cerdo. Ese abordaje no hizo más que fortalecerlo. Alguien como López Aliaga hubiera requerido un antagonista moral absoluto, pero la prensa se encargó de mostrarnos el lado egoísta y patán de sus adversarios.

Como dijo Juan de la Puente, estas elecciones limeñas serán un plebiscito: se decidirá a favor o en contra de la reelección encubierta de López Aliaga. Lo bueno de eso es que conlleva a la unión contra el adversario nocivo. Lo malo es que nada alimenta tanto a un narciso, nada le da más energía, que tener toda la atención concentrada en él, villano completo. Si pierde, genial. Pero si gana, será casi indestructible. Y lo más probable es que gane.

25-09-2026

Fuente: Hildebrandt en sus trece, Ed 799 año 17, del 25/09/2026

https://www.hildebrandtensustrece.com/

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