Perú: El factor Verónika

Paco Moreno

«La derecha pretenderá sembrarle sabandijas para empapelarla»

El posible triunfo de Verónika Mendoza en primera vuelta activó las alarmas de una de las derechas más cavernarias de América Latina. Esa derecha que se ha emborrachado celebrando la reelección encubierta de López Aliaga, esa derecha que piensa con el bolsillo, que cobra en inglés y se inclina ante Trump.

Esa derecha sabe que, si hace una buena gestión, Verónika volverá a ser presidenciable y le puede malograr el escenario para el 2031, año en el que la popularidad de Keiko Fujimori y López Aliaga estará por los suelos, porque ellos, como se ha demostrado, no saben gobernar. Son especialistas en hacer negocios. A veces juntos; a veces, cada uno por su lado.

Verónika no tiene experiencia en el gobierno de una organización compleja, y esa es su principal debilidad. Una cosa es proponer leyes, representar a los electores y fiscalizar como congresista, y otra, administrar una región importante como Cusco, en la que se mueven presupuestos millonarios.

Ella ha dicho que está en una nueva etapa de su carrera y que, como gobernadora regional, conversará con todas las autoridades y, cuando lo haga con Keiko, será de autoridad a autoridad y nunca de rodillas.

Se abre un nuevo escenario para Verónika; pero, aunque trate de tender puentes, aunque actúe correctamente, la derecha pretenderá sembrarle sabandijas para empapelarla, como en los tiempos de Fujimori y Montesinos.

Su principal fortaleza es que tiene experiencia política. Empezó creyendo, como tantos, que Ollanta Humala y Nadine Heredia iban a transformar el país y fue elegida congresista a los 30 años. En julio del 2011 asumió como parlamentaria de Gana Perú y en junio del 2012 renunció al oficialismo junto a Javier Diez Canseco, Rosa Mavila y Rubén Coa, cuando Humala y Heredia se pasaron abiertamente a la derecha.

Desde entonces estuvo siempre en la oposición y ganó su postulación a la presidencia de la república por el Frente Amplio, sacándole ventaja en las internas a Marco Arana. Antes de esta victoria, era difícil creer que la hija de la profesora francesa Gabrielle Marie Frisch y de Marcelino Mendoza Sánchez, docente de filosofía y sindicalista cusqueño, podía ser candidata a la presidencia representando a la izquierda, que es una especie de olla de grillos con pericotes incluidos, una olla de grillos con gente como Cerrón, que usa las banderas de la izquierda para hacerle el juego a Keiko.

No le fue mal a Verónika en la campaña del 2016. Quedó en tercer lugar, después del gringo PPK y Keiko. Consiguió 2 874 940 votos. Se convirtió en la esperanza izquierdista para el 2021, pero el Frente Amplio se partió y desapareció. Después llegó la pandemia que mató a los peruanos que no tenían para comprar oxígeno y mostró la radiografía espeluznante de este país enfermo.

Aparecieron nuevas voces en la izquierda con la idea de reconstruir un nuevo frente para el 2021. Entre ellas estaba Cerrón, el ególatra andino de Perú Libre que alucinaba con ponerse la banda presidencial. No pudo entrar a la confluencia que se proyectaba porque tenía una sentencia judicial firme por negociación incompatible por hechos ocurridos cuando era gobernador regional de Junín. Entonces buscó su propio candidato. Convenció a Pedro Castillo y juntos hicieron una buena campaña electoral con profesores militantes en todos los rincones del país, y desplazaron a Verónika, incluso quitándole sus propuestas electorales.

Verónika, que había postulado por Juntos por el Perú, fracasó de manera rotunda en las elecciones del 2021. En la primera vuelta, Castillo ocupó el primer lugar; Keiko Fujimori, el segundo. Le siguieron López Aliaga, De Soto y Lescano. Verónika quedó en el sexto puesto. Consiguió apenas 1 132 577 votos, menos de la mitad que en el 2016. Por esto, cuando no apareció en la lista de candidatos presidenciales del 2026, muchos creyeron que la carrera política de Verónika había terminado.

Sin embargo, está primera en el Cusco con las banderas de Venceremos, una alianza izquierdista que hizo un magro papel en las elecciones del 2026 con Ronald Atencio como candidato. Desde Lima, su campaña se vio remota, lejana, pero es posible que gane en primera vuelta, a pesar de la guerra sucia impulsada en su contra por remanentes apristas y fujimoristas.

Roberto Sánchez, de Juntos por el Perú, uno de los líderes más importantes de la izquierda, dijo en una entrevista con César Hildebrandt que su partido en el Cusco ha hecho, en medio de las dificultades, acuerdos políticos con Venceremos.

Hildebrandt le preguntó si le teme a Verónika. “En absoluto, yo no temo a nadie demócrata”, dijo. “¿No será la pasionaria de la izquierda?”, repreguntó Hildebrandt. “No, yo creo que todos merecemos una oportunidad, un espacio, una reivindicación. El Perú es más grande que nosotros y los problemas que tenemos son más grandes que todos nosotros. El Perú necesita cien César Hildebrandt, cien Verónikas, cien Alfonso López Chau, cien Rosa María Palacios, gente demócrata que intente comprender que ya no podemos avanzar como estamos. El Perú no es república, no es nación, no tenemos democracia, no hay sistema de justicia, hay persecución…”.

Sánchez va por la línea correcta. En medio del caos, en medio del avance de la ultraderecha en toda la región, hay en el país líderes políticos que debieran aliarse por propósitos comunes y actuar desde ahora y no esperar la campaña del 2031, en la que, seguramente, los egos descomunales frustrarán posibles alianzas. Sánchez, López Chau, Marisol Pérez Tello, Jorge Nieto y ahora Verónika deben apostar por una sola fuerza para enfrentar a los delincuentes organizados que se escudan en la fachada de lo que llaman partido político.

09-10-2026

Fuente: Hildebrandt en sus trece, Ed 801 año 17, del 09/10/2026

https://www.hildebrandtensustrece.com/

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