Perú: Somos los poscivilizados

César Hildebrandt

«En Francia pelean los jóvenes que ya se dieron cuenta de la trampa en que cayeron»

Gánsteres de la política internacional gobiernan el mundo, preparan guerras, extorsiones, masacres. Y tienen virreyes en los extramuros, líderes de segunda que repiten el mito de que el egoísmo convertido en virtud es lo mejor que nos ha podido pasar.

¡Cómo extraño a la derecha de aquel civilismo planetario que profería ideas y tenía modales! ¡Qué asqueroso es Milei, qué supurado se le ve a De la Espriella, que rufián heredero está a punto de gobernar Brasil!

Décadas que parecen siglos atrás, uno tenía que escuchar las grabaciones clandestinas mandadas a hacer por Richard Nixon para enterarse de las vulgaridades de la Casa Blanca. Ahora tenemos a Trump, que el otro día le dijo a una periodista: “¿Eres estúpida? Sí, eres estúpida”. Es el mismo sujeto que se jactaba de sus habilidades manuales y venéreas y de la facilidad con que decía someter a las mujeres. El mismo que fue usuario del harén adolescente de Jeffrey Epstein. El mismo que hoy bombardea países y trama con Netanyahu, otro criminal de guerra, la desaparición final de Gaza y su conversión en la “Riviera del Oriente Medio”.

Un Zavalita ecuménico debe estar preguntándose cuándo fue que el mundo se fue a la mierda, cuándo fue que las normas se borraron, el honor fue echado por la borda, el crimen se exhibió como éxito y miles de millones de pobres diablos avalaron con su silencio y hasta con sus votos esta liquidación del orden más elemental.

Somos los poscivilizados de una era que aún no tiene nombre. Somos lo que queda de una red de relaciones y transacciones que costaron dos guerras mundiales. Vivimos en las ruinas de ese proyecto de convivencia y hemos aceptado que una mafia fascista tome las riendas en nombre del darwinismo social.

En Francia pelean los jóvenes que ya se dieron cuenta de la trampa en que cayeron. En Italia, con menos audacia, ha empezado la resistencia. Y cuando surgen esas voces, la prensa de la usura sale a decir que la violencia no se puede tolerar y que al vandalismo hay que pararlo a cualquier costo. Pero la peor violencia y el más insoportable vandalismo es haber creado un mundo en el que el abismo social se ha agrandado y donde los ricos son cada vez más obscenamente ricos. Un mundo que está en peligro porque lo hemos roto y maltratado con nuestra simiesca creencia de que las cifras de crecimiento económico no pueden detenerse.

No necesitamos a Gramsci, que peleaba por la hegemonía de los valores y la cultura. Necesitamos a los partisanos que se enfrentaron a Mussolini. Porque salir de este pudridero planetario costará barricadas y levantamientos.

La derecha fascista que hoy desembarca en España y cubre casi toda Latinoamérica es barro sedimentario y paciente. Empezó a crearse con la implosión del socialismo real, se cimentó con el fin de la Unión Soviética y se envalentonó cuando China convirtió la revolución en un catálogo de Temu.

Esa derecha arrogante y eventualmente asesina sintió que el mundo era suyo, que los grandes obstáculos habían desaparecido y que ahora nadie discutiría la dictadura del capital y el trazo casi religioso de la mano invisible.

Juan Pablo II ayudó en la tarea. Colaboraron los tanques (orugados) del pensamiento conservador. Fueron decisivas las redes sociales, encargadas de administrar la estupidez, la frivolidad y la desinformación.

La derecha fascista que autoriza moralmente la masacre de Gaza y que hoy tolera que se reinstauren virreinatos proyanquis en el subcontinente creyó, siguiendo a su matriz europea de raíces germánicas, que todos los semáforos estaban en verde para crear el mundo con el que siempre había soñado, un mundo donde los dilemas dejaran de existir, las dudas fueran desterradas y sólo quedara el neoliberalismo y el fin de la historia.

Ahora ni neoliberalismo tienen. Esta selva, en la que se discute con gritos y de rama en rama, no se parece a la pax romana en la que prevalecerían las reglas y la supremacía del discurso conservador. Trump ha terminado con eso y ha edificado esta pocilga neoyorquina donde se asalta en los corredores, se mata en el ascensor y se convoca a las bandas que piensan en los grandes repartos del petróleo, las tierras raras, la inteligencia artificial al servicio del miedo y la dominación. Es un mundo condenado por la codicia y la adoración de la muerte. Es el mundo que hay que sacudir en las calles, los parlamentos, la prensa, las iglesias y donde sea posible dejar constancia de nuestra amenazada humanidad.

23-10-2026

Fuente: Hildebrandt en sus trece, Ed 803 año 17, del 23/10/2026

https://www.hildebrandtensustrece.com/

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