El antimperialismo y el Apra en el siglo XXI

Nelson Manrique

El libro de mayor importancia de V. R. Haya de la Torre es El antimperialismo y el Apra (Santiago de Chile: Ed. Ercilla, 1936), la más cabal expresión de los fundamentos doctrinarios del Apra1. En las formulaciones del Haya de El antimperialismo… el Estado es el instrumento de opresión de una clase sobre otra, usado por las burguesías latinoamericanas para explotar a los trabajadores y dividir a sus pueblos; por eso es necesario acabar con ellas: “el poder político –escribe Haya– debe ser capturado por los productores, la producción debe socializarse y América Latina debe constituir una Federación de Estados. Este es el único camino hacia la victoria sobre el imperialismo y el objetivo político del APRA como Partido Revolucionario Internacional Antiimperialista” (El antimperialismo… p. 37).

La lucha contra el imperialismo es para Haya una guerra que para triunfar puede conculcar los derechos consagrados por el liberalismo: “el movimiento triunfador antimperialista organizará su defensa estableciendo un nuevo sistema de economía, científicamente planeada y un nuevo mecanismo estatal que no podrá ser el de un Estado democrático ‘libre’ sino el de un Estado de guerra, en el que el uso de la libertad económica debe ser limitado para que no se ejercite en beneficio del imperialismo”.

Esto suponía la creación de un nuevo aparato de poder de los trabajadores, el Estado antimperialista: “En el Estado antimperialista… es indispensable también la limitación de la iniciativa privada y el contralor progresivo de la producción y de la circulación de la riqueza. El Estado antimperialista que debe dirigir la economía nacional tendrá que negar derechos individuales o colectivos de orden económico cuyo uso implique un peligro imperialista” (pp. 138-139).

El régimen que surgiría de la derrota del imperialismo sería aún capitalista, pero en camino hacia un orden superior: un “capitalismo de Estado como sistema de transición hacia una nueva organización social … en beneficio de las clases productoras, a las que irá capacitando gradualmente para el propio dominio y usufructo de la riqueza que producen” (p. 140). De no proceder así se alentaría la formación de una burguesía explotadora, “estimulando la explotación individualista e insaciable –amparada en los enunciados clásicos del demoliberalismo– … Por eso ha de ser indispensable en el nuevo tipo de Estado la vasta y científica organización de un sistema cooperativo nacionalizado y la adopción de una estructura política de democracia funcional basada en las categorías del trabajo” (pp. 140-141).

Para Haya el triunfo sobre el imperialismo no estará asegurado mientras no se cambie radicalmente la naturaleza de la economía peruana: “La nacionalización de la tierra y de la industria y la organización de nuestra economía sobre las bases socialistas de la producción es nuestra única alternativa. Del otro lado está el camino del coloniaje político y de la brutal esclavitud económica” (p. 40).
Haya no rechaza los capitales imperialistas porque el imperialismo tiene un “lado bueno” (trae los capitales y la tecnología necesarios para el desarrollo) y un “lado malo” (oprime y explota a los pueblos). De lo que se trata es de constituir un “Estado antimperialista” que tenga la fuerza suficiente para negociar con el imperialismo en condiciones de igualdad neutralizando su lado expansivo y explotador y aprovechando el positivo.

Al empezar el siglo XXI, ¿quién está más cerca de Haya? ¿El Alan García de “El perro del hortelano”, cuya obsesión es vender el país a cualquier postor, o Chávez, Morales, Lula, Bachelet o Correa?

1Hay quienes se inclinan por Treinta años de aprismo (México: FCE,1956), pero este es en buena cuenta una larga glosa de El antimperialismo…, encaminada a justificar los virajes que el Apra dio durante su azarosa existencia.

FUENTE:
http://www.larepublica.pe/columna-en-construccion/22/09/2009/el-antimperialismo-y-el-apra-en-el-siglo-xxi

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