Perú: Que le vaya mal

Juan Manuel Robles

«Que le vaya bien a Keiko no es otra cosa que la multiplicación de Vanes, Tomasitos y hermanitos en la Fiscalía»

El martes jura Keiko Fujimori y, como en julio del año 2000, después de un fraude que nadie podía llamar fraude —porque “no había pruebas”—, algunas voces llaman a poner buena cara, ver el vaso medio lleno y ser constructivos. Así como entonces celebraron al Chino a pesar de lo podrido que estaba, llaman ahora a alentar a la hija, primera mujer elegida por voto popular. No me sorprende que festejen los diarios de pasado montesinista o los que, a punto de naufragar por la crisis del sector, se aferran a la esperanza de la pauta salvadora a cambio de zalamería, kimono puesto y campañas de demolición. Sí impresiona —aunque cada vez menos— ver a exantifujimoristas convertidos en geishas, que alzan los hombros y sacan la coartada: hay que desearle a Keiko que le vaya bien, pues si le va bien a ella le irá bien al Perú.

A mí eso me suena a mal chiste, por supuesto. No comparto este rapto súbito de buena onda, y que se vayan a destrabar —a lo bestia— unos cuantos proyectos mineros jugosos no alcanza para ponerme de buen humor (será que no asesoro a ninguno de esos peces gordos). El asunto es simple: que le vaya bien a Keiko Fujimori, la hija del criminal que tuvo que huir del Perú —a quien reivindica sin pudor—, significaría que las cosas le salgan como ella planea, que cumpla con sus objetivos. ¿Y cuáles son esos objetivos? Tomar el Estado, capturar las instituciones, tener el control total. Terminar el trabajo que comenzó en estos años, gracias a su mayoría congresal, primero, y luego al pacto mafioso. Yo no quiero eso para mi país.

Que le vaya bien a Keiko significaría que caigan todos los fiscales que investigaron a la presunta organización criminal llamada Fuerza Popular y políticos aliados. Que le vaya bien sería lograr que el Ministerio Público se libre completamente de jueces probos y se llene de títeres dóciles, que respondan a los intereses naranjas, que le teman a la jefa. Que le vaya bien a Keiko no es otra cosa que la multiplicación de Vanes, Tomasitos y hermanitos en la Fiscalía. El éxito de Fujimori es el perfeccionamiento del sistema para quebrar políticos opositores: activación de carpetas para los senadores que molesten mucho, a los que se atrevan a investigar la corrupción que vendrá. Gustavo Gorriti en la cárcel será la señal de que a Keiko le va estupendamente bien. ¿Cómo podría yo gritar “¡mucha mierda!” al empezar esta función?

No es correcto desear el fracaso de los otros, dicen los gurúes de la autoayuda barata a quienes Keiko imita huecamente. No hay que desearle mal al prójimo sino anhelar el bien de uno mismo. ¿Pero qué pasa si el bien de otro es nuestra ruina? No puedo desearle el bien a Keiko, no puedo querer que cumpla sus sueños, porque sus sueños son un JNE aún más arrodillado —como se vio en la ceremonia de entrega de credenciales—, un RENIEC con una jefa que le dice “madre de todo el Perú” y una ONPE en reorganización total, con nueva licitación de software y algún jefe timorato.

Debemos ser caballeros y desearle a Keiko buen viento y buena mar, afirman los que en el fondo quieren subirse a la ola y sacar su tajada. Y yo me pregunto cómo le deseas buen viento a quien quiere borrar la memoria histórica del conflicto armado como un huracán. Para Keiko, que todo vaya bien es que se logre eliminar todo resquicio, toda huella de la vergüenza que significó el régimen de su padre y el terrorismo de Estado; que se desmantele el Lugar de la Memoria diciendo que es por una “remodelación”. Digo: que le vaya bien a Keiko es que le vaya bien al negacionismo, a la propaganda y a la mentira: que los asesinos de La Cantuta pasen a ser víctimas, que las víctimas enterradas en fosas comunes pasen a ser monstruos.

Podremos decir “le está yendo bien a la presidenta” cuando haya consumado la desmemoria, porque ese es su objetivo. Su propósito es que no tengamos dónde ver a su aparente asesor Vicente Silva Checa recibiendo dos millones de dólares de Montesinos (porque el vladivideo habrá sido borrado). Que no tengamos dónde confirmar que Francisco Calisto, senador electo de Fuerza Popular cercano a ella, participó en el robo de setenta maletas con casetes de la casa de Vladimiro Montesinos, porque los archivos se esfumaron. Seguramente Martha Chávez desea que a Keiko le vaya bien y puedan desaparecer todas las evidencias de corrupción que la transición puso a disposición del público. Que el video Kouri Montesinos se vuelva un lejano rumor. Yo no deseo eso.

Que le vaya bien a Keiko es que le vaya mal al Perú. Que le vaya bien a la hija del delincuente Fujimori es pasar a una nueva fase de un plan ya empezado: que los militares y policías a quienes el Congreso —controlado por ella— les dio impunidad la protejan ahora de toda movilización, de toda protesta popular, con la seguridad de que las balas perdidas, perdidas se quedarán. Que le vaya bien a Keiko es saber que el último acto de Rospigliosi —la ley de impunidad militar y policial, aprobada al caballazo— es solo el primero de los que vendrán.

No deseo que le vaya bien a la señora Fujimori, como no deseé que le fuera bien a su padre cuando “ganó” el 2000. Imagínense haber deseado entonces que Fujimori y Montesinos siguieran gobernando, libres, impunes, riéndose de nosotros.

Por eso quiero que a Keiko le vaya mal. Lo deseo por el Perú. Me gustaría confirmar algunas cosas que sospecho: que es una inepta, que carece de nociones elementales de seguridad (y solo repite la idea vaga de la “mano dura”). El país militarizado soñado por Keiko es un disparate y por eso deseo, con toda mi alma, que le vaya mal y sus errores la metan en un callejón sin salida, de esos que la política peruana crea a veces. Que una crisis la saque antes de tiempo. Que el país la golpee lo suficiente para poder sobrevivir a ella (al daño que hizo y que hará cada día que pase en el gobierno). Ese es mi deseo. Feliz 28.

24-07-2026

Fuente: Hildebrandt en sus trece, Ed 792 año 17, del 24/07/2026

https://www.hildebrandtensustrece.com/

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