Una religión liberadora
Pablo Quintanilla
Mucho más que meritorio, el premio a la trayectoria otorgado por el Ministerio de Cultura al sacerdote católico Gustavo Gutiérrez era imprescindible. Desde fines de los sesenta, el P. Gutiérrez comenzó a publicar una serie de textos que fueron conformando una corriente intelectual que llegó a ser conocida como “teología de la liberación”. No fue el único de sus representantes, pero sí uno de los más originales. Habiendo nacido esta tradición en Latinoamérica, se expandió posteriormente por todo el mundo.
La teología de la liberación ha sido malentendida con frecuencia, pero si uno tuviera que resumir brevemente su complejidad, se podría decir que cuestiona una forma de entender la religión centrada en la forma y en el rito antes que en el contenido moral y espiritual, y que frecuentemente ha tenido un rol ideológico de justificación de relaciones de opresión social. Por ello, ha subrayado el doble carácter liberador que puede y debe tener la religión católica: debe liberar del mal y de las situaciones sociales de injusticia y dominación, insistiendo, por tanto, en el rol preferencial (no único) de la Iglesia hacia los pobres y excluidos.
Esta concepción teológica ha sido criticada por, supuestamente, estar influida por Marx. Aunque hace muchos años que ninguno de los teólogos de la liberación menciona este tema, pienso que Marx, como cualquier otro intelectual, no es un paquete de ideas inseparables, sino una compleja armazón de posiciones donde uno puede admitir la validez de algunas aunque no de otras. Como cualquier otro pensador clásico, Marx está superado en muchas cosas, pero no en todo. Si tuviera que elegir una idea suya que me parece aún válida e importante, me concentraría en su concepción de la ideología. Para Marx, esta palabra alude a un cuerpo de ideas que justifica una estructura social injusta, basada en relaciones de dominación. Es claro que el propio marxismo terminó convirtiéndose en una ideología de opresión en países como la ex Unión Soviética o Cuba, pero eso no cuestiona la validez de la idea en sí misma. La teología de la liberación subraya, por tanto, la necesidad de impedir que el mensaje cristiano se convierta en una ideología y lo importante que es hacer de él un instrumento de transformación personal y social. Como todo intelectual culto del siglo XXI, el P. Gutiérrez debe haber leído a Marx, así como al resto de la tradición filosófica occidental, pero sería totalmente falso afirmar que la teología de la liberación es marxista.
Oficialmente la Iglesia Católica reconoce a la teología de la liberación como una posición válida al interior de la pluralidad de tradiciones que constituyen el pensamiento católico. Es más, el cardenal Gerhard Müller, actual prefecto de la Sagrada Congregación para la Doctrina de la Fe (la institución que tiene a su cargo la custodia de la tradición intelectual cristiana) ha publicado en 2004, de manera conjunta con Gutiérrez, un libro titulado “Desde el lado de los pobres – Teología de la liberación”.
El P. Gutiérrez es una figura intelectual reconocida en el mundo entero. Sin embargo, creo que eso no es lo más importante en él. Lo principal es que es un hombre honesto que ha dedicado su vida a la búsqueda del bien y de la verdad. Eso es lo que hay que recordar en tiempos navideños. En comparación, los sobrealimentados, sobrecargados y sobreabrigados papanoeles sobran un poco.
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