El imperio en marcha atrás


César Lévano

El Banco Mundial difundió ayer un cálculo de efecto incalculable: dentro de cuatro años la China será la primera potencia económica del mundo. Los Estados Unidos pierden así el rango que tenían desde 1872, año en que desplazó a Gran Bretaña.

Treinta años después empezó, con el siglo XX, la penetración imperialista norteamericana en el Perú: banca Morgan, petrolera Standard Oil, gran minería del centro, que era hasta entonces nacional.

La casta gobernante peruana de entonces se entusiasmó con el nuevo amo y renunció a propiedades que le hubieran podido convertir en clase dirigente.

La lección es clara: un amo extranjero no es mejor que otro. Los gobernantes nativos tienen que abrir bien los ojos. El capitalismo chino invierte en el Perú influido por la realidad de que acá no existe un Estado nacional y previsor y porque, además, la coima de los funcionarios les puede mejorar el negocio.

El hecho es que el país debe prestar atención al proceso económico y social del mundo.

En nuestra América ocurren fenómenos que reflejan la marcha atrás del Tío Sam. Uno es el creciente descrédito de la paporreta neoliberal y otro, las sucesivas derrotas de los partidos y candidatos más sometidos a Washington.

Acaba de ocurrir en Panamá. El candidato de la oposición Juan Carlos Varela ha derrotado ahí por ancho margen a Domingo Arias, el apadrinado por el presidente en ejercicio Ricardo Martinelli. La fórmula perdedora llevó como candidata a la vicepresidencia a Marta Linares, esposa de Martinelli. La candidatura oficialista desplegó en la campaña electoral sus recursos millonarios, su poder mediático, el apoyo estadounidense.

Varela, empresario exaliado de Martinelli, libró su campaña con las banderas de justicia para los pobres, lucha contra la corrupción y política internacional independiente. En su primer discurso como presidente electo debe de haber crispado los nervios de la Casa Blanca y de la jauría de derecha continental: definió como acción prioritaria de su gobierno el restablecimiento de relaciones con Venezuela.

Esos lazos se rompieron cuando Martinelli buscó la intervención de la OEA en los asuntos internos de la República Bolivariana. Otro anuncio del mandatario electo es crear un servicio de salud para todos los panameños.

Panamá, país de los rascacielos transnacionales y de los harapos nativos, patria de Omar Torrijos (“a Torrijos lo murieron”, me dijo años atrás un embajador de Panamá), Panamá, rica en bancos y menesterosos, va a tener un presidente conservador sin excesos.

Una derrota adicional ha sufrido Washington: Juan José Rendón, asesor electoral y azuzador de la violencia en Venezuela, ha sido acusado, con pruebas, de recibir 12 millones de dólares de los narcotraficantes. De inmediato, el agente ha renunciado (o lo han botado de un puntapié) a su función de agente de la campaña reeleccionista del presidente Juan Manuel Santos. En la CIA han de estar llorando.

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