Vivir dentro de un libro

Eduardo González Viaña

Cuando yo tenía 11 años de edad, el bibliotecario de Chepén, mi tierra de nacimiento, se negó a prestarme la “Divina Comedia” porque, de acuerdo con su punto de vista, los niños no podían comprender a los clásicos.

A l conocer mi frustración, don Guillermo Viaña, mi abuelo, me ofreció su ayuda. Él tenía ese libro en su biblioteca, y me sugirió que lo leyéramos juntos. Por casi dos años, leímos y releímos la mágica obra de Dante… y ciertamente, la comprendí. Gocé de sus imágenes y, prácticamente, caminé con el poeta por los senderos del infierno y el paraíso. Me parece que lo he estado haciendo toda la vida.

Mi abuelo colgó el mapa de la península itálica y me mostró docenas de postales y reproducciones de pintura para que me ayudaran a conocer la historia y la geografía de la Florencia medieval.

Finalmente, compró algunos rollos de música italiana y los puso en la pianola para hacerme vivir el encantamiento de aquellas tierras y tiempos lejanos.

Cuando terminamos de leer el libro por quinta o séptima vez, mi abuelo declaró: “El bibliotecario ignora una verdad muy simple: los niños y los jóvenes pueden entenderlo todo. Solamente es necesario invitarlos a vivir a través de los libros.”

Desde entonces, esa ha sido mi filosofía de la educación. Durante 20 años, en la Universidad de Western Oregón, envié a mis alumnos a “construir un puente”. Además de hacer estudios multidisciplinarios sobre América Latina, ellos iban a las casas de las familias hispanas del valle para dar clases de inglés, de historia y de otras habilidades para vivir y sobrevivir en este país. Miles de familias recibieron los beneficios del programa. Y uno de mis alumnos escribió: “He recibido más de lo que he dado. Cosas… Como amor y familia.”

En cuanto mí, creo que siempre he vivido a través de un libro o tal vez dentro de él.

Por ello, nunca comprendí qué razones tenían para estar entre nosotros el amor o la muerte, pero la Divina Comedia me permitió navegar por su extrañeza. Durante mi vida en los Estados Unidos, ese libro me ha ayudado a entender la aventura de los inmigrantes que atraviesan el infierno para llegar aquí y se pasan la vida buscando un paraíso que no sabemos si existe. Por eso, se llama Dante, el personaje principal de mi libro “El corrido de Dante”.

La misma divina y humana “Divina Comedia”, caminando conmigo, me enseñó a comprender a César Vallejo, tanto su ternura terrible como su propia vida. Y así entendí la cárcel de Trujillo y el libro “Trilce” que escribiera allí.

Y por esa razón es que nuestro poeta desciende a los mundos de abajo en mi novela “Vallejo en los infiernos”. También en este caso fue italiana- “Vallejo agli inferi”- su primera traducción y, en estos días, viajaré a Londres para el lanzamiento de su versión inglesa como “César Vallejo’s Season in Hell”

La semana pasada fui incorporado como miembro de número de la Academia Norteamericana de la Lengua Española y miembro correspondiente de la Real Academia. Algo tuvo que ver en ello, por supuesto, mi terca adhesión a Dante, y por ello mi discurso de aceptación se llamó “Vallejo en los infiernos: biografía de una novela biográfica”.

Gracias al texto mágico que mi abuelo me enseñó a leer, pude viajar por toda la azul región de la Toscana y señalar con un dedo los pueblos de allí como recordándolos. Y seguramente, cuando me toque el viaje mayor, recorreré los infiernos, saludaré a sus interesantes habitantes y volaré después en el camino de la luz que no termina nunca. Tal vez, he salido de ese libro.

http://diariouno.pe/columna/vivir-dentro-de-un-libro/

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

*