Perú: País aún de retrógrados

Claudia Cisneros

Perú, país aún de “retrógrados”. Donde no solo los “líderes de los business todavía hablan de los cholos” (como reconoce PPK aquí: http://goo.gl/AeRXlO), sino donde funcionarios de Estado, periodistas, jueces y fiscales, ciudadanos mayoritariamente, asumimos posiciones de privilegio social menospreciando a todos los que no se parecen al hombre-blanco-occidental. No necesitamos decirlo, ni siquiera necesitamos nombrarlos despectivamente, porque nuestro desprecio y aires de superioridad se expresan precisamente en el silencio cómplice que invisibiliza a ciertos grupos sociales de la agenda nacional, que los convierte en esos “que joden, que bloquean carreteras, que no se ni importan cuáles sean sus problemas, demandas o necesidades porque tenemos cosas más importantes que hacer y de qué ocuparnos”.

Cada vez que un periodista “informa” de una protesta sin haberse interesado en ahondar en su origen y su implicancia social y solo repite “es ilegal bloquear carreteras”, simplificando, banalizando una problemática que afecta a personas con iguales derechos que el periodista, con la diferencia que deben protestar para que se le reconozcan esos derechos que otros ejercen sin cuestionamientos; o cada vez que un juez o fiscal usa las herramientas de la justicia para generar injusticia contra quienes solo defienden su legítima forma de vida distinta de la de la gran urbe, porque defienden sus cuencas fuentes directas de agua o sus tierras comunales; o cada vez que un congresista, un ministro, un presidente desprecia a una etnia (Alan García y el Apra al pueblo awajún https://goo.gl/fm79n6), o cuando estos funcionarios no incorporan en sus agendas de trabajo y políticas públicas a aquellos distintos a su concepción restringida de ciudadano sujeto de derechos, porque son minoría o porque sus necesidades implican un abordaje distinto, más complejo, más fino, incluso más esforzado muchas veces que las de su “ciudadano común”.

Pero todos los días, con la inconsciencia como toda excusa, excluimos de nuestros horizontes de vida las vidas de muchos, las vidas y derechos de tantos otros. A diario vivimos como si ellos no existieran, como si sus prioridades no fueran importantes, como si sus necesidades fueran secundarias para el país. Por eso una fiscal en Lima –“Marcelita” Gutiérrez- puede ser tan indolente como para archivar la denuncia de esterilizaciones a la fuerza en la que un presidente y sus ministros de salud son responsables de uno de los peores actos de violencia y discriminación brutal contra no una sino miles de mujeres en el Perú. Con su archivamiento les dice a las más de 2,600 mujeres que su dolor no importa, que su sufrimiento no importa, que ellas no importan porque son quechuahablantes, porque son “serranas”, porque no tienen poder o dinero, porque no son mujeres blancas occidentalizadas, porque tal vez no son como “Marcelita” (https://goo.gl/EVdEQb).

Por esa forma de hacer invisibles al otro distinto es que los únicos acusados por el sangriento Baguazo son solo nativos, indígenas y campesinos pobres, mientras los responsables políticos y policiales –hombres y mujeres blancos occidentalizados– gozan del privilegio de no ser procesados por sus co-responsabilidades en la masacre. Gozan de impunidad a razón de su poder de gente blanca occidentalizada que se cree por encima de las leyes y la justicia.

Esa manera de violentar al otro distinto nos empequeñece como nación. Cuando un comunicador social indígena cajamarquino como César Estrada Chuquilín es agredido por policías contratados por la gran empresa, y hasta amenazado de muerte (https://goo.gl/RfgPTu). Cuando su vida corre peligro y el sistema de justicia es usado para impartir injusticia solo porque se atrevió a informar a su comunidad acerca de los peligros del proyecto Conga, cuando el poder económico blanco occidentalizado en contubernio con su par político, digo, conspira en contra del indígena, no resguarda su integridad como la CIDH ha exigido en una reciente medida cautelar a su favor, y cuando este mismo hombre acaba de ganar el premio internacional Martine Anstett (http://goo.gl/dNGvmY) por la defensa de los derechos de su comunidad, es que queda manifiesta nuestra mediocridad como sociedad y país.

Solo cuando nuestra sociedad interiorice y proyecte públicamente su diversidad cultural, solo cuando esa pluriculturalidad se exprese en toda política pública, en toda relación social, habremos alcanzado como sociedad en su conjunto un grado mayor de enriquecimiento humano, de justicia social y de civilización. Solo cuando se deje de asumir como civilizado o como desarrollado el concepto hegemónico del hombre blanco occidental y se incluya a los otros iguales en derechos pero reconocidos en sus legítimas diferencias, es que habremos alcanzado realmente un grado mayor de civilización como especie y como comunidad humana y país.

http://larepublica.pe/impresa/opinion/792025-peru-pais-aun-de-retrogrados

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