El peso de la calle

Gustavo Espinoza

Suele decirse que cuando se convoca un acto de masas y asiste a él un centenar de personas, nadie toma en cuenta el hecho. Si concurren miles, entonces sale la información en los medios. Si participan centenares de miles, es noticia grande. Y si se vuelcan millones, ocurren profundas transformaciones sociales.

No es que, mecánicamente cambien las cosas en función de los números. Es que ocurre un fenómeno que los estudiosos llaman una ley del desarrollo: El aumento en cantidad, se transforma en calidad.

Eso podemos verlo en el Perú de nuestro tiempo. Desde hace varios años comenzó a incubarse en el pueblo un alto nivel de responsabilidad ciudadana. El combate contra el régimen fujimorista, polarizó al país; pero también despertó conciencia cívica y espíritu de lucha que, sin embargo, se fue adormilando en años posteriores por las desilusiones que deparó la inopia de las administraciones posteriores.

Renació, sin embargo con fuerza, cuando el país consciente, se puso de pie para impedir el retorno de la mafia. Fue esa una confirmación del peso de la calle.

Desde el 2016, sobre todo, pudo registrarse un nivel muy alto en la capacidad de convocatoria de las multitudes. Millares de personas, en uno y otro confín de la patria, salieron a las calles, para expresar una aguerrida voluntad: nunca más debiera retornar el imperio de una voluntad empeñada en envilecer la vida nacional en provecho personal o de grupo. El rechazo al indulto fue una piedra decisiva.

Los colectivos sociales -sobre todo-, las redes, las organizaciones sindicales, políticas y culturales, y los ciudadanos de a pie; se mostraron prestos a la acción para impedir maniobras de la clase dominante, empeñada en colocar nuevamente al Perú bajo el manto de una dictadura disfrazada, dispuesta siempre a devorar las riquezas nacionales, cuando no entregarlas al apetito desmedido de las grandes corporaciones.

Esa fue una lucha que no tuvo partido. A ella se sumaron personas de distinta militancia y muchos que, sin tenerla, abrigaron –aunque borrosamente- la idea de forjar algo con lo que soñara en su momento José Carlos Mariátegui: forjar un Perú Nuevo, dentro de un Mundo Nuevo.

Y sí, mientras en otros países de la región soplaban vientos de cambio, en el Perú se alentaba un camino de corte profundamente patriótico y nacional que no pudo expresarse a plenitud en el escenario político constreñido del momento, pero que afloró después -en términos deportivos- cuando el Moscú del 2018 dio la bienvenida al mundo.

Vuelve la gente a la calle y busca, con la consistencia de sus pasos, forzar un cambio que abra camino de salida a una crisis que parece irreversible. La voluntad del pueblo se expresa: hay que vencer a la mafia. Es la voluntad ciudadana.

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