Keiko Fujimori en libertad

César Hildebrandt

Nos merecemos a Keiko Fujimori.

Nos merecemos a Chávarry.

Nos merecemos a Ernesto Blume.

Nos merecemos a Luis Castañeda, al Congreso que reconstruiremos en enero próximo, al Jurado Nacional de Elecciones tramposo.

Nos merecemos a Pedro Olaechea, a Ollanta Humala y señora, a la televisión que pudre, a la radio del guarapo, a la prensa aturdida por el miedo.

Sí, merecemos estas penurias. Son las que toleramos, las que seguimos permi­tiendo.

Algo de chancaca hay en nuestro carácter. Un dulzor horrible nos hace beatos, sirvientes, obedientes, ujieres, churrupacos, agachados y rastreros.

Y esta semana el club del delito, al que pertenecemos obligatoriamente por haber nacido en estas tierras, ha vuelto a tener un éxito loco.

Keiko está libre. Volverá a asustar testigos, a borrar huellas, a desaparecer documentos, a perder libros contables, a cambiar declaraciones y a inventar cócteles. Volverá a fingir que está en la política cuando, en realidad, lo que dirige es una organización presta al delito, digna heredera de aquel padre ladrón que compraba opositores e in­demnizaba a Montesinos con dinero encostalado disponible en Palacio. La ayudará el Poder Judicial que ha exi­mido a Pedro Chávarry. Colaborará con ella el lado de la Fiscalía que Cé­sar Villanueva ya había infectado. La seguirán ayudando los empresa­rios miserables que amaron a Fuji­mori porque él convirtió al Estado en fantasma y a los sindicatos en espectros y a la justicia en la dama de la noche que sigue siendo. No es un país el que necesitan esos señorones: lo que quieren -y qui­sieron siempre- es una hacienda con leyes propias y cárcel adjunta.

Y eso es lo que el Perú seguirá siendo: una hacienda donde Rober­to Abusada es el gurú de la economía y Villa Stein el jurisconsulto de moda. No aspiramos a más. Para qué. Sería como interrumpir la siesta ventral que tanto nos gusta y que dormimos desde hace dos siglos.

Cuando vuelvo a la historia del Perú, allí están las mentiras que sustentaron la ficción de país que fabricamos desde la autocomplacencia más patética. Naci­mos con una doble traición -la de Riva Agüero, la de Torre Tagle-, nos inde­pendizaron a la fuerza y convertimos a Bolívar en “dictador vitalicio” y proba­dor de mujeres, nos corrompimos por vocación. Leer a Alfonso Quiroz es un deber. También lo es leer a Emilio Ro­mero. Basadre, aunque tibio, es el autor del extenso obituario de este país fallido que habrá de celebrar el bicentenario de lo que pudo ser.

Si Cioran hablaba de un universo aquejado de inutilidad, este columnis­ta, modestamente, podría hablar de un país que resume la derrota de la teoría del progreso.

Miren a su alrededor. ¿Este caos es lo que nos propusimos ser? ¿Esta vulgaridad fue nuestro proyecto? ¿Esta abyección fue nuestro sueño? ¿Este olor a hediondez es lo que esperábamos?

Mientras el Tribunal Constitucional le concede a la señora Fujimori el dere­cho de seguir complotando, presencial­mente, en contra del proceso que por lavado de activos tiene abierto, se presenta el libro del hombre que se mató cuando todas las pistas conducían a sus bienes malhabidos y a sus cuentas de hollín en trance de viudez. Y se presenta como el testimonio de un cuasi mártir de la democracia y del abuso judicial. La suya será otra mentira fundacional. Vivimos de mentiras. Vivimos para mentirnos.

Decimos que tenemos ins­tituciones. Mentira. Las ins­tituciones no son abstrac­ciones y en el Perú gran parte de ellas han sido desquicia­das por haber sido secues­tradas por la delincuencia. Miren en qué acabó el Conse­jo Nacional de la Magistratu­ra. Pregúnten­le al “tribuno” Ramos en qué club de alter­ne celebrará la liberación de Keiko Fujimori y por qué esgrimió el argumento del cierre del Congreso para sostener su voto. Recuerden qué fue el “parla­mento” que Vizcarra tuvo que cerrar por razones respiratorias. Miren a los Cuellos Blancos y entérense qué puede ser la judicatura (a pesar de que el in­formante Uceda quiera limpiar al capo Hinostroza). No se hagan los locos: re­visen la lista de candidatos al Congreso de enero y díganme si de esos nombres puede salir la esperanza de un cambio.

¿Qué quiero decir? ¿Que estamos condenados? Sí, eso es precisamente lo que quiero decir.

Estamos condenados porque he­mos permitido que la plutocracia y sus trovadores mediáticos nos instalen en este sopor. A la plutocracia y a los pavos reales de su narrativa les interesa que el Perú siga siendo lo que es: un prefacio de país, un terral donde la barbarie se impone, un gran silencio.

La plutocracia y sus hechiceros in­sisten en que no debemos cambiar la Constitución-Candado impuesta por el corrupto fujimorismo. Le interesa a la plutocracia que “lo privado” sea beatifi­cado y que “lo público” se someta siem­pre a sus inquisidores. La plutocracia gobernante aspira a que el fujimorismo de 1992 dure mil años, como Hitler pre­tendió que durara su reino de terror.

Y ya es tiempo de parar esto.

Chile empieza a librarse de las ca­denas del pinochetismo. Honor a su gente. Honor a sus protestantes. Bienvenida la nueva república que en Santiago comienza a asomar.

No necesitamos incendiar el país para empezar a cambiar. Bas­taría, por ahora, con no votar por la podre. La podre es el fu­jimorismo, la derecha siempre vencedora y cutrera, los empre­sarios del aceite. Sería un buen comienzo. Lo demás consistirá en jalar la cadena y ver que en ese remo­lino liberador se va nuestra debilidad, nuestro estoicismo, nuestra condición de hipnotizados. La libertad puede em­pezar en el váter.
______________
POSDATA; reitero, por enésima vez, que no uso las redes sociales y que los textos que el bandoleris­mo virtual me suele atribuir son apócrifos.

Fuente: HILDEBRANDT EN SUS TRECE N° 470, 29/11/2019  p12

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2 comentarios sobre “Keiko Fujimori en libertad

  • el 1 diciembre, 2019 a las 9:53 am
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    Haber Cesar, te olvidaste que nos merecemos a los agazapados caviares y singulares agnósticos que sólo creen en lo que les conviene. También te olvidaste de hacer mención de Cantinflas y su más conspicua de sus discípulos la señora más falsa de la TV , Guísela. No como personajes sino por la forma como aturden y confunden hablándole al público para terminar de derivar su atención en otra cosa que no sea lo escencial, es decir a “nada”, para no hacer nada y que todo quede tal y como empezó a joder este país.
    Si Cesar estamos condenados a cadena perpetua, como Montesinos y Abimael, pero a diferencia de ellos , el resto no hemos hecho nada más que sufrir de indiferencia crónica , pervertida por la multiétnica razón de ser peruanos y eso es decir bastante de nosotros mismos desde mucho antes de aquellos ilustres personajes que mencionas,; Atahualpa y Huascar no fueron precisamente ejemplo de honestidad, desprendimiento, de amor fraternal o unidad.
    Si pues, en estas circunstancias no habrá congreso que me arregle este pastel maltrecho. Estoy esperanzado que aparezca alguien que esté dispuesto a transformar el país sin remilgos emocionales y con la mano tan dura como filuda que pueda hacer verdad aplicar esa frase …..”caiga quien caiga”.

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  • el 2 diciembre, 2019 a las 11:18 am
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    Saludos a ud. mi respetable cesar,la verdad es que se nos apaga la llama del calor y de seguir caminando y alumbrando en ésta oscuridad del infierno delincuencial en que vivimos,¿porque existe todavia tanta gente ciega con semejantes ojos,y no ve nada,tanto cojo que no marcha ni camina,teniendo buenas piernas, tanto loco y enfermo que no hace trabajar su cerebro,porque lo tiene ocupado y desgastado por el maldito celular,programas televisivos con personajes que tienen un cerebro y un coeficiente de nevera congelados,hasta cuando alcanzaremos ese gran cambio,tendre que esperar cuantas generaciones,es como esperar que el oceano se seque y poder caminar y correr en tan inmenso terreno,somos tan idiotas que nos dan el revolver para disparar y presionamos el gatillo con el cañon apuntando a nuestra cara,asi somos, vemos como los fujimori,los blume,los chavarry,los garcia,los humala,los romero y otros extraidos de las aguas putrefactas que les dieron vida,hacen y deshacen de nosostros como peruanos,tal vez el hambre puede mas y solo les queda estirar la mano para suplicar un pedazo de pan y dejar que hagan lo que quieran,asi estamos

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