Hacia un desastre de proporciones medievales

César Hildebrandt

Va el primer ministro al Congreso y anuncia los nuevos evangelios, el mañana que construiremos juntos. Blablablá del primer chancón de la clase.

Responden los congresistas. La mayor parte de ellos no valdrían ni para gerentes de una microempresa y hay en esas bancadas quienes no llenarían el honorable puesto de un conserje. Pero como decían las abuelas a la hora de juzgar a sus novios: es lo que hay. Y lo que hay es un primer ministro que recita lo que le han escrito y unos congresistas que, salvo raras excepciones, improvisan su cultivada estupidez.

La pandemia se ha tumbado también a la clase política.

Ha quedado al desnudo que no era solo la falta de hospitales y médicos y recursos. Era que estamos, para decirlo de modo abreviado, en manos de incompetentes y pícaros.

¿Han visto cómo es que el ministro de Salud sigue mintiendo? ¿Han visto qué poquita fe merece la inexistente ministra de Cultura? ¿Se dieron cuenta de que la ministra de Economía suscribe lo que no cree y luego, en letra menuda, sabotea el propósito original de los decretos de urgencia? ¿No escucharon al ministro del Interior decir que las cuarentena se mantenía y que las fuerzas del orden la hacían respetar?

El presidente de la república pidió disculpas por un discurso confuso. Pienso, sin embargo, que ese largo monólogo fue el más auténtico que nos ha infligido. En esa sucesión de contradicciones, en esa antología de brumas y garúas mentales, estaba el retrato de un gobierno aturdido por el tamaño de la crisis. No fue confusión: fue confesión.

Tres días después, el presidente salió a aclarar el panorama. No dijo nada nuevo, en realidad, porque mantuvo intacto el escenario anunciado.

¿Alguien puede creer que se duplicarán, en un mes, las camas UCI y los equipos de respuesta rápida?

Lo que ha hecho esta semana es confirmar que ha reconocido la derrota. Lo que ha hecho es autorizar una “cuarentena flexible” oxímoron que se traduce como no-cuarentena. ¿Era inevitable hacer eso? Desde el punto de vista económico, seguramente que la respuesta es un exasperado “sí”. Pero el costo que eso tendrá en materia sanitaria es algo que no podemos obviar. Vamos camino a una fase siniestra de la propagación de la epidemia y eso podrá significar una segunda fase de aislamiento social y una recesión aún más aguda de la economía.

El gobierno se atreve a dar el salto al vacío y pretende, como los magos torpones, que no nos demos cuenta de la operación. Por eso dice que todo está bajo control y que la “supervisión” de las actividades económicas está garantizada. ¿Garantizada por los municipios como el de La Victoria, que han tirado la toalla y reconocen que no pueden hacer más para evitar los tumultos virales?

La doctora Mazzeeti admite que se vienen semanas dramáticas. No es cierto. Se vienen meses de angustia. Y si la situación se agrava, el coletazo golpeará las elecciones del próximo año. ¿Qué candidatura bizarra puede producir una situación desesperada?

Dice el señor Vizcarra que regresan los negocios pero no nos advierte qué puede significar eso en materia de salud. Es como si ya tuviéramos puesta la vacuna, como si ya se hubiera dado con el fármaco que mata al covid-19.

En vez de advertirle al país que se da un paso peligroso con tal de reactivar la economía, se nos dice, en resumen, que la cuarentena prosigue y que el aislamiento social se mantiene. Las escenas de todo el Perú, incluida la anárquica Lima, desmienten todo ese tinglado. La verdad es que ya no hay cuarentena y que el contagio se acrecentará. Y el sistema de salud pública no está preparado para una tormenta perfecta como la que se avecina.

El gobierno ha vuelto a mentir. Ha dado un salto al vacío y pretende decirnos que pisa tierra firme. Un gran sector de la prensa aplaude y se dedica a críticas menores Lo que se calla es que podemos estar yendo hacia un desastre de magnitudes medievales. No somos Alemania ni España ni Italia. Somos el país donde los pobres se escondían detrás de las encuestas tramposas del INEI y donde la salud de nuestra macroeconomía enmascaraba unas de las sociedades más desiguales del planeta.

Fuente: HILDEBRANDT EN SUS TRECE N° 491,  29/05/2020 p9

http://www.hildebrandtensustrece.com/

https://www.facebook.com/semanariohildebrandtensustrece

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

*