“Perú necesita una reforma tributaria que alcance las distintas formas de riqueza”

Francisco Durand         (Entrevista de Elizabeth Salazar Vega)

La propuesta del Ejecutivo para crear un impuesto solidario sobre los ingresos ha encendido el debate respecto a su necesidad y repercusión en el actual contexto económico y sanitario que afronta el país, sobre todo porque no se ha detallado cuál es el sustento técnico ni cuál será el umbral de salarios que se gravaría.

En esta entrevista, el sociólogo y profesor de Política y Gobierno de la Pontificia Universidad Católica del Perú (PUCP), Francisco Durand, explica por qué la pandemia nos obliga a mirar nuevas formas de recaudación, pero advierte que un solo impuesto no hará la diferencia, pues debe hacerse pensando en una reforma tributaria integral. Además, el experto en el estudio de grupos económicos advierte que los conglomerados familiares que hoy dominan los sectores de banca, comercio, industria, servicios y otros se reconfigurarán por el impacto del Covid-19.

El Covid-19 está acentuando la desigualdad económica a nivel global ¿Puede el Estado generar más recursos en el corto plazo y atenuar la caída en la recaudación de impuestos?

Se está abriendo una brecha fiscal que el Perú no reducirá con los ahorros generados en nuestros periodos de bonanza, endeudamientos o reservas en moneda extranjera. Se necesitan más recursos para la situación de pauperización acelerada a la que nos estamos acercando. Ha llegado el momento de debatir el impuesto a la riqueza. Si se aplica correctamente puede generar un aporte significativo y con sentido social.

En una entrevista reciente con otro medio, Roque Benavides, el expresidente de la Confiep y presidente de Minas Buenaventura, calificó esta propuesta como un absurdo ideológico.

Hay una especie de pánico o temor entre los ricos. Quienes han ganado extraordinariamente bien en el Perú no quieren que les toquen los ingresos. Estamos hablando del 2% de la plutocracia neoliberal, del miembro del directorio de un banco que recibe US$10 mil de dieta mensual, por un día de reunión a la semana; de los consultores financieros y abogados de los estudios de élite que ganan hasta 20 veces más que sus pares.

Esa resistencia ha llegado a un punto límite por el coronavirus. [El Estado Peruano] no obtendrá mayor recaudación del Impuesto Selectivo al Consumo (ISC), ni del impuesto a la gasolina ni al licor, sino de la riqueza generada por actividades económicas que ya tienen una serie de beneficios tributarios y regímenes especiales, los cuales les han permitido lograr esta acumulación.

Pero no es la primera vez que en Perú se plantea una política más redistributiva que provoca la oposición de cierto sector del empresariado ¿La pandemia puede ocasionar un cambio?

Estamos en una situación curiosa. Los ricos en el Perú están a la defensiva, pero golpeados. Golpeados por el escándalo de Dionisio Romero y las donaciones de campaña hechas [por el Banco de Crédito] a Keiko Fujimori, la participación de la Confiep en esos aportes, la investigación del caso Lava Jato y del Club de la Construcción.

El Perú les dio riquísimas reservas naturales que, en muchos casos, son no renovables; condiciones jurídicas estables, la posibilidad de ofrecer salarios bajos y controlar la sindicalización. Están acumulando una fortuna que se disparó en el periodo de la bonanza, pero mantienen una persistente negativa a devolver lo que el país le da en proporción, porque el problema es ese: la devolución.

¿La pandemia está obligando a los gobiernos a pensar en una reforma tributaria?

La pandemia nos permite mirar oportunidades de reforma. Se necesitan más recursos y la inequidad histórica es insostenible. Los peruanos de menores ingresos experimentarán una extensión de la pobreza que ya creíamos superada: la miseria. Hemos entrado a un periodo de pauperización, y todo depende de cómo [el Gobierno] maneje la pandemia y qué resultados tenga la política de reactivación [de la economía]. Por ejemplo, un afiche en una vivienda en Huaycán [Ate] decía: virus para los pobres, corona para los ricos. Así lo están sintiendo, y momentos como el actual dejan el camino libre para medidas populistas.

Y eso es peligroso.

Por supuesto, pero a veces también abre cajas de pandora. En todo caso, es mejor que estemos discutiendo todo esto ahora y no mantengamos el statu quo de siempre, en donde ciertos sectores económicos son favorecidos por exoneraciones tributarias, optan por la judicialización eterna de deudas fiscales y reciben incentivos como los que Roque Benavides acaba de pedir en plena pandemia. Eso se agotó.

¿La opción actual para el Estado es gravar los ingresos con un impuesto solidario como adelantó el primer ministro Vicente Zeballos, luego del anuncio de Vizcarra?

Vizcarra propone un impuesto a la planilla, y eso, en realidad, toca más a la clase media y media alta, y no al 1% o 2% de la población enriquecida. Gravar los ingresos sería viable, pero con un umbral razonable: una persona que gana S/50 mil al mes, por ejemplo, es una persona privilegiada y sí podría pagarlo. Pero el tope de S/10 mil que se ha comentado es un impuesto falsamente solidario.

La solidaridad no puede centrarse en una clase media que también está impactada por esta crisis, con pérdidas de empleo y de clientes. Lo peor que puede hacer [el Gobierno] es afectar a la clase media porque los ricos van a utilizar este discurso como fuerza de choque para generar rechazo a la propuesta y diluir el debate.

¿Un solo impuesto hará la diferencia?

Debe ser una batería de impuestos que se implementen de forma gradual. Un solo impuesto no basta, sería un parche. Debería ser un impuesto a la riqueza y otro a la acumulación de fortunas, pero también se puede pensar en alícuotas a las ganancias generadas en las acciones de la Bolsa de Valores de Lima. Se requiere una reforma tributaria con orientación progresiva que tome en cuenta las distintas formas de alta riqueza. Esto pasa por una decisión política, legal y, sobre todo, técnica, porque hay que saber cuánto se recaudará con cada impuesto y cuál es el costo administrativo que le generará a la Sunat calcularlo y cobrarlo.

Usted ha investigado la estructura y poder de los grupos económicos en las últimas décadas ¿Cómo impactará la pandemia en estos conglomerados?

La pandemia puede generar oportunidad de renta y de reordenar las posiciones monopólicas u oligopólicas que se mantienen en algunos rubros. Pero es cierto que ellos también sentirán el golpe, es un sector privilegiado y protegido, pero que también enfrenta riesgo. Ya estamos viendo que Intercorp, el grupo más poderoso del país, ha rebajado el sueldo de sus ejecutivos en este contexto. La crisis va a depurar a los grandes grupos de poder peruanos, muy probablemente los va a disminuir en número.

Toda crisis trae una reconfiguración de todos los estratos empresariales. No olvidemos que durante la bonanza han tenido ganancias extraordinarias y se han expandido en América Latina a una gran velocidad. Una parte del dinero para ello proviene de sus ganancias, otra de la venta de acciones, bonos y préstamos. La deuda privada será alta. El modelo de Intercorp y AJE ha sido crecimiento por deuda, en pandemia eso les pasará factura.

¿Y en crisis anteriores, cómo han respondido estos grupos?

El efecto de una crisis en la clase empresarial es diferenciado, algunos quebraron, otros se mantuvieron a flote y hubo aquellos que recurrieron a la especulación. Cuando las condiciones políticas y sociales son riesgosas, la tendencia de los grandes empresarios ha sido protegerse con la fuga de capitales. En los años 80’ me invitaron a un congreso empresarial organizado por la Confiep y uno de los gerentes me preguntó: ¿Sabes cuál es el dicho más popular ahora? “No hay nadie más cobarde que un millón de dólares”, y se mató de risa. Efectivamente, los millones de dólares son los primeros que se van

¿Estamos en riesgo de que se acelere la fuga de capitales?

Probablemente se acelere la fuga de capitales, venta de propiedades, traspasos, adelanto de herencia. Es un mecanismo defensivo. Hace poco vimos el caso de una familia peruana que compró departamentos en Nueva York en un momento en que los precios en ese país se han reducido en un 7%. Y es por temor al impacto del coronavirus. En este contexto se debería tener en consideración, como parte de este amplio debate, el impuesto a la salida de capitales sobre cierto umbral. El Fondo Monetario Internacional (FMI) lo propuso hace un tiempo, pero no prosperó.

¿Los paraísos fiscales son las puertas de escape?

Definitivamente. El sistema offshore ha crecido muchísimo en todo el mundo y es muy utilizado por los grupos de poder peruano. Por ejemplo, D&C, que controla Camposol, tiene tres holding registrados en Chipre, que es un conocido paraíso tributario cerca del Medio Oriente. Los Añaños (Grupo AJE) tiene una sede corporativa en Holanda, un paraíso tributario en la Unión Europea; los Romero, a través de Credicorp, mantienen sedes en el Caribe. Pero hay otras compañías offshore de la cual hay poca información, en Panamá, en Gran Cayman, en Andorra, y la Sunat no las conoce o no quiere involucrarse.

¿La norma antielusiva que tiene el Perú, conocida como Norma XVI, es suficiente?

Recordemos que la Norma XVI fue bloqueada desde el 2014. Diversas presiones lograron frenar por años la acción fiscalizadora de la Sunat y recién ahora se podrá detectar casos de elusión de impuestos. Esos son los juegos de poder que no se ven. La OCDE [Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos] presiona a los países para que tengan mayor fiscalización de los fondos que van a las offshores porque todos los gobiernos están perdiendo millones en tributos.

Si el Perú quiere entrar a esta organización, deberá demostrar qué esfuerzos antielusivos está realizando durante la pandemia. Pero también debemos fijarnos en el Estado, en su capacidad institucional y en la voluntad fiscalizadora de Sunat. Si no designas a un superintendente de la Sunat con capacidad técnica, voluntad y apoyo político, puedes aprobar todos los impuestos que quieras, sin efecto alguno.

https://ojo-publico.com/1804/durand-peru-necesita-una-reforma-tributaria-que-alcance-la-riqueza

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