Perú: Una clase política en el lodazal

Patricia Paniagua

La última semana hemos sido testigos, nuevamente, de la alarmante despreocupación de nuestra clase política por el momento que atravesamos y de su nula capacidad para hacer una lectura mínimamente seria y responsable de a dónde hemos llegado de su mano y de la ausencia de condiciones para la gobernabilidad del país.

La situación de “contrapeso perverso” entre Ejecutivo y Legislativo, sus decisiones marcadas por sus agendas clientelistas, antiderechos, de debilitamiento institucional, de abandono de la integridad pública y de afectación a nuestra democracia han dado lugar a un escenario que facilita su supervivencia, en el entendido que “uno no es mejor que el otro”, sin importar el costo que esto tenga para el país y para el bienestar ciudadano.

Poco o nada parece importarles cuanto esta situación abona aún más a su descrédito y desaprobación, menos como sus decisiones repercuten dramáticamente y nos conducen a una terrible crisis institucional.

Basta con analizar el origen de nuestra clase política actual, la situación calamitosa del sistema de partidos políticos de la que nace; el sistema electoral que normó su elección, pendiente de ajustes que mejoren la calidad de nuestra representación y la adecenten; y el sabotaje que todo intento de reforma política de impacto ha tenido de su parte, para entender que emerge de un lodazal de hechos probados, denuncias, cuestionamientos y descrédito que los antecedieron y que permanecen, con los que conviven sin ninguna incomodidad, y a los que se han asimilado y aportan activamente, añadiendo nuevos hechos, denuncias, etc., que nos muestran el terrible hoyo de lodo en el que hemos caído.

Un Legislativo que tiene entre sus filas, sin ninguna sanción y en pleno ejercicio de funciones, a un denunciado por violación sexual nos habla de su nula capacidad para reaccionar e indignarse en un contexto en el que los cuestionamientos y denuncias son varias, al punto de relativizar su terrible gravedad. Y un Ejecutivo sobre cuyo jefe y antiguo círculo cercano pesan serias denuncias vinculadas a hechos de corrupción, y que, lejos de rendir cuentas a la ciudadanía, insiste en una conducta de evasión y victimización que nos habla de su inexistente urgencia por esclarecer los hechos y probar su integridad.

Uno que niega, sin ningún argumento de asidero, una autorización de viaje protocolar como una suerte de penalización y el otro que anuncia, fallidamente, la conformación de un gabinete de ancha base e insiste en el rumbo errado, son evidencia del lodazal de intereses, mezquindades y egos en el que coexisten.

Está claro que la solución al entrampamiento en el que nos encontramos no emergerá de ese lodo, sino que deberá hacerlo del diálogo y el consenso de la sociedad civil organizada y la ciudadanía haciendo suyo el ejercicio de la política. Tampoco dejemos de recordar y creer que cuadros políticos decentes han sido y son posibles, soy testigo de excepción de uno de ellos, personas con real vocación de servicio, intachables, solventes, íntegras, con amor por el país, con ganas de aportar y con la certeza de que no hay mayor legado que una trayectoria impecable y un apellido limpio.

https://larepublica.pe/opinion/2022/08/07/una-clase-politica-en-el-lodazal-patricia-paniagua/

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