Perú: “No puedo ser pesimista porque sé que existe una fibra de coraje, de fuerza, de positividad”

Natalia Sobrevilla      (Entrevista Carlos Paucar)

La historiadora manifestó sus impresiones del país de cara al aniversario patrio de 2023. “La constante de la historia peruana hasta la actualidad es la desigualdad. Vivimos en un país donde hay discriminación racial, de género, de regiones”, señaló.

¿Cómo nos encuentra este 28 de julio?

― Bueno, estamos en el Bicentenario del 23, que fue un año especialmente convulso. En julio de 1823, el país estaba dividido, teníamos un norte independiente, Lima que estaba asediada por los realistas, esperábamos ansiosamente la llegada de Bolívar, pero no se vislumbraba una situación así… Hoy, llegamos a este 28 de julio que será el primero donde la presidenta Dina Boluarte dé un mensaje a la nación. Y ¿cómo es posible que tengamos un régimen actual con el número de muertos que tenemos y que no haya una sola persona que tenga responsabilidad?

Una pregunta inevitable es si hemos tenido momentos igual de difíciles en el pasado.

― Hemos tenido. Por ejemplo, en 1841, después de la muerte de Gamarra, el país se desmiembra y hay tremenda anarquía. En un momento de 1842 tenemos a Justo Figuerola, quien, ante una turba bajo su casa, le dice a su hija que tire la banda presidencial por el balcón… En ese siglo XIX tuvimos varios años de revoluciones. Incluso con Castilla, en el período del guano, tuvimos una revolución en 1856-57 que duró 18 meses, Arequipa estuvo sitiada durante 18 meses entre esos años, cambios constitucionales constantes, batallas profundas. Y en el siglo XX también.

¿Hay quienes tienen una visión pesimista de la historia, ¿usted se considera entre ellos?

― No. ¿Y por qué? Porque yo crecí en este país en los años 80. Y entonces cuando a mí me dicen que esto es lo peor que se ha visto, digo “no”. Hay que tomar distancia y recordar. Porque además ahora se ha traído mucho el fantasma del terrorismo y lo que pasó… Nosotros vivimos hiperinflación, problemas políticos muy profundos, una guerra interna que desangró al país. No estamos en esa situación… El Perú es, además, un país que ha tenido momentos muy bajos, pero también ha tenido años de bonanza. Ha tenido oportunidades y eso no termina. El día a día de la mayoría de los peruanos es duro, difícil, es un país con mucha convulsión. Pero las familias, los grupos sociales, los comités de madres, los vasos de leche, las ollas comunes están. Existe una red social de contención. Yo encuentro esperanza en eso.

¿Quizás los grandes problemas como país se deban a qué no nos hemos construido como nación? En décadas pasadas se debatía mucho esto.

― Creo que el debate, en mi caso, gira más en torno a una cuestión que creo es medular en la historia peruana: la desigualdad. La idea de nación fue muy importante en el siglo XIX, en el siglo XX. Pero la constante de la historia peruana hasta la actualidad es la desigualdad. Tenemos leyes que se supone nos ponen a todos en igualdad de condiciones, pero no es la realidad. Vivimos en un país donde hay discriminación racial, de género, de regiones, de todo tipo. Si mantenemos ese sistema desigual y lo aceptamos y lo naturalizamos, no vamos a poder construir nunca una nación que incluya a todas y todos.

Se habló durante muchos años del boom económico del sistema, pero por debajo había una costra de pobreza.

― Es la tragedia del Perú, que todas estas grandes bonanzas, el guano, el caucho, la anchoveta, los minerales en los años 2000 y tantos, todos han tenido ahí una espesa capa de corrupción. Y han seguido estando atravesados por la desigualdad en todo momento. En la bonanza del guano, los liberales, los radicales estaban convencidos de que fue un recurso que Dios nos ha enviado para poder darle igualdad de condiciones a todos; se da la abolición de la esclavitud y se da la abolición del tributo indígena, pero ¿qué sucede? Con el dinero de la abolición se le paga una recompensa a los dueños de los esclavos, y a quienes fueron esclavizados, nada, no se les da educación, no se les da vivienda, oportunidad de trabajo. Ya no son esclavos, pero tampoco son libres e iguales. Se les da el derecho al voto, pero no es suficiente. La democracia no es solamente votar.

El miedo, la furia, el odio, han estado en nuestra historia. Pese a ello, hemos avanzado en varios terrenos, ¿no?

― Yo pienso que sí, y para mí la esperanza más grande está en los jóvenes. He tenido la suerte de conocer a personas sobre todo fuera de Lima, en mis viajes de trabajo, en Tacna, Huancayo, Ayacucho, y veo que hay una vitalidad, una generación de gente que cree en el Perú, que cree en las posibilidades y, por eso, no puedo ser pesimista. Porque sé que existe aún una fibra de coraje, de fuerza, de positividad, que está bastante aplastada. Pero no me parece posible caer en la desesperanza.

El Bicentenario… hay quienes consideran que está pasando desapercibido.

― Bueno, yo me dedico a estos temas y no lo veo así… Como le digo, he estado mucho en provincias, trabajando con jóvenes en diferentes lugares. Hay que ver que se pretende qué debe ser un Bicentenario. Hay como una gran idea de lo que ocurrió en el centenario con Leguía, lo que fue el sesquicentenario con el gobierno de Velasco Alvarado…

Debe servir al debate, para reflexionar el pasado.

― Creo más bien que nos permite alejarnos de la grandilocuencia que fue muy importante tanto en el centenario de Leguía como en el sesquicentenario de Velasco Alvarado, dos gobiernos autoritarios. Ahora hay una multiplicidad de voces y eso es positivo.

En regiones han participado muchos estudiantes.

― Así es, estuve en Junín y es importante todo lo que se está haciendo ahí, con jóvenes… Tenemos que dejar de pensar que la independencia del Perú es linda, porque no lo es.

De todo lo que pasa ¿qué le parece más desesperanzador?

― Que siempre parece que están ganando los malos. Siempre parece que es la corrupción, los sectores que no quieren que hayan cambios reales y profundos en el país. Una visión conservadora de lo que es y lo que debemos ser como nación. Eso para mí es aplastante, ¿no? Y la corrupción a todo nivel. Pero mi esperanza está en los jóvenes, en que no perdemos el ánimo de seguir saliendo a la calle, a decir lo que no nos parece y que hay una colisión en contra del abuso de autoridad.

Hoy surgen nuevos actores, quizás más populismo.

― El futuro siempre nos aguarda con cosas nuevas. En el 2020 no podíamos vislumbrar estar en esta situación; nadie sabía quién era la señora Dina Boluarte, quién era el señor Pedro Castillo. Por eso digo que predecir el futuro es un negocio muy complicado. Y no hay que perder la esperanza. En estos momentos de tanto pesimismo hay que recordar que Basadre vivió épocas muy duras, dictaduras, Odría, problemas económicos profundos, Sánchez Cerro, estuvo preso. Por eso los historiadores vemos esto en perspectiva. Al final, el tiempo sigue y cada generación tiene sus propias batallas.

https://larepublica.pe/politica/actualidad/2023/07/28/fiestas-patrias-2023-natalia-sobrevilla-no-puedo-ser-pesimista-porque-se-que-existe-una-fibra-de-coraje-de-fuerza-de-positividad-mensaje-presidencial-dina-boluarte-2185960

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