Perú: Fiscal delincuente

César Hildebrandt

Estamos acostumbrados a librar batallas solitarias.

Y esta contra la Fiscal de la Nación fue especialmente una batalla a solas.

Se dio, además, en plena crisis del semanario, cuando teníamos el cierre merodeándonos y las cuentas en rojo incandescente.

Pero la continuamos. Cada vez que podíamos recordábamos a nuestros lectores de qué ciénaga venía Patricia Benavides y a qué niveles de infamia había conducido una institución decisiva como el Ministerio Público.

Hoy todos hablan de la señora Benavides, pero hasta hace poco era Willax, emanación de Erasmo Wong, la que dictaba cátedra al respecto. Invitando a pobres diablos reciclados, apristas a sola firma, fujimoristas virales, abogaditos que la derecha escupe en los juzgados, Willax había creado el mito de una Fiscal-Maravilla (“mujer de la década”) que había limpiado el Perú de lagartos y lagartas y que había terminado con la hegemonía caviar en el sistema judicial.

De modo que el público que se tragó la tesis del fraude electoral deglutió también la farsa de una Benavides digna de bustos y homenajes. ¿La deglutió o la saboreó como si fuera un manjar? Willax es, al final, el canal oficial del fujimorismo sin Harvard ni censura, es el canal 7 de los perdedores que terminaron gobernando. De modo que me rectifico: no la tragaron, la disfrutaron.

Y allí estaban Patricia Chirinos, salida de los barracones del Callao, la Fiscal de la Nación, asesorada por un equipo en el que brilla un exministro aprista especialmente ladrón, el Congreso del hampa, presidido por un candidato a la cana que dio una ley para su propia impunidad, y el gobierno de las víctimas caídas en diciembre y enero.

Todo era una fiesta. Willax pontificaba, Raúl Diez Canseco condecoraba a Erasmo Wong, y la metástasis seguía su marcha de cangrejo inverso. No importaba que la Benavides hubiese cambiado a la fiscal que investigaba a su hermana, acusada de liberar a narcos a cambio de puñados de dólares. Menos importaba que en lugar de esa fiscal que descubría cosas y era indócil pusiera a un mayordomo que simuló investigar y luego decretó que la hermana de la Benavides no merecía seguir siendo procesada.

No sólo no importaba. Esa suprema inmoralidad era la señal de identidad de la alianza que conformaron el Ejecutivo de los esqueletos, el Congreso de los delincuentes y el Ministerio Público presidido por una mafiosa. A esa alianza original se fueron sumando, como consecuencia de canjes de impunidad e intercambio de silencios pútridos, el Tribunal Constitucional, ocupado por el fujimorismo, la Defensoría del Pueblo, encargada a un pelagatos obediente, la SUNEDU, eviscerada, y la reforma política, asesinada por la espalda.

Era –y es– el fujimorismo sin el patriarca ladrón y asesino mediato y sin la heredera tres veces perdedora. Era el fujimorismo apenas encubierto. Era la derecha procaz que hacía lo que le daba la gana concentrando un poder dictatorial. La separación de poderes era una nostalgia y la señora Boluarte, pobre mujer, estaba feliz porque despachaba en Palacio.

En los tiempos de Fujimori el nombre de Blanca Nélida Colán fue protagónico. El Ministerio Público fue la chaira de Fujimori-Montesinos cuando de adversarios se trataba. Y fue el escudo cuando los amigos se vieron en problemas.

Eso es exactamente lo que sucedió este último año.

La Fiscal de las fechorías fue el arma que el fujimorismo y la derecha empoderada usaron para dominar el Congreso, jaquear al Ejecutivo y blindar a los truhanes de la política.

Esta revista habló hace tiempo de Jaime Villanueva. El 19 de mayo de este año un reportaje de Eloy Marchán dio cuenta del papel que ese sujeto cumplía en el plan de Benavides de deshacerse de todo fiscal incómodo, crear una maquinaria de troles destinada a desprestigiar a quien osase enfrentarla y jugar en pared con el Congreso. Por eso Villanueva dice en un chat: “Hildebrandt nos está golpeando”.

La banda actuaba y jugaba en pared con Willax, que coordinaba con Benavides adelantos de investigación y primicias concertadas. Luego, la marchita prensa escrita al servicio de la derecha rebotaba ese material. Todo marchaba a la perfección.

Dicen ahora los chalecos mediáticos de Benavides que los mensajes revelados no prueban crimen alguno y que sólo testimonian “acuerdos políticos”. Se equivocan: no pueden llamarse negocios de la política los intercambios de votos por la promesa de no investigar. Eso no sólo es asqueroso: es abiertamente punible.

Los métodos del dúo Benavides-Villanueva eran dignos de una pandilla. Con la ayuda de las Chirinos y las Echaíz buscaban a los congresistas más prontuariados y los usaban como sumandos a la hora de los votos. Así se deshicieron de Zoraida Ávalos. Así tramaban rearmar la Junta Nacional de Justicia. Así se manejaba el país. Así lo probó en notas sucesivas nuestro reportero Américo Zambrano.

La señora Benavides denuncia hoy a Boluarte y Otárola por homicidio calificado. En esta revista hemos denunciado sistemáticamente cómo es que la Fiscal de la Nación ha saboteado las investigaciones que algunos fiscales provinciales, valientes y dignos, estaban realizando en Ayacucho y Puno. Nadie puede creer que a Benavides le acaba de brotar el sentido de la justicia justo horas después de que es denunciada por Marita Barreto, heroína de la jornada, como cabecilla de una organización criminal. No, señora Benavides: su maniobra es inútil. Sólo sirve para que la prensa idiota hable de “un complot” en contra suya. Usted denuncia a su socia a ver si así salva el pellejo. Y su socia pide su renuncia a ver si así se desinfecta. Las dos pertenecen a la misma calaña.

La señora Benavides y la señora Boluarte ya se habrían ido si tuvieran algún sentido del honor. ¿Lo tendrá el pueblo peruano? ¿Seguiremos tolerando a una Fiscal de la Nación delincuente y a una presidenta que fue su secuaz hasta la semana pasada? ¿Seguiremos aguantando que el jefe de la PCM haga de estadista mientras la prevención del Niño no llega al 40% de las obras y él sigue contratando a sus amiguitas? ¿Seguiremos resignándonos a un Congreso abyecto?

¿Volvemos a merecer tanta suciedad?

¿La inclinada cerviz?

Fuente: Hildebrandt en sus trece, Ed 664 año 14, del 01/11/2023  p16

https://www.hildebrandtensustrece.com/

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

*