Perú: Estúpido

César Hildebrandt

«Yo respeto la investidura presidencial. Por eso no respeto a Jerí»

Escuchar a José Jerí en el Congreso intentando explicar lo que no tiene explicación conduce a una conclusión breve y limpia: el señor que finge ser presidente de la república pero que es conserje de la mafia, padece de estupidez.

El problema con los estúpidos es que siempre son mayoría y tienen público de sobra. El problema con los estúpidos en el Perú es que son ahora mayoría aplastante y se avalan entre sí. O se defienden entre ellos de un modo fulminante, como hizo el presidente del Consejo de Ministros con el enmascarado de Palacio.

Jerí dice que no recuerda a quién gritaba por teléfono el día que fue al almacén clausurado “para comprar caramelos”. Dice que el chino del chifa servía la comida pero tenía dificultades con el castellano, cuando lo cierto es que la embajada lo tiene registrado como traductor oficial del castellano. Y dice que no sabía que el local de Zhihua Yang estaba cerrado por orden municipal cuando había tres letreros grandes en la puerta anunciando el suceso. Así son los estúpidos.

El cerebro dañado de Jerí supone que esas son salidas ingeniosas, ocurrencias que espantarán sospechas y dudas. No se equivoca: hay una vasta platea de estúpidos que comparte su cociente intelectual y acredita sus versiones. Y hay un palco decisivo de sinvergüenzas –los fujimoristas, para empezar, los acuñistas para seguir, los de Podemos para terminar– que necesita avalarlo para que la farsa continúe.

Jerí es un encapuchado que ya probó lo que es obtener plata haciendo de mediador de proyectos públicos. Como lo demuestra César Acuña, para robar no se requiere de talento alguno. Jerí es lo que sale cuando en una licuadora metes a Patricia Li y varias piezas carnosas y deshuesadas de codicia y viertes luego el contenido en una olla que pones a hervir en el fuego lento de los presupuestos, las obras por impuestos, los decretos de urgencia, las licitaciones amañadas, las viviendas de interés social que cuestan medio millón de soles. Ese caldo humeante es la dieta preferida de hombres como Jerí y el menú añorado por quienes lo imitarían fácilmente si llegaran a ocupar algún cargo de importancia y con acceso a la alcancía del Estado. Ese es su club de fans.

Jerí representa la tragedia del Perú. Fuimos alguna vez un país con líderes y partidos políticos, con personalidades de alcance internacional metidas en el oficio de administrar el Estado. Fuimos también la tierra de Mariátegui, Haya de la Torre, Riva Agüero. Hoy somos lo que vemos: alguien, desde su balbuceante taradez, le dice a la gente que va a comprar golosinas a la guarida de un chino con negocios oscuros y problemas diversos. Ese tarado presunto preside el país en ruinas que tiene la marca mundial de presidentes encarcelados por corrupción y el récord internacional insuperable de aspirantes a la presidencia de la república.

Pero ese tarado complacido en su espectáculo de autodestrucción es necesario para que Keiko Fujimori y César Acuña sigan gobernando mientras simulan que no lo hacen. Es imprescindible para que todo siga igual y las elecciones sean la fiesta conservadora que termine en una nueva versión de la reincidencia.

Porque de eso se trata el asunto: que en abril las cosas no se salgan de control y la garúa excrementicia que nos cae desde hace años siga salpicándonos. Si el Congreso no echa a Jerí es porque Jerí representa al Congreso y a la alianza viciosa que gobierna.

Yo respeto la investidura presidencial. Por eso no respeto a Jerí.

Yo respeto la Constitución. Por eso digo que el Tribunal Constitucional está plagado de forajidos.

Yo respeto la Fiscalía. Por eso digo que alias Fiscal de la Nación es el impostor que la mafia nos ha impuesto.

Yo respeto la Junta Nacional de Justicia. Por eso digo que la actual JNJ está moralmente descalificada por haber sido engendrada por el fujimorismo.

Yo respeto la Defensoría del Pueblo. Por eso no puedo sino condenar a quien detenta hoy su jefatura.

En suma, yo respeto y amo al Perú. Por eso odio lo que ha hecho de él la mafia que nos manda y ensucia.

Fuente: Hildebrandt en sus trece, Ed 766 año 16, del 23/01/2026

https://www.hildebrandtensustrece.com/

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