Perú: Así sea en mesa

Paco Moreno

«Es una vergüenza lo que hizo Alfredo Torres, esposo de alias Chilindrina»

Si fuéramos un país verdaderamente democrático, medianamente civilizado, quizá tendríamos unas elecciones con los siguientes candidatos: de la derecha, Marisol Pérez Tello; del centro, Salvador del Solar; de la izquierda, Verónika Mendoza; y, por ahí, alguno que otro chúcaro extremista, que siempre hay. Pero estamos lejos de ser un país verdaderamente democrático en el que se respeten la autonomía de los poderes y la independencia de las instituciones.

Somos un país fracturado cuya democracia incipiente es socavada de manera constante con maniobras como las de una organización mafiosa que ha movido sus hilos para que la primera vuelta tenga una cédula de votación de 35 candidatos, como nunca antes en nuestra historia. Todo un récord. Aquí empieza el cambalache electoral de grandes dimensiones que atenta contra el fortalecimiento de la democracia y favorece a quienes quieren instaurar un régimen parecido a la dictadura de Fujimori y Montesinos.

“Quiero ser presidenta para gobernar como lo hizo mi padre”, dijo Keiko Fujimori en campaña y, faltando apenas seis días para la segunda vuelta, tal como lo consignó este semanario, sostuvo que quería vencer “así sea en mesa”. Vencer como sea es la consigna de Keiko Fujimori.

Escribo estas líneas en el momento en que Sánchez le gana a Keiko por poco más de nueve mil votos en el escrutinio oficial de la ONPE. Pero nada está dicho hasta que concluya el conteo total en estas elecciones ajustadísimas. Además, hay más de 1,500 actas impugnadas y el Jurado Nacional de Elecciones ha anunciado que las cifras oficiales las dará dentro de treinta días.

Keiko Fujimori no jugó de manera limpia: su partido y sus aliados promovieron unas justas electorales con 35 candidatos para dispersar el voto de sus contrincantes, casi la totalidad de la prensa tradicional hizo campaña sin vergüenza alguna a su favor y las encuestadoras más publicitadas estuvieron jugando siempre con el margen de error para favorecerla.

Es una vergüenza lo que hizo Alfredo Torres, esposo de alias Chilindrina. Alguien o alguna organización tuvo que obligarlo a salir en el programa de Mónica Delta a decir que se había equivocado, cuando Ipsos siempre ha acertado en todos los conteos rápidos de las dos últimas décadas. No mostró la ficha técnica de su nuevo estudio ni el modelo de su nuevo cálculo estadístico. Nada. Después, ante Mávila Huertas, Alfredo Torres dijo que lo único que hizo fue comentar lo que dicen los expertos en las redes sociales. Increíble. ¿Qué necesidad tenía de generar tal alboroto cuando Transparencia había señalado, al publicar el conteo rápido, que se trataba de un empate técnico con un margen de error de +/-1,9 %, y que cualquiera podía ganar?

Hay que tener en cuenta también que estas elecciones se realizaron en el marco de una democracia cuyas instituciones están controladas por el keikismo y sus aliados. Si ganara Keiko Fujimori, si ganara en mesa como una nueva gesta de contención, tal como dijo César Hildebrandt, “estaríamos próximos a una guerra civil, y eso es algo que ningún peruano bien nacido desea”. Debemos evitar esto desde todos los frentes. Es un deber de todo peruano.

Hay un antikeikismo justificado en el país. Keiko Fujimori, en 20 años de carrera política, sin contar su cargo de primera dama de la dictadura, no ha hecho absolutamente nada bueno por el país. Si le preguntaran cuál es su principal obra hasta ahora, no sabría qué decir. Ni leyendo.

Este antikeikismo, sin embargo, no ha sabido cohesionarse en un gran frente político con propósitos claros, buscando la unidad a fin de solucionar problemas fundamentales del país. Debe ser porque somos un país sin rumbo, heterogéneo, sin orientación. Aún somos ese país que diagnosticó Jorge Basadre en “La promesa de la vida peruana”.

Basadre identificó tres tipos de peruanos en aquel ensayo. Dijo que “los podridos han prostituido y prostituyen palabras, conceptos, hechos e instituciones al servicio exclusivo de sus medros, de sus granjerías, de sus instintos y sus apasionamientos”; que “los congelados se han encerrado dentro de ellos mismos, no miran sino a quienes son sus iguales y a quienes son sus dependientes, considerando que nadie más existe”; y que “los incendiados se han quemado sin iluminar, se agitan sin construir”.

“Toda la clave del futuro está allí: que el Perú se escape del peligro de no ser sino una charca, de volverse un páramo o de convertirse en una fogata. Que el Perú no se pierda por la obra o la inacción de los peruanos”, sostuvo Basadre. Pero, en el keikismo, ¿quién lee, quién interpreta a Basadre? ¿Miki Torres? ¿Martha Moyano?

Quienes no quieren que este país sea la chacra del keikismo deben volver a Basadre, a Víctor Andrés Belaúnde y también a Mariátegui. Deben buscar consensos, hacer un proyecto de país, un país unido que resuelva las fracturas y las brechas alarmantes que nos están empujando al abismo.

José Martí decía, hablando de la unidad en la patria grande: “¡Los árboles se han de poner en fila para que no pase el gigante de las siete leguas! Es la hora del recuento y de la marcha unida, y hemos de andar en cuadro apretado, como la plata en las raíces de los Andes”.

Se acercan tiempos recios, en cualquier escenario. La unidad de quienes quieren un país verdaderamente democrático es fundamental para encontrar salidas sin convertir nuestro país en una fogata. Aunque gane o pierda estas elecciones, el keikismo no se detendrá. El objetivo de Keiko Fujimori no es la democracia, sino la dictadura que vio y aprendió de su padre y de su “tío”, Vladimiro Montesinos.

11-06-2026

Fuente: Hildebrandt en sus trece, Ed 786 año 17, del 12/06/2026

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