Perú: Nos miran raro
Alfonso Zambrano
Somos un fenómeno, una estrambótica fuente de curiosidad. La prensa extranjera y los observadores internacionales se asombran con lo que nos pasa
Perplejos. Así nos observan desde las redacciones de los medios de comunicación extranjeros. Es la tercera elección presidencial consecutiva que se resuelve por menos de un punto porcentual. Las palabras que más se repiten en los textos periodísticos son “polarización”, “inestabilidad” y “déjà vu”.
CNN en Español describe al Perú como una nación “profundamente fracturada”. The Economist asegura que el próximo presidente asumirá el cargo con una ventaja tan pequeña que la diferencia de votantes “cabe en un estadio de fútbol”. The New York Times concluye que la incertidumbre de los resultados es producto de años de “volatilidad política”.
Los corresponsales extranjeros entrevistados para este informe describen un sistema político que produce candidatos que nadie quiere, provincias en permanente enfrentamiento con la capital y el papelón de buena parte de los medios de comunicación nacionales que repitieron el patrón del 2021 con un menú periodístico sesgado para beneficiar a Keiko Fujimori.
“Hasta para los estándares latinoamericanos las cifras de esta elección están extraordinariamente reñidas”, afirma Dan Collyns, corresponsal de The Guardian.
Fernando Gimeno, corresponsal de la Agencia EFE que ha cubierto las elecciones peruanas desde 2016, coincide con el análisis. “Estamos ante un caso digno de estudio. Esta segunda vuelta refleja que el Perú se ha mantenido dividido en dos bloques casi idénticos a lo largo de tres elecciones”, dice. Lo inusual –subraya– no es la polarización sino su constancia a lo largo de los años.
Diana Deglauy, corresponsal de RT, apunta al hecho de que más de seis millones y medio de peruanos no fueron a votar pese a que sufragar es obligatorio y no hacerlo conlleva una sanción económica. “Creen que su voto no tiene tanto valor, porque quien sea que gane no va a darle aquello que está necesitando en el día a día”, dice.
Simeon Tegel, colaborador de The Washington Post que lleva casi veinte años cubriendo el Perú, tiene una mirada más agria. “¿Cómo puede ser que el sistema político nacional arroje una y otra vez alternativas que los mismos peruanos desprecian?”, se pregunta. Y añade a modo de resumen: “Cada vez el ‘mal menor’ es peor que antes”.
La más que posible elección de Keiko Fujimori, a 26 años del fin del gobierno de su padre, es vista con incredulidad. “Si lo miramos con perspectiva, resulta verdaderamente sorprendente que el país haya tomado esta decisión por lo que sabemos de las acciones del régimen de su padre en la década de los noventa: las violaciones de los derechos humanos, la corrupción a gran escala, la destrucción de las instituciones”, dice Collyns.
Diana Deglauy, de RT en Español, advierte que si Fujimori gana y mantiene las políticas para amnistiar a violadores de derechos humanos, podría terminar en una bomba de tiempo. “Lo que sucedió en los noventa con la amnistía de ciertos personajes militares creo que ya no se puede repetir. Eso sería faltarle el respeto a la historia. Si la pregunta es si esas amnistías pueden suscitar rebelión en ciertos sectores, el análisis indicaría que sí”, afirma.
Hay otro factor que llama la atención de los corresponsales. Se trata del papel de los grandes medios nacionales. El pasado martes 9 Annalisa Corrado, jefa de la Misión de Observación Electoral de la Unión Europea (MOE UE), brindó una conferencia de prensa donde describió el sesgo de varios medios que jugaron a favor de Fujimori. “El monitoreo realizado por la MOE UE reveló que los medios estatales mantuvieron una cobertura neutral y equilibrada, mientras que la mayoría de los medios privados fue sistemáticamente negativa contra Roberto Sánchez y Juntos por el Perú”, dijo.
“Willax TV mostró este sesgo de forma más pronunciada (…). Entre los periódicos ‘Perú 21’, ‘El Comercio’, ‘Correo’ y ‘Trome’ dedicaron más del doble de espacio a Sánchez y a Juntos por el Perú generalmente con un tono negativo, siendo ‘Perú 21’ quien mostró el sesgo más fuerte, con más del 70% de su cobertura de carácter negativo”, se lee en el informe de la Misión de la Unión Europea.
Este documento fue ocultado en las notas periodísticas de Panamericana y Willax, en todos los diarios del Grupo El Comercio y en “Perú 21”.
“No le quitaría ninguna palabra a lo que ha dicho la Unión Europea”, dice Fernando Gimeno, de la Agencia EFE.
Carlos Noriega, corresponsal de “Página 12”, es contundente: “Los grandes medios han tenido cero objetividad, cero profesionalismo periodístico y han actuado casi como agentes de campaña de una candidata. Solamente sacaron algunas cosas de un lado que eran magnificadas y del otro lado se tapó absolutamente todo”.
“Desde los medios se ha tratado de presentar a Keiko como una especie de garante de la democracia y la estabilidad política, cuando precisamente ella y su partido tienen una historia de autoritarismo y ella en particular ha sido responsable de la gran inestabilidad política que vive el país desde 2016”, agrega Noriega.
Tegel amplía el diagnóstico más allá de la televisión y la prensa escrita. “El ecosistema mediático en el Perú es sumamente conservador. Lo que consume el 80% o más de los peruanos que siguen las noticias nacionales es solamente conservador”, dice.
Luis Jaime Cisneros, corresponsal de la Agencia France Press, reconoce el sesgo, pero le resta poder real. Para él el alineamiento existe, pero su efecto sobre el voto es discutible. “Mi impresión es que ya no influyen. La prensa tradicional ha perdido cada día influencia”, dice.
Si gana Fujimori, el Perú se sumaría a un bloque que incluye a Javier Milei en Argentina, José Antonio Kast en Chile, Daniel Noboa en Ecuador y Nayib Bukele en El Salvador. “Son considerados aliados del presidente de los Estados Unidos, Donald Trump”, dice Collyns.
“Lo que se puede venir es la profundización de un proyecto autoritario ultraconservador”, dice Carlos Noriega.
Si gana Sánchez y mantiene su compromiso con la moderación y el centro izquierda, el panorama tampoco será sencillo. Gobernaría con Lima en contra, con los grupos de poder económico en contra y con una prensa mayoritariamente hostil. Deglauy resume el desafío de cualquiera de los dos con una frase que vale para ambos escenarios: “Van a tener que hacer un gran esfuerzo, primero por conservar la gobernabilidad, y en segunda instancia para poder gobernar incluso para los ciudadanos que no los votaron”.
The Economist ha calificado los resultados como dead heat, un empate perfecto. En las carreras de caballos se utiliza ese término cuando dos equinos cruzan la línea de meta al mismo tiempo y nadie gana. En el Perú significa que alguien gobernará sabiendo que la mitad del país no lo quiere.
11-06-2026
Fuente: Hildebrandt en sus trece, Ed 786 año 17, del 12/06/2026
