Perú: Terruqueo empoderado

Juan Manuel Robles

Las organizaciones de derechos humanos, la izquierda de todos los colores, el progresismo bonito y el centro derecha decente (si existe aún) deberían pronunciar su total rechazo a la designación de Óscar Arriola como nuevo jefe del Estado Mayor General de la Policía. Un terruqueador empedernido que ha encontrado en la coyuntura convulsa del ascenso de Pedro Castillo, el pánico de la derecha y la llegada de Dina Boluarte, la oportunidad perfecta para amasar poder, hacerse conocido y soltar sin pudores sus paranoias y tonterías, propias de alguien que actúa como si viviéramos en 1990 y Sendero Luminoso y el MRTA siguieran allí amenazando con cometer actos terroristas.

—Nací para ser detective —ha declarado el agente.

El señor Arriola habla con el aplomo de un hombre de combate, un experto en evitar atentados y coches bomba, un sobreviviente del conflicto armado. Se autodefine como un “valiente, corajudo, un luchador contra el terrorismo”. Pero tal vez llegó un poco tarde. Tenía 25 años cuando capturaron a Abimael Guzmán. Tomó un curso de Procedimientos Operativos Contraterroristas en la Dircote recién en 2010, cuando el Perú llevaba una década sin atentados.

De manera que Arriola ha pasado casi toda su vida profesional desarticulando ataques y bombas terroristas que solo ocurren en su cabeza. Los grandes golpes de la Dircote en el tiempo que él estuvo allí —fue director entre 2020 y 2022, y director Metropolitano de Lima gran parte de la década del 2010— no han sido, digamos, tan espectaculares.

Quienes leen esta columna saben que me he referido varias veces a la investigación a La cautiva, la obra teatral que estuvo en la mira de la Policía en 2014 porque en ella se ve cómo un grupo de militares se turnan para violar a una adolescente muerta (hija de senderistas), un hecho que, por cierto, está documentado. Adivinen quién fue el responsable de abrir la carpeta. Sí, Óscar Arriola. También tuvo que dar la cara cuando la prensa —que entonces no estaba tan derechizada como ahora— cerró filas contra tamaña estupidez (y abuso). El oficial se vio obligado a recular, pero aclaró que en la obra había expresiones como “¡Viva la lucha armada!, ¡Viva el Partido Comunista!”. Además, dijo, hay manipulación emocional.

Un año antes, Arriola había sido uno de los intrépidos agentes que encabezó el operativo Perseo, una intervención armada contra unos peligrosísimos vejetes del Movadef que andaban recolectando firmas y haciendo lo suyo. Ojo, no solo soy yo quien critica la exageración del peligro que significaban estos señores. “No se necesitan 300 policías para detener a decenas de dirigentes —varios de la tercera edad— que no estaban en la clandestinidad sino haciendo vida pública, con direcciones conocidas”, dijo nada menos que Fernando Rospigliosi (hoy empleado de Keiko Fujimori), quien además restó credibilidad a la investigación por incluir testimonios falsos y dijo que pedir la amnistía de Abimael Guzmán “no es un delito”.

La acción continuó en la carrera del valeroso Óscar Arriola. En 2019, la Dircote —en la que él ya era director Metropolitano— intervino un taller de “Introducción al marxismo” que se iba dar en la Facultad de Letras de la Universidad de San Marcos. Logró detenerlo.

¿Se imaginan lo que puede ocurrir si alguien como Arriola adquiere tanto poder en la Policía?

Pues bueno, no hay que imaginarlo. En diciembre del 2020, en el contexto de las protestas contra Dina Boluarte, la Policía intervino a los manifestantes que se encontraban en la Federación Campesina (habían llegado a Lima para manifestarse contra el gobierno). Arriola estuvo a cargo y señaló ante la prensa la presencia de “armas hechizas”: machetes, piedras en baldes y explosivos (estos últimos nunca fueron mostrados). Uno de los campesinos detenidos declaró, en un video que circuló en las redes, que los machetes habían sido sembrados por los efectivos. De hecho, la prensa independiente mostró cómo esos machetes tenían etiqueta y código de barras (estaban nuevos: alguien los acababa de comprar). El tema nunca se aclaró pero en septiembre del 2023 la justicia archivó el caso y soltó a todos los detenidos. No había nada de nada.

¿Y el tiempo perdido por esas personas falsamente acusadas? A nadie parece importarle.

Por sus declaraciones, Arriola parece ser la clase de policía que junta en un sancochado a Sendero Luminoso, el socialismo del siglo XXI (una mutación del mismo mal), que se niega a ver que el MRTA ha desaparecido, que cree que está en capacidad de determinar qué discurso está contaminado de “ideología terrorista”, que piensa que el peligro no es el terrorismo sino el comunismo en sus distintas versiones (y que eso es un asunto policial). Alguien que usa como argumento decir que si tu demanda es aplaudida por subversivos excarcelados, eres pro terrorista (como si uno tuviera la culpa de quién se suma a una causa).

En un país polarizado y herido, el ascenso de Arriola es una provocación. Y la verdad, no sé qué tanto sirva para la amenaza feroz del verdadero crimen.

Fuente: Hildebrandt en sus trece, Ed 670 año 14, del 26/01/2024

https://www.hildebrandtensustrece.com/

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

*