Perú: Urgen nuevas elecciones

Isaac Bigio

«En la primera vuelta, Keiko quedó en segundo lugar en el exterior con el 12,76% de los votos emitidos, pero en la segunda ronda bordea el 60%»

Este balotaje ha sido el más reñido que ha tenido el Perú. El margen de diferencia equivale a poco más de la cuarta parte del 0,76% con el cual, en 1962, Víctor Raúl Haya de la Torre aventajó a Fernando Belaúnde. Ante tal situación, se produjo un golpe militar que dio paso a nuevas elecciones doce meses después.

Cuando escribimos estas líneas, falta contabilizar menos del 0,3% de las actas, por lo que los porcentajes finales solo podrían variar en algunas décimas de punto. Tomando en cuenta los 19’623,508 votos emitidos (de los cuales aproximadamente un 6,5% fueron nulos o blancos), Keiko Fujimori obtiene el 46,836%, apenas un 0,206% por encima del 46,630% de Roberto Sánchez. Ninguno de los dos llegó al 50% de los votos emitidos, mientras que en la primera vuelta ninguno superó individualmente al total de votos nulos y blancos, y la suma de ambos no alcanzaba ni la cuarta parte de los sufragios. Pese a las numerosas acusaciones de irregularidades, Keiko ha vetado el recuento manual de votos, una medida que ella misma demandó en 2021, cuando los resultados no le favorecían.

Un problema que cualquiera de los dos rivales tendrá que afrontar es la falta de una autoridad política suficientemente sólida ante amplios sectores de la población. Keiko quiere debutar holgadamente en la presidencia, aunque ha perdido frente a Roberto dentro del territorio nacional y en alrededor del 80% de los distritos peruanos. En el territorio peruano, Roberto Sánchez ganó con 46,835% frente al 46,623% de Keiko, es decir, una diferencia ligeramente superior al 0,212%. Lo que cambia el resultado es el voto exterior: dentro de los 308,169 votos emitidos fuera del país, Keiko obtuvo un contundente 59,355%, frente al 34,552% de Sánchez.

El sombrero, por su parte, pretende imponerse eliminando la votación de toda una región electoral —la de los Peruanos en el Exterior (PEX)—, por lo que ninguna de estas dos opciones parece ofrecer suficiente legitimidad, lo que hace urgente la convocatoria de nuevas elecciones.

Contando el voto exterior, Keiko gana por unos 40,000 votos (0,2%). Si esos sufragios fueran anulados, Sánchez se impondría por una diferencia similar. Gracias al extranjero, Keiko aspira a convertirse en la primera persona en la historia nacional y continental en alcanzar la presidencia gracias al voto decisivo de la diáspora. Hasta antes de 1980, esta no tenía derechos electorales, por lo que, con la legislación anterior, el sombrero habría retornado a Palacio.

Solo existen dos repúblicas latinas de Europa oriental donde las diásporas han revertido en alguna ocasión el resultado final: Rumania y Moldavia, países relativamente pequeños cuyos ciudadanos residentes en el exterior viven en el mismo continente y a corta distancia de su patria. En ambos casos, además, la competencia no era entre polos extremos, sino entre centroizquierda y centroderecha, o entre opciones proeuropeas y prorrusas, sin propuestas de retorno a dictaduras previas a 1991.

En el caso peruano es distinto, pues la gran mayoría de la diáspora vive a distancias muy lejanas, especialmente en otras masas continentales como Norteamérica o Eurasia, y la candidata vencedora ha prometido un retorno a la época de Alberto Fujimori.

El tema de los PEX ha generado especial sensibilidad entre aliados de Sánchez como Ricardo Belmont y Alfonso López Chau, pero también entre figuras de centro como Carlos Bruce, de Somos Perú, quien votó contra Sánchez. Esto se debe a las irregularidades que, según diversos sectores, se habrían cometido en el extranjero. Para Sánchez, no se pueden cambiar las reglas entre los dos tiempos de un mismo partido de fútbol ni tampoco entre las dos vueltas de una elección presidencial.

A nueve días de la primera ronda electoral del 12 de abril, dimitió Piero Corvetto como jefe de la ONPE, pese a que la Ley Orgánica establece que dicho cargo es irrenunciable durante un proceso electoral.

Al día siguiente, el 22 de abril, los ministerios clave de Defensa y de Relaciones Exteriores fueron asumidos por personalidades vinculadas al fujimorismo. Entre sus primeras acciones se produjo el cambio de diplomáticos en varias naciones, entre ellas seis repúblicas con alta concentración de PEX, como Estados Unidos, España, Francia, Argentina, Alemania e Italia.

Posteriormente, se instruyó a los consulados a modificar la forma en que se contabilizaban los votos del exterior. Tradicionalmente, estos se digitalizaban y escaneaban para ser enviados de inmediato a Lima, mientras que las actas físicas se remitían posteriormente en valijas diplomáticas para su cotejo. Esta vez no se digitalizaron ni escanearon y las actas fueron enviadas directamente a Lima. Para Sánchez, al permanecer varios días bajo custodia de dependencias vinculadas a los nuevos ministros de Defensa y Relaciones Exteriores, estas pudieron haber sido alteradas.

En la primera vuelta hubo 411,077 votantes en el exterior, pero en la segunda solo 328,162. Esto representa una caída superior al 20%. Muchos de quienes no volvieron a sufragar formaban parte de los 76,881 votantes que obtuvo Rafael López Aliaga en el extranjero durante la primera vuelta y que no habrían querido desplazarse nuevamente para votar por Keiko tras las acusaciones de fraude formuladas por “Porky” contra ella.

Entre la primera y la segunda vuelta, Keiko multiplicó varias veces su votación en el territorio peruano, pero en el extranjero casi quintuplicó su porcentaje. No existe ninguna otra de las 26 regiones electorales donde se haya producido un salto semejante. En la primera vuelta, Keiko quedó en segundo lugar en el exterior con el 12,76% de los votos emitidos, pero en la segunda ronda bordea el 60%. Si en abril obtuvo el 14,3% dentro del territorio peruano —un punto y medio más que entre los PEX—, en junio su porcentaje en el exterior es entre 12 y 13 puntos superior al que alcanzó dentro del país.

A diferencia de las elecciones de 2021, cuando todo el centro y la derecha se unieron contra la izquierda, en el exterior importantes candidatos de derecha moderada que contaban con respaldo dentro de la diáspora terminaron apoyando a Roberto Sánchez, por lo que resulta difícil explicar de dónde provino un crecimiento tan pronunciado del fujimorismo en dicho sector.

Si no se anulan los votos del exterior, Sánchez no ha de reconocer a un eventual gobierno de su rival creándose potencialmente un gobierno paralelo.

Si esos votos se anularan, deberían repetirse las elecciones no solo en esa circunscripción sino también a nivel nacional.

Existe un precedente importante. Austria anuló su balotaje de 2016 y lo postergó para una fecha posterior. Allí no hubo fraude, pero sí irregularidades en el conteo de unos 70,000 votos postales. Como estos superaban el margen de 30,000 votos de diferencia, se ordenó repetir la elección, la cual finalmente fue ganada por el mismo candidato, aunque con una ventaja mayor.

Tal vez este ejemplo —y no un golpe— constituya una posible salida. Ciertamente, habrá quienes incluso pidan repetir las elecciones generales. Esto se debe a que el Perú se ha convertido en el único país del mundo en el que el candidato de la derecha más dura (en este caso, López Aliaga) sostiene que le robaron un millón de votos en la primera vuelta. Hasta la víspera de la segunda vuelta, la alcaldía de Lima llamaba a anular el balotaje. Ahora, sectores de la izquierda cuestionan los resultados y varios actores de centro, como Belmont o Fernando Olivera, hablan de fraude en ambas rondas. Los únicos que no han hablado de fraude son los fujimoristas, quienes hasta hoy sostienen que en 2021 perdieron por esa misma razón.

Nuevas elecciones, con reglas claras e instituciones más autónomas, podrían constituir una salida para evitar que el Perú siga siendo un foco de incertidumbre política, algo que ha ocurrido durante la última década.

26-06-2026

Fuente: Hildebrandt en sus trece, Ed 788 año 17, del 26/06/2026

https://www.hildebrandtensustrece.com/

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