Universidades y Desarrollo


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Pablo Quintanilla

Hay una relación directamente proporcional entre la calidad del sistema universitario de un país y su desarrollo social, político y económico, para no hablar de lo que es obvio: lo científico, tecnológico y cultural. Aquí hay un círculo que puede ser vicioso o virtuoso. Malas universidades generan sociedades en deterioro y estas, a su vez, producen malas universidades. O buenas universidades generan sociedades desarrolladas y estas producen buenas universidades. Esto es comprobable: todos los países desarrollados tienen muy buenos sistemas universitarios y aquellos en vías de desarrollo no. En tanto un país se desarrolla, su sistema universitario mejora. Por el contrario, cuando un país empieza a retroceder, el primer síntoma de su colapso es el deterioro de su sistema universitario. Mala señal cuando se empiezan a cerrar las especialidades de ciencias básicas y humanidades; buena señal si se empiezan a crear.

Por ejemplo, el sistema universitario estadounidense comenzó su expansión y florecimiento después de la Segunda Guerra Mundial. Las universidades de países en rápido desarrollo, como China, India o Corea, están trepando vertiginosamente en los rankings. El monstruo económico que es Brasil tiene las mejores universidades del subcontinente e invierte masivamente en que lo sigan siendo.

Pero cuál es la causa y cuál el efecto: ¿el desarrollo económico y social produce buenas universidades, o es al revés? Se trata de una interacción. Ambas cosas se potencian mutuamente y una no se puede dar sin la otra. Como ocurre con todos los círculos, se puede romper o unir por cualquier punto.

Lo que está claro es que desarrollo y crecimiento económico no son sostenibles al largo plazo si no van acompañados de buenos sistemas universitarios. ¿Por qué? Primero, las buenas universidades son las locomotoras del desarrollo. Crean ciencia y tecnología, producen cultura, educan a los profesionales, crean buenos gestores, así como personas con visión de país al largo plazo; no solo técnicos inmediatistas. Pero, para ello, la universidad no debe ser solo una institución que forme especialistas en sectores específicos de la aplicación del conocimiento, sino también debe dar una formación cultural y científica que sea amplia y abarcadora, para permitir a los profesionales tener una visión de conjunto y de largo plazo. Esto es, una universidad debe formar líderes, no solo técnicos, pero para liderar se necesita tener una educación general de calidad, no solo profesional y especializada. Segundo, las universidades deben ser instrumentos de cambio y de movilidad social, no deben ser el lastre o el furgón de cola del país, que mantiene y perpetúa las taras sociales. Deben ser espacios creativos de búsqueda de soluciones. Por eso, si queremos que nuestro reciente crecimiento sea sostenible y no un espejismo pasajero, tenemos que pensar seriamente en desarrollar nuestras universidades.

http://diario16.pe/columnista/32/pablo-quintanilla/2057/universidades-y-desarrollo

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