Bienestar y felicidad (3)


Pablo Quintanilla

Los criterios para medir el bienestar humano son tan básicos como el acceso a alimentación, agua y vivienda; educación y salud; y el poder ejercer derechos y libertades ciudadanas. Estos también suelen ser los indicadores que se toman en cuenta para medir el desarrollo de los países. Asimismo, por lo menos desde el siglo XVIII, se asume que el Estado es parcialmente responsable del bienestar de los ciudadanos. Aunque hay una diferencia significativa entre los llamados “Estados de bienestar” y las sociedades libertarias en que se deja casi todo a las habilidades de los individuos, unos y otros consideran que el Estado no puede abandonar a su suerte a las personas menos favorecidas.

John Locke y Thomas Jefferson incluyeron la búsqueda de la felicidad como uno de los derechos humanos, pero nadie realmente cree que el Estado tenga la obligación de hacer que los ciudadanos sean felices. No solo porque sería imposible, sino también porque, dada la variedad de concepciones de la felicidad, el Estado no sabría cómo lograrlo. Sin embargo, algunas investigaciones empíricas recientes sugieren que hay ciertos elementos universales en la experiencia subjetiva de la felicidad. Hay muchas investigaciones al respecto, con distintos criterios de medición y diferentes resultados, pero yo tengo cierta confianza en el World Values Survey, que publica regularmente sus resultados en el World Development Report.

Las investigaciones se basan en encuestas realizadas a más de 80 000 individuos en plazos de más de 25 años. A estas personas (de diversas culturas, edades, géneros, niveles educativos y sociales, etc.) se les preguntó semanalmente por su grado de felicidad en una escala del 1 al 10, independientemente del concepto que cada quien tuviera de felicidad. También se preguntó a los parientes y amigos de esas personas sobre el nivel de felicidad de los encuestados. Las respuestas fueron comparadas con los resultados de la aplicación de resonancia magnética en el cerebro, dado que la satisfacción subjetiva está relacionada con una mayor actividad de la zona anterior izquierda del cerebro. Finalmente, la información fue cruzada con los acontecimientos objetivos en la vida de estas personas en cada una de esas semanas.

Los resultados indican que hay algunos elementos universales que acompañan la experiencia subjetiva de la felicidad, más allá de las disposiciones genéticas y la calidad de la crianza. Estos elementos serían siete, estando los primeros cinco ordenados por su importancia para las personas: (i) relaciones familiares, (ii) situación financiera, (iii) trabajo, (iv) comunidad y amigos, (v) salud, (vi) libertad personal, (vii) valores personales. En otras palabras, los acontecimientos familiares (calidad de los vínculos afectivos con los parientes más cercanos, pérdidas, reconciliaciones, etc.) generan una mayor modificación en la experiencia de la felicidad. Solo en segundo lugar viene la situación financiera y así en adelante.

Estas investigaciones no han definido la felicidad ni tampoco determinan qué debería hacer felices a las personas, tampoco sugieren que el Estado deba intervenir en esas variables, sino que han detectado las circunstancias vitales que, estadísticamente, generan mayor o menor experiencia subjetiva de la felicidad, en el promedio de las personas. El próximo jueves compararemos estos resultados por países y los correlacionaremos con las medidas usuales de bienestar, que normalmente están asociadas a la seguridad económica y la libertad ciudadana.

http://diario16.pe/columnista/32/pablo-quintanilla/2257/bienestar-y-felicidad-3

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