Gringasho, corrupción y miserables
Augusto Álvarez Rodrich
Expresiones lamentables en los poderes del Estado.
1. El Congreso debe reaccionar hoy mismo. La ratificación del aumento del sueldo de los congresistas, camuflado de bono de representación, ha producido una crisis grave en la credibilidad del Parlamento que va a salpicar y manchar a todo el sistema político. Es imprescindible que, hoy mismo, Víctor Isla anuncie que ya se ha dado marcha atrás en esta decisión que ha generado una indignación que será creciente y que, si no se para rápido, tendrá efectos políticos muy lamentables.
2. ¿Y la lucha anticorrupción de la justicia? Es lamentable que el flamante titular del Poder Judicial, Enrique Mendoza, haya empezado su gestión sin un mensaje claro y fuerte contra la corrupción y la defensa de los derechos humanos –dos temas en los que existen importantes casos pendientes–, y que los relevos en algunas salas clave hayan producido dudas legítimas sobre su real aspiración de avanzar en los mismos.
3. Exabrupto presidencial. Toda persona tiene derecho a opinar sobre lo que quiera, pero ciertos cargos obligan a tener más cuidado. Eso es algo que, a veces, olvida el presidente Ollanta Humala, como ayer cuando tuvo expresiones lamentables sobre el delincuente juvenil ‘Gringasho’.
El presidente se quejó de que “no se pueda visualizar la cara de este miserable, pero sí se visualiza la cara de las víctimas. Se debe mostrar la cara de este miserable, se debe saber quiénes son sus padres, cómo han podido formar a un miserable así y le debe caer todo el peso de la ley”.
Agregó que “esas son situaciones contradictorias que hacen débil a nuestra democracia” y que él enviaría a ‘Gringasho’ a Challapalca.
Aun si el presidente estuviera actuando para la tribuna, pudo haberlo hecho con menor contradicción con la ley, con las políticas de su propio gobierno, y con el sentido común.
Estamos, sin duda, ante un peligroso delincuente juvenil, pero el presidente debiera ser consciente, primero, de que él, como jefe del Estado, está obligado a cumplir leyes como el código de menores; segundo, que llamar ‘miserable’ a un menor no habla bien de él mismo; y tercero, que aludir a los padres del sicario, del modo como lo hizo el presidente, implica un olvido preocupante de la realidad de un país en el que, a pesar de la bonanza económica, hay bolsones amplios de pobreza y desintegración familiar que explican casos lamentables como el de este sicario juvenil.
Por supuesto que hay que tomar estos casos con mucho cuidado, pero el presidente Humala pudo haber reflexionado, más bien, sobre qué anda mal en el país para que, a pesar del éxito económico, surjan los ‘Gringashos’; o qué está haciendo su gobierno para rehabilitar a los jóvenes que caen en la delincuencia.
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