Playa de nudismo moral

Jerónimo Centurión

Ya lo he comentado varias veces, pero no importa. Aquí vamos una vez más. Nada duele más que la verdad. Las mentiras indignan, cómo no. Pero uno puede enfrentarlas, luchar con argumentos, ideas, pruebas y pasión, hasta desmantelarlas. La verdad, cuando viene oscura, es letal.

Desde hace seis días, viene circulando en mi Facebook una foto dolorosamente cierta. Un vecino de Ancón, desde su ventana, tomó una foto de la playa realmente repulsiva. Aquella fotografía puso al descubierto un nivel de contaminación indignante, una suerte de virus que no logramos desterrar de nuestro organismo, un mal, una enfermedad que debería darnos vergüenza: el racismo y clasismo.

La foto cenital muestra un fragmento de playa dividido por doce agentes de seguridad. A la izquierda, el pueblo cobrizo, mestizo, amontonado, atiborrado. A la derecha, seis residentes blancos disfrutan de “su” segmento de playa 300 veces menos denso que el de sus vecinos. Es decir, pese a encontrarse en una playa pública, los de la derecha tienen 300 veces más espacio que los de la izquierda.

La foto es brutal en varios sentidos. En primer lugar, parece remontarnos a la época de la esclavitud o al Apartheid en Sudáfrica. Luego, me pregunto: ¿Cómo pueden los vecinos de la derecha permitir que se les proteja de esta manera? ¿Cómo pueden permitir ser percibidos como racistas de manera tan relajada?

Por otro lado, me asaltan las mismas dudas. ¿Cómo pueden los veraneantes de la izquierda (cualquier alusión política es, en este caso, accidental) permitir que se les segregue de esa manera? ¿Cómo permitir que unos agentes de seguridad los priven de su derecho de tránsito y de disfrute de un espacio público? Pero, sobre todo, ¿cómo no sentirse humillados e indignados por un acto tan violentamente racista? ¿Por qué no reaccionaron?

Vi la foto el fin de semana y me dieron ganas de ir al lugar a enfrentarme con los agentes de seguridad. Al final no fui. Me quedé pensando en cuánto sentido tiene crecer como país, ser considerados la perla de América a nivel de inversiones, estar cada vez más orgullosos de nuestra gastronomía, hincharnos de orgullo porque el Dakar comienza en Lima, si, al final, seguimos siendo unos minusválidos emocionales, unos limeñitos inseguros incapaces de liberarnos de ataduras coloniales. Y me refiero a los de la izquierda y derecha, con igual decepción. La verdad es que no sé qué me afecta más, si el racismo de unos o la pasividad de otros. Si la prepotencia de la derecha o la falta de cohesión y agallas de la izquierda.

Una amiga que veranea en Ancón me comenta que no es novedad, que esto ocurre desde siempre. Y no sé si indignarme más o simplemente deprimirme. Ni uno ni lo otro. Usemos esta foto para intentar extirpar otro mal más de nuestra sociedad. La evasión. Si hay ciudadanos racistas y prepotentes que creen que las playas les pertenecen, y si existen otros ciudadanos que se dejan intimidar, existe también una autoridad local o central a la que le corresponde poner orden e impedir que se vulnere el libre tránsito. Si el alcalde de Ancón no toma cartas en el asunto, insto a que se le denuncie por complicidad en este acto de racismo y por impedir el libre tránsito y el uso del espacio público. Reclamo, asimismo, que se identifique a los policías que fueron cómplices de este acto ilegal y que el presidente, que, en teoría, es de izquierda, dé una muestra veraniega de valentía frente a un tema que es más complejo, delicado y grave de lo que parece.

http://diario16.pe/columnista/8/jeraonimo-centuriaon/2256/playa-de-nudismo-moral

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