El país «atimidado»


Juan Infante

“El Perú ocupa el primer lugar de abuso sexual de toda Sudamérica. En ese deshonroso ranking, el 78% de las víctimas son menores de edad. Este dato se refiere específicamente a violación sexual, pero es fácil deducir que las otras modalidades de abuso no irán a la zaga”. Esta cita es de un artículo publicado el lunes pasado en La República por Jorge Bruce.

“El 55% de los perpetradores pertenecen al entorno familiar de la víctima y el 72% de estas son mujeres, mientras que el 22% de quienes sufren abuso sexual tienen entre seis y 11 años”, da cuenta Bruce, citando una investigación de la Asociación Civil RESPETO. Cita, además, su asombro ante la cantidad de casos de abuso sexual en su infancia presente entre las historias que le relatan sus pacientes.

Debo decir que me aúno al asombro. Como consultor empresarial, atiendo a personas que desean mejorar su desempeño económico y puedo dar cuenta de que muchos de mis clientes han sido abusados sexual, física o psicológicamente en sus casas o en su entorno familiar o educativo.

Dentro de mi ámbito de desarrollo profesional, muchas veces termino encontrando que la razón más importante del freno en el desarrollo económico viene por traumas generados en la crianza.

Muchos adultos sienten culpa y/o vergüenza por eventos que le ocurrieron en su infancia. Los traumas y heridas psicológicas terminan convirtiéndose en miedos que bloquean sus capacidades.

Yo diría que somos un país con una cantidad muy importante de mujeres y hombres adoloridos en extremo por sus vivencias en la infancia. Ese dolor aún no ha sido trabajado ni individual ni socialmente y los tiene anudados, inhibidos, discapacitados.

Creo que tenemos una sociedad con demasiados individuos que no se atreven a desplegar sus alas y volar libremente. Pero ello no se debe al clima ni a la cordillera de los Andes ni a la pobreza, como nos han querido hacer creer incluso algunos presidentes.

Se debe a que los dolores de la infancia y la sumatoria de esos dolores individuales hacen de nuestra sociedad una muy traumatizada. Al adulto peruano le duele las cosas graves que le hicieron los padres, hermanos, nanas, abuelos, profesores cuando estaba indefenso. O lo que vio que se hacían los adultos.

Todo esto está aún calladito en un rincón, debajo de la cama. De todo ello aún no podemos hablar porque no estamos dando espacios para procesarlo. Golpizas, violaciones, vejaciones, autoritarismos, humillaciones vividas o vistas en la infancia nos tienen aún ‘atimidados’ y acobardados.

El asunto es que estas cosas, al no hablarse, siguen repitiéndose. La sociedad aún está en manos de los que hacen doler. La cosa va cambiando pero muy lentamente. Vamos a vivir aun un desfleme. Una salida del clóset de las miserias vividas dentro de casa.

Y seguiremos diciendo “¡asumare!” y “¡asupare!”, por largos años.

http://diario16.pe/columnista/12/juan-infante/2534/el-paa-s-atimidado

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