50 AÑOS DE MAYO 68 (I)

Estallido libertario en el mayo francés de 1968

Rodrigo Montoya

El 11 de mayo de 2018 se cumplieron cincuenta años de la rebelión juvenil que paralizó París, conmovió a Francia y tuvo un enorme impacto en muchos otros países. Entonces, yo terminaba el tercer año de mis estudios de doctorado en la Escuela de Altos Estudios en Ciencias Sociales de la Universidad de La Sorbona. Esta oportunidad es propicia para presentar ese movimiento en sus grandes líneas, a partir de los recuerdos frescos que guardo, de todas las lecciones que aprendí, y de la presencia de esa rebelión en la vida cotidiana del tiempo que vivimos.

Fue un estallido libertario de grandes dimensiones, no fue una revolución, no tuvo un sujeto político (partido o bloque de partidos y centrales sindicales) capaz de programarla y dirigirla, fue una reacción de hartazgo por los abusos del poder, del Estado, del autoritarismo y la rigidez del patriarcado en la vida familiar, en el amor, los colegios, las universidades y en los centros de trabajo. Nadie vio lo que se venía, comenzó con un rechazo estudiantil radical, seguido de una represión de parte del rector de Nanterre, fielmente multiplicada por la policía, una y muchas veces, con su violencia y maldad habituales, en la medida en que el movimiento ocupaba las calles y se servía de los adoquines de piedra de las calles como ladrillos para levantar barricadas y como armas de defensa, frente a la policía.

A la brutal represión contra los estudiantes le siguieron huelgas de solidaridad de todos los estudiantes, de obreros, profesores, empleados y periodistas. En su momento de mayor intensidad la huelga general comprometió a diez millones de personas. En las paredes de las calles y en los muros de prensa que se crearon en los centenares de Comités de Acción, se expresaron millares de jóvenes (principalmente), con la mayor libertad del mundo, haciendo frases hermosas, creando consignas llenas de esencia y de humor, tejiendo sueños, e ideales. En dos palabras: soñar estaba al alcance de sus manos, y que florecieran todas las utopías posibles.

UNO.

Todo comenzó el 22 de marzo de 1968, cuando un grupo de estudiantes de la Universidad de Nanterre criticó con rabia y dureza la inauguración de una piscina, al lado de las casas humildes en que vivían los trabajadores de la universidad. Allí surgió Daniel Cohn Bendit, el peli-rojo judío alemán (“todos somos judíos alemanes”, fue la frase solidaria con él). Los estudiantes de entonces se sentían privilegiados y protestaban por la profunda desigualdad de la sociedad francesa. En 1964, Pierre Bourdieu y Jean Claude Passeron publicaron el libro Les Héritiers, les étudiants et la culture- Los herederos, los estudiantes y la cultura, (Paris, Editions Minuit).

Los datos de la encuesta sociológica mostraron la desigualdad en el acceso a las universidades como una “verdadera eliminación de las clases desfavorecidas” porque los hijos de obreros tenían solo cinco posibilidades de 100 de llegar a la enseñanza superior, mientras los hijos-herederos de los cuadros superiores y de los profesionales liberales disponían de 60 de esas 100 oportunidades. Las siguientes frases en las calles y muros de prensa muestran la indignación por esa desigualdad y van más lejos: “Gracias a los exámenes y a los profesores el arribismo comienza a los seis años”, “En los exámenes, responder con preguntas”, “Olvídense de todo lo que han aprendido. Comiencen a soñar”, “¡Viva la comunicación! ¡Abajo la telecomunicación!”. “De la crítica de la universidad de clases al cuestionamiento de la sociedad capitalista”. “No quiero ser un idiota”.

DOS.

Protesta, represión, más protesta, más represión- solidaridad, huelgas por todas partes, huelga general. Los estudiantes de La Sorbona fueron los primeros en mostrar su solidaridad con los rebeldes de Nanterre golpeados en las calles. Desde la marcha del primero de mayo por el día de los trabajadores hasta el 10 de mayo las manifestaciones de protesta se multiplicaron y la violencia llegó a su expresión más alta la noche del 11 de mayo, cuyas fotos se fueron por el mundo. Fue grande y conmovedora la solidaridad de los parisinos con los estudiantes que expresaban su rebeldía.

TRES.

Solidaridad: obreros, huelga general, grave tensión y conflicto político. Para felicidad de los estudiantes, los obreros de las centrales sindicales les expresaron su apoyo y se declararon igualmente en huelga. No recuerdo que algún gremio se mostrase indiferente. De modo general, la relación obreros-estudiantes ha estado siempre llena de pequeños y grandes desencuentros. Día a día, las huelgas fueron multiplicándose, el 19 de mayo París era ya una ciudad paralizada, sin metro, sin trenes ni autobuses. En medio de las dificultades de transporte se formaron los Comités de Acción en los mercados o plazas importantes de los distritos de París, universidades o teatros como el Odeón, locales de radio y televisión, reuniendo a los obreros, estudiantes, profesionales, empleados, artistas, músicos, cantores, profesores, amas de casa y comerciantes que vivían por ahí, para “continuar el combate”, porque se trataba “solo de un comienzo”.

En prácticamente todos los distritos de París se escogieron paredes-vitrinas en las que se informaba de lo último que acaba de ocurrir y expresaban pensamientos individuales y colectivos que aparecían mañana, tarde y noche. La imaginación ocupaba las calles.

CUATRO.

El denominador común del movimiento fue el Espíritu libertario. Los siguientes que derivan de una lejana pero presente tradición anarquista: las siguientes grafittis, sustentan esta proposición: “La imaginación al poder”, “Prohibido prohibir”, “Seamos realistas, pidamos lo imposible”, “La imaginación no es un don, sino el objeto de conquista por excelencia (Breton)”, “Cuando la asamblea nacional se convierte en un teatro burgués, todos los teatros burgueses deben convertirse en asambleas nacionales”, “No puede volver a dormir tranquilo aquel que una vez abrió los ojos”. Este espíritu libertario fue seguido por una crítica radical al pensamiento ortodoxo del Partido Comunista Francés, y la Central General de Trabajadores, las organizaciones maoístas y trotskistas, tributarias todas de la tradición marxista y leninista, como lo expresan las siguientes frases: “No hay pensamiento revolucionario. Hay actos revolucionarios”, “Abajo el realismo socialista. Viva el surrealismo”. Por supuesto que las consignas partidarias estuvieron presentes pero fueron claramente minoritarias. La reivindicación de la libertad en el amor, la oposición a la guerra, llamó la atención: “Hagamos al amor y no la guerra”, “Cuanto más hago el amor, más ganas tengo de hacer la revolución”. “Cuanto más hago la revolución, más ganas tengo de hacer el amor”. Recuerdo una foto extraordinaria: el abrazo y beso de una chica con su enamorado a través de dos ventanas de una residencia de estudiantes, reivindicando el derecho a visitarse y dejar atrás la prohibición de hacerlo, impuesta por las autoridades universitarias, en armonía con lo que quiere la iglesia.

CINCO.

Después de tres semanas la confrontación no podía continuar. Como París era una fiesta de ilusiones para cambiar la vida, los partidos y las centrales sindicales no podían contener esa enorme fuerza juvenil y popular, el general De Gaulle -héroe de la resistencia contra los alemanes y presidente de la república en ese momento- sintió el peligro. El sentimiento de los rebeldes se expresaba en la frase “La voluntad general contra la voluntad del general”, un sencillo juego de palabras que mostraba a las fuerzas en conflicto. Las centrales sindicales y los gremios de empresarios se reunieron para tratar de resolver los problemas como si se hubiese tratado de una simple huelga general de reivindicaciones laborales y salariales. Firmaron los acuerdos de Grenelle, entre los que figuraba un aumento de salarios. Esos acuerdos eran una burla, inaceptable para el conjunto de jóvenes rebeldes y para los obreros y sindicalistas que veían la oportunidad extraordinaria de llegar a la revolución. Fue inevitable la división porque el Partido Comunista y la Central General de Trabajadores, CGT, llamaron a levantar la huelga a “aceptar y mejorar los acuerdos de Grenelle”. El general De Gaulle fue a Berlín para lograr el acuerdo del ejército francés para reprimir violentamente el movimiento. Seguro de ese apoyo, disolvió el congreso, llamó a elecciones generales e insultó a los rebeldes llamándoles “chienlit” (suciedad, perrera). El PC y la CGT y otros gremios decidieron levantar la huelga y aceptaron el llamado a las elecciones. Vi en las fábricas de la empresa Renault en Flin, a obreros rompiendo sus carnets de pertenencia a la CGT. Les parecía inadmisible que las direcciones comunistas tradicionales renunciaran a la fuerza ganada en las calles y aceptasen ir a votar. Sabían que ese paso atrás conducía a la derrota. Georges Pompidou, el candidato de De Gaulle, ganó las lecciones de junio. En su razonamiento como guardián del orden mundial defendido por la Unión Soviética, la dirección del PC llegó a la conclusión que el momento no era oportuno para una confrontación con Estados Unidos y Europa. De ese PC que en 1968 tenía casi un cuarto del electorado, quedó, luego, solo una sombra. La frase “Vuelta a la normalidad” sobre el fondo de una manada de corderos, resume la derrota, como el regreso al viejo orden, apelando a la metáfora del rebaño de ovejas y la iglesia, su pastor.

SEIS.

Para decir algo sobre el contexto inmediatamente anterior a los acontecimientos del mayo francés de 1960, puedo enumerar los hechos siguientes: a. el grado de politización de los estudiantes universitarios era muy alto por la división francesa frente a la guerra de liberación de Argelia, antigua colonia, una guerra corta (1954-1962) que terminó con la victoria del Frente de Liberación de Argelia; b, la lección anticolonial dejada por la victoria de los vietnamitas sobre el ejército francés luego de la batalla de Dien Bien Phu, en 1974; c, la presencia del Ché Guevara, asesinado en Bolivia en 1967, y del vietnamita Ho Chi Min, decisivo en la lucha contra Estados Unidos, como héroes-ejemplo para el mundo; d, la importancia del libro Los condenados de la tierra, de Franz Fanon el martiniqués-francés, psiquiatra negro, publicado en París en 1962 con un célebre prólogo a favor, escrito por Jean Paul Sartre, que fue el primer gran libro de denuncia de la colonización y del llamado a la descolonización; e, el surgimiento de un espíritu crítico en la academia francesa para no aceptar las aparentes verdades del marxismo soviético y leer libremente el libro El capital de Marx sin la ceguera de los manuales oficiales; f, la producción de la píldora anticonceptiva.

SIETE. LECCIONES:

A: El espíritu libertario de ese estallido de rebeldía fue fundamental para que el concepto de libertad se enriquezca y fortalezca, para que el concepto de socialismo asuma la lucha por la libertad al mismo tiempo que la lucha por la justicia.

B: La economía y la política dejaron de ser las únicas preocupaciones de los partidos y de los militantes de izquierda; se abrieron las compuertas para volver los ojos sobre el universo afectivo-emocional, sobre la música, el canto, las artes en general, el humor, la risa, la alegría; en otras palabras; fue posible el encuentro de la política con la vida. Es lamentable que estas lecciones no hayan sido asumidas por los militantes ortodoxos de los partidos. Cuando quisieron hacerlo, ya era tarde.

C: Sin la rebelión de mayo, sin la píldora anticonceptiva y sin la contribución anarquista y socialista de las primeras mujeres feministas y socialistas como Flora Tristán tal vez no habría sido posible aun el feminismo de nuestro tiempo y su contribución decisiva en la batalla contra las desigualdades y el machismo.

D: En el ejercicio de la libertad fue posible descubrir el fondo de diferencia que existe en la sociedad, por eso los derechos de los homosexuales aparecieron en el escenario político.

E: La libertad en el amor como hecho histórico produjo una derrota muy grande a la Iglesia Católica, encerrada en su milenaria ceguera. (“Dios: sospecho que eres un intelectual de izquierda” escribió algún adolescente cercano a dios; alguien más radical propuso: “Lo sagrado: ahí está el enemigo”).

Queda pendiente otro texto sobre lo que cambió en estos 50 años. Ya sabemos que el pasado no vuelve, solo se transforma cuando tiende fuerzas para continuar y en medio de ese vaivén surge lo nuevo.

http://diariouno.pe/columna/estallido-libertario-en-el-mayo-frances-de-1968/

 

Los dispositivos subversivos de mayo del 68

Miguel Pinto Parabá

La eclosión social francesa se desarrolló en un momento de crisis internacional. Fue un terremoto político, social y cultural que no se quedó encerrado en un solo país. Inspiró a miles de jóvenes del orbe que, raudamente, se lanzaron a la lucha contra el mundo colonizador, excluyente y explotador del capital.

El Mayo francés de 1968 no fue un simple movimiento “estudiantil”, “espontáneo”, “aislado”, “utópico” y dirigido por “hijitos de papá”, como quieren hacer creer a las nuevas generaciones las élites conservadoras del mundo y sus sistemas de difusión.

Al contrario, fue más bien parte de un tsunami social, cultural y político, donde jóvenes de diversos países y clases sociales se rebelaron contra el orden establecido después de la Segunda Guerra Mundial.

París se constituyó en el epicentro de esa sublevación estudiantil y obrera que se irradió por varias regiones de Francia y otros países.

50 años después, su eco aún retumba en la mente de millones los seres humanos, que aún sueñan con edificar un planeta distinto.

LOS DÍAS DE FURIA

La noche de las barricadas del 10 de mayo se constituyó en el “rugido de furia” que desencadenó la revuelta popular.

El balance de esa jornada impactó al planeta: cerca de 500 detenidos, más de 1000 heridos, alrededor de 200 automóviles incendiados y el populoso “Barrio Latino” arrasado.

Por presión de las bases, el 11 de mayo, las centrales obreras decretaron la huelga general en toda Francia. El día 13, cerca de un millón de personas protestaron en las calles de París. En la cúpula de la Sorbona ondearon tres banderas: la roja, la negra y la del vietcong. El 15 de mayo, los obreros tomaron las fábricas. Una semana después, Francia quedó absolutamente paralizada: 10 millones de obreros se lanzaron a la huelgai.

El desenlace socio-político tuvo dos tiempos: uno inmediato y otro retardado. El gobierno francés conducido por el histórico líder Charles de Gaulle desvirtuó el movimiento y convocó a elecciones generales para junio de 1968. De Gaulle en las urnas triunfó. Sin embargo, en abril de 1969, fue derrotado en un referéndum que pretendió legitimar algunas reformas. Inmediatamente, como parte de todo ese proceso, renunció y se retiró de forma definitiva de la política.

En torno a esa realidad y al recordar sus 50 años, el debate sobre la connotación global y anti-sistémica de Mayo del 68 volvió a cobrar fuerza.

EL GIRO IDEOLÓGICO-POLÍTICO

La cadena de acontecimientos de París de 1968, sin lugar a dudas, quedó grabada en la memoria colectiva y la historia de la humanidad con tinta indeleble.

Permaneció guardada perpetuamente en reportajes y documentales de radio y televisión; primeras planas de periódicos, fascículos, revistas y libros de la época; fotografías, graffitis y afiches, y sesudos debates teóricos.

El sociólogo Juan María Sánchez-Prieto, en su ensayo “La historia imposible del Mayo francés”, narró la resonancia inmediata que generó en el campo intelectual:

“Imposible o no de explicar, es un tema poco elaborado desde el punto de vista de la historiografía, aunque reclamó enseguida una vasta producción de distinto tipo. Al terminar 1968 se habían publicado más de cincuenta libros referidos a los hechos de mayoii. Son libros apresurados, a menudo obra de los actores, que resultan, no obstante, necesarios para tratar de recomponer la atmósfera del momento, lo que no siempre traducen los análisis de los sociólogos, que pretendieron proporcionar enseguida una lectura académica de los hechosiii. Estudios más recientes comienzan a proporcionar claves nuevas para entender y explicar el movimiento”iv.

La revuelta desencadenó una explosión ideológico-política que iluminó el camino de miles de jóvenes que lucharon e incluso murieron por la construcción de un mundo nuevo.

SU MÉDULA INTERNACIONALISTA

El Mayo francés fue también un grito de libertad que se extendió a escala planetaria.

Se desarrolló en una coyuntura en que las luchas anticapitalistas y antiimperialistas se internacionalizaron.

En esa perspectiva, el historiador Eric Hobsbawm realizó una sugerente explicación de la rebelión de Mayo:

“Fue global, no sólo porque la ideología de la tradición revolucionaria, de 1789 a 1917, era universal e internacionalista, (…) sino porque, por primera vez, el mundo, o al menos el mundo en el que vivían los ideólogos estudiantiles, era realmente global. Los mismos libros aparecían, casi simultáneamente, en las librerías estudiantiles de Buenos Aires, Roma y Hamburgo (en 1968 no faltaron los de Herbert Marcuse). Los mismos turistas de la revolución atravesaban océanos y continentes, de París a La Habana, a Sao Paulo y a Bolivia. (…) Los estudiantes de los últimos años sesenta no tenían dificultad en reconocer que lo que sucedía en la Sorbona, en Berkeley o en Praga era parte del mismo acontecimiento en la misma aldea global en la que, según el gurú canadiense Marshall McLuhan (otro nombre de moda en los sesenta), todos vivíamos”v.

Ese fue el modo en que el levantamiento francés se intrincó con otros sucesos revolucionarios.

La guerra de guerrillas en Vietnam y otras latitudes del mundo estaba en su apogeo. Para ese entonces, Ernesto Che Guevara –quien fue asesinado en Bolivia en 1967– ya era el símbolo internacional del hombre nuevo.

UNA RESPUESTA A LA CRISIS

El Mayo francés no surgió de la nada, como rayo en cielo despejado.

Se desarrolló en una coyuntura en que el auge económico-social de la posguerra se agotó.

En 1965, según el economista Napoleón Pacheco, comenzó el “proceso de deterioro” de la época de oro que el sistema capitalista disfrutó desde fines de los años cuarentavi.

La pugna económica e interimperialista entre Estados Unidos, Europa y Japón deterioró la arquitectura económica mundial y, en ese momento, sembró las bases de una nueva crisis nacional general.

Pese a las medidas de emergencia que los expertos adoptaron, la crisis orgánica se propagó en cadena por todos los continentes. A fines de la década del ´60 este fenómeno se agudizó y el sistema financiero internacional se derrumbó

Así, desde principios de los años 70 hasta mediados de los 80, las ganancias globales quedaron prácticamente estancadas.

Y, como siempre, los trabajadores y los pobres fueron los más afectados.

EL BIG BANG SOCIO-POLÍTICO

Todo eso generó una insubordinación social compleja, diversa y de talante universal, que tuvo ciertos antecedentes y una particular lógica.

En 1962, el intento de la Unión Soviética de instalar una base de misiles en Cuba marcó un importante punto de ruptura en la aldea global.

Ese delicado hecho reactivó la Guerra Fría (1945-1991) y, por ende, tensionó las relaciones económicas, sociales, culturales y militares en varias regiones del globo terráqueo.

En ese mismo periodo, los pueblos de Guinea (1952-1958) y Argelia (1954-1962) lograron su independencia de Francia; la insurgencia angoleña venció en su cruzada “anticolonialista” (1961-1975), y la guerrilla comunista vietnamita derrotó al ejército estadounidense (1963-1973).

En 1966, China comenzó su “revolución cultural” y respaldó públicamente a otros procesos revolucionarios en el planeta.

Entre 1966 y 1970, en la India, el gobierno de Indira Gandhi lanzó medidas nacionalistas y empezó una agresiva reforma agraria.

Los enfrentamientos religiosos, nacional-étnicos y económico-políticos en los países del Medio Oriente, desde mediados de los años 60, también se radicalizaron y pusieron en cuestión la influencia estadounidense e inglesa sobre las grandes reservas de petróleo de esa región.

Los acontecimientos de Mayo del 68, dentro de esa red de hechos, fueron acompañados por la “Primavera de Praga” en Checoslovaquia (1968), el “Otoño Caliente” en Italia (1969), los movimientos “antirracistas” y “pacifistas” en los Estados Unidos y otros sucesos subversivos.

Los estudiantes y obreros franceses insurrectos, por tanto, nunca estuvieron solos.

SU VÍNCULO CON AMÉRICA LATINA

Después del triunfo de la revolución cubana en 1959, en América Latina los movimientos guerrilleros se propagaron por República Dominicana, Guatemala, El Salvador, Colombia, Venezuela, Argentina, Chile, Uruguay, Perú y Bolivia.

En ese marco, en el corazón de América del Sur, en octubre de 1967, se produjo el asesinato del famoso guerrillero Ernesto Che Guevara, quien inmediatamente se convirtió para miles de varones y mujeres del mundo en un ejemplo a seguir.

Cuando faltaban pocos días para que se inauguren los Juegos Olímpicos Internacionales en México, en octubre de 1968, la matanza y desaparición de cerca de 300 estudiantes en Tlatelolco (ubicado en el Distrito Federal de México), impresionó igualmente al planeta y demostró que la rebeldía no era monopolio de la juventud europea.

En Argentina se suscitó también, en 1969, el “Cordobazo”, un levantamiento obrero, estudiantil y popular con rasgos anticapitalistas, que culminó con la muerte de estudiantes, obreros y policías.

Esa coyuntura histórica, como se puede observar, fue crucial y difícil para el orden establecido en el continente.

SU PERSPECTIVA SOCIALISTA

El Mayo francés, de ese modo, fue un levantamiento que sacudió las enmohecidas estructuras políticas y sociales del sistema impuesto después de la posguerra , donde la juventud y el movimiento obrero aparecieron como actores políticos relevantes.

En ese contexto, varios partidos comunistas y socialistas –“estalinistas” o “burocratizados”, según algunas corrientes–fueron rebasados por los acelerados acontecimientosvii.

De esa manera, todo esto delineó los rasgos centrales de los hechos de principios de la década del ´70, que se caracterizaron por poseer elevados grados de conflictividad.

En Bolivia, en ese marco, se desarrolló también una experiencia explosiva que alcanzó fama mundial: La Asamblea Popular de 1971.

El denominado “soviet” boliviano fue la creación histórica de la Central Obrera Boliviana y la Federación Sindical de Trabajadores Mineros. Y los jóvenes tampoco estuvieron al margen de la organización de este órgano de poder, que tuvo el objetivo de construir el socialismo en Bolivia y el continente.

Pero, esa otra historia…

Notas:

i Cohn-Bendit, Daniel, Jean-Paul Sartre y Herbert Marcuse (1968).Cronología de la semana rabiosa, en La imaginación al poder. Buenos Aires: Edic. Insurrexit. pp.4-19

ii Lista elaborada por Sánchez-Prieto: “Destacan, entre otros: CLUB JEAN-MOULIN, Que faire de la Révolution de Mai? Seuil, París, 1968. F. DUPRAT: Les journées de Mai 68: les dessous d’une révolution, Nouvelles Editions Latines, París, 1968. A. GLUCKSMANN: Stratégie et révolution en France 1968, Bourgois, París, 1968. A. GRIOTTERAY: Des barricades ou des reformes? Fayard, París, 1968. M. PAILLET: Table rase: 3 mai-30 juin 1968, Robert Laffont, París, 1968. W. ROCHET: Les enseignements de Mai-Juin 1968, Les Editions Sociales, París, 1968. J. SAUVAGEOT, A. GEISMAR, D. COHN BENDIT y J-P. DUTEUIL: La révolte étudiante, Seuil, París, 1968. UNEF-SNE-Sup: Le livre noir des journées de Mai, Seuil, París, 1968”.

iii Sánchez-Prieto: “R. BOUDON: «La crise universitaire francaise: essai de diagnostic sociologique», Annales, 24, 1969, págs. 738-764. M. DE CERTEAU: La prise de paróle, Desclée de Brouwer, París, 1968. M. CROZIER: La société bloquée, Seuil, París, 1970. [Didier Anzieu] EPISTÉMON: Ces idées qui ont ébranlé la France, Fayard, París, 1968. A. TOURAINE: Le mouvement de mai ou le communisme utopique, Seuil, París, 1968. S. ZEOEL: Les idées de Mai, Gallimard, París, 1968”.

iv Sánchez-Prieto, Juan (2001). La historia imposible del Mayo francés, en Revista de Estudios Políticos, Núm. 112: abril-junio. Madrid: Centro de Estudios Políticos y Constitucionales. pp.109-133

v Hobsbawn , Eric (1999). El tercer mundo y la revolución , en Historia del siglo XX . Buenos Aires: Edit. Crítica. p.445

vi Pacheco, Napoleón (2001). La deuda externa boliviana entre 1950 y 1970: la resolución de las obligaciones antiguas, en La deuda externa de Bolivia. La Paz: CEDLA. pp.198-199

vii Cohn-Bendit, Daniel, Jean-Paul Sartre y Herbert Marcuse (1968). La imaginación al poder. Buenos Aires: Edic. Insurrexit.

Miguel Pinto Parabá es periodista.

Se publica este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.

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