Escenario

César Hildebrandt

INDULTO

¿Debo sentir conmiseración? Sí, es un hombre viejo que exhibe su edad morosamente. ¿Tengo derecho a un sentimiento piadoso y a olvidar quién es Fujimori y qué representó y por qué se le condenó? La respuesta es: ¡no! Una cosa es la compasión y otra la justicia. Y desde ese punto de vista la sentencia que anula el indulto parece impecable en su arquitectura jurídica anclada en nuestros compromisos con el orden legal internacional. ¿Y las lágrimas de Keiko? La recuerdo objetando las circunstancias del indulto y, luego, con la colaboración decisiva de Producciones Mamani, revelándole al país la turbia negociación que estuvo detrás de la liberación de su padre, lo que produjo la caída del muy interesado benefactor Kuczynski. Fue ella, como dice Nakazaki, quien demolió el indulto de su padre. No creo en una sola de sus lágrimas. Que ese cuento se lo susurre a Kenji, que podría ser el mejor de sus biógrafos y que, a su manera, predijo lo que acaba de suceder. Al cerrar estas líneas leo que Alberto Fujimori ha dicho en un video que su corazón no soportará un nuevo encierro. “No me condenen a muerte. Yo no doy más”, ha dicho el hombre que premiaba a los Colina y que, al final, indemnizó a Montesinos con 15 millones de dólares de plata sucia. Al final, no resultó japonés. Se ha portado como los peruanos que guiaban las expediciones de Gorostiaga contra Cáceres.

VELASCO

Cincuenta años del gobierno más importante del siglo XX peruano. ¡Cómo odia la derecha a Velasco! ¡Qué miedo tuvo! ¡Y cuánto mienten! El régimen militar que quebró el orden constitucional en 1968 -año del mayo francés, de la invasión rusa a Checoslovaquia, de la matanza de Tlatelolco en México- lo hizo en un país donde la sensa­ción de desgobierno, inmoralidad pública y revuelta social eran el telón de fondo cotidiano. Los militares creyeron que era hora de actuar porque los civiles elegidos estaban llevando al país al borde de la anarquía.

Y lo hicieron, por primera vez en la historia del Perú, inspirados en ideas progresistas. El Perú gamonal era insostenible. La alianza del Apra y Odría había mostrado la ruindad de la clase política. Y las indecisiones virreinales de Belaunde jugaron su rol. Las guerrillas habían sido un aviso. La reforma agraria desactivó una bomba y la política industrial fue de las más pujantes (y proteccionistas) de la época en América Latina. Lo que más temían los militares era un foco cubanófilo instalado en los Andes y nutrido por la miseria y el desprecio de Lima. ¿Se equivocó en muchas cosas Velasco? Por supuesto. Fue, al final, una dictadura solitaria, alejada del pueblo del que siempre desconfió y de las organizaciones que hubieran podido sostener­lo. Pero de allí a decir lo que de él dicen y escriben los conservadores hay un trecho enorme. Lo más curioso es que esos demócratas puritanos, escandalizados por la dictadura de Velasco, aplaudieron a rabiar la dictadura de Fujimori, tal como lo hicieron con Benavides, Sánchez Cerro y Odría. Hablar con ellos de democracia es inútil. Y en relación al “fracaso” económico del gobierno de Velasco, se trata de una mentira. Para tener una idea de la realidad de ese periodo decisivo de la historia peruana recomiendo echar una mirada al libro “La revolución de Velasco en cifras”, de Amílcar Vargas Gavilano, el general que fue uno de sus ministros de Economía. Remítanse a las cifras y verán.

REFERÉNDUM

Ahora resulta que los congresistas actuales sí podrán postular a su reelección en el 2021 porque la reforma aprobada en el Congreso recién entraría en vigencia en el 2026. ¡No me digan! ¿Y Vizcarra aceptará? ¿El topo de la PCM lo convencerá? Preguntas inútiles: entrevistado por un tal Chávez, el señor Vizcarra se tragó, con sapos y todo, el cambiazo del aprofujimorismo. Lo cierto es que nada esencial cambiará en el Perú si la política y la inteligencia siguen divorciadas. Desde hace muchos años, la política está en manos de profesionales del acomodo y el lobismo. Y los que podrían aportar honestidad personal y talento, huyen del servicio público. Es esa separación
la que nos mata como país. Y sí, claro: este Congreso es impresentable. Bastará decir, algún día del futuro, que lo presidió Luz Salgado, la que servía café en el SIN, para tener una idea de lo que ha sido el parlamento de los Mamani y los Ramírez. No deberían tener un Canal del Congreso. Deberían pedirle el servicio a Animal Planet.

CHÁVARRY

Si fuéramos un país serio, el Fiscal de la Nación tendría que estar camino a la cárcel. El señor Chávarriy pertenece al hampa de la magistratura y lo único que demuestra es el estado de putrefacción en el que nos hallamos. Que el Congreso lo apañe para que las suciedades de Fuerza Popular queden bajo la alfombra, expresa el tamaño de esta crisis, el olor de esta descomposición. Lo diré siempre: debimos tener nuestra revolución francesa.

URRESTI

Absuelto. No sé qué participación tuvo en el infame ase­sinato del colega Hugo Bustíos. Eran tiempos de nuestra retorcida guerra civil y se mataba al por mayor, en rondas, al peso, por sospechas. Sendero sacó lo peor de lo que somos, siendo ellos -los seguidores de Guzmán- lo más oscuro de lo peor. De lo que estoy seguro, porque seguí parte del proceso, es de que la acusación estuvo muy mal construida y se basó en testimonios sospechosamente extemporáneos o abiertamente falsos. Y también estoy seguro de que la prensa presionó de un modo que no la honra para que este general estridente fuera condenado. Como si la justicia se dictase por cargamontón gremial, en las
pantallas de esa televisión cobarde que jamás toca el asunto del poder minero y de la dictadura mediática que aburre la agenda y acorta el horizonte. Fue una vergüenza.

Fuente: HILDEBRANDT EN SUS TRECE N° 415, 05/10/2018

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Un comentario sobre “Escenario

  • el 7 octubre, 2018 a las 3:44 pm
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    Simplemente extraordinario, hago un llamado a la acción a todos los hombre y mujeres del Peru, a todos los colegios profesionales, a todos los Abogados que caigan en la corrupción, le diremos aparten a este hombre de nuestra vista, no es digno de ser reprerepresentante de la justicia.

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