Crisis de régimen y actores políticos; riesgos y oportunidades

Anahí Durand Guevara

Desde inicios del 2017 los hechos vinculados al caso Lava Jato revelaron el nivel de corrupción de las principales fuerzas políticas que se turnan el poder en el Perú desde 1992 cuando Alberto Fujimori dio el auto golpe que inauguró el régimen neoliberal en el Perú. Alejandro Toledo, Alan García, Ollanta Humala, Pedro Pablo Kuczynski (PPK), Keiko Fujimori y la ex alcaldesa de Lima Susana Villarán, entre otros, engrosan la lista de acusados de recibir millonarios sobornos de la empresa Odebrecht, sea para favorecer contratos y licitaciones o financiar sus campañas electorales. El tamaño del escándalo, alcanzó a Kucinszki quien tuvo que renunciar a la presidencia, envuelto en un escándalo de compra de votos y la negociación del indulto al dictador Fujimori.

La renuncia de PPK y la posterior juramentación del entonces vicepresidente Martin Vizcarra no calmaron el escenario. Por el contrario, la descomposición del régimen se aceleró al destaparse los denominados “audios de la corrupción”, que revelaron conversaciones entre fiscales, jueces y magistrados negociando sentencias y favores con empresarios y líderes políticos. Quedo al descubierto el engranaje de corrupción e intercambio de favores enquistado en el Estado, al servicio de la impunidad y el predomino de las mafias. En medio de una creciente indignación popular y malestar ciudadano, Vizcarra ha convocado a un referéndum para reformar aspectos puntuales de la actual Constitución política. Pero la crisis aún no tiene visos de resolverse y ninguno de los principales actores pareciera animarse a empujar un desenlace. Por un lado, el ejecutivo y los grupos de poder temen alterar el régimen neoliberal y perjudicar su “éxito económico”, por otro lado, el legislativo de mayoría fujimorista, defiende lo que queda del modelo político, enfrentando una grave investigación judicial. En medio de esta crisis ¿existe el riesgo de que algunos actores se ordenen en defensa del régimen? Y sobre todo ¿qué oportunidades pueden abrirse a una propuesta transformadora y de protagonismo popular?

El realineamiento de los actores en defensa del régimen

Una de las principales características de la crisis es la debilidad de todos los actores. El más golpeado sin duda es el partido Fuerza Popular, pues los últimos acontecimientos –prisión preventiva de Keiko, observación a Ley que favorecía el indulto a Alberto Fujimori- demuestran que ha perdido fuerza para golpear al gobierno y que tiene bastante con gestionar su propia crisis interna. Los partidos con presencia parlamentaria como el APRA y Acción Popular, se presentan también precarios y fragmentados. Los partidos de izquierda y las organizaciones sociales y sindicales tampoco han podido empujar desde la calle una salida democratizadora y aun se recomponen de pésimos resultados en las elecciones locales y regionales. Ningún actor tiene hoy la fuerza suficiente para forzar algún desenlace en el corto plazo, pero en medio de estas debilidades es el ejecutivo quien ha logrado un mayor manejo de la situación en tanto tiene más claro su objetivo político de corto y mediano plazo; concluir su mandato el 2021. En esa línea, Vizcarra evalúa que cerrar el Congreso no es necesariamente un tema urgente, pues si bien la gente está indignada no está dispuesta a movilizarse para que el cierre del congreso ocurra pronto, sabe también que, si bien el referéndum ha perdido novedad en la ciudadanía, va a darle un triunfo importante en tanto se aprobaran reformas simbólicas como la no reelección de congresistas. En medio de este ruido político, no se percibe el mediocre gobierno que lleva a cabo Vizcarra caracterizado por el “piloto automático” neoliberal en materia de economía y empleo.

De otro, destaca un renovado momento de judicialización de la política, esta vez con la investigación sobre lavado de activos, que involucra al partido fujimorista Fuerza Popular incluyendo a su líder Keiko Fujimori, por haber recibido dinero ilícito de la empresa Odebretch para la campaña electoral del 2011. La crisis generada en el Fujimorismo es profunda y ha significado delaciones y deserciones entre sus filas y particularmente en su bancada, lo cual puede llevarlos a perder el control de la Mesa Directiva y la mayoría parlamentaria. Hoy Fuerza Popular, y el Fujimorismo en general, ha recibido un certero golpe solo equiparable al del 2001 que terminó con el gobierno de Alberto y que hoy lo descoloca como referente político, impidiéndole forzar un desenlace en el corto o mediano plazo que les favorezca (como si lo hicieron al lograr la renuncia de PPK).

La crisis y desbande en las filas fujimoristas, genera ya dos importantes reacomodos en el escenario; entre los votantes y simpatizantes naranjas, y entre los poderes económicos históricamente coludidos con este partido que buscan continuar la gobernabilidad neoliberal. En el primer caso, la caída del fujimorismo en casi un 30% de las preferencias electorales hace que la población electoral que votó y/o simpatizó con ellos pueda ser atraída hacia opciones que compartan un arraigo popular y narrativa anti sistema, espacio que bien puede ocupar a Alianza por el Progreso de Cesar Acuña o, por la izquierda, el Nuevo Perú de Veronika Mendoza. En el segundo caso, es claro que buena parte del empresariado nacional, muy cómodo y leal al Fujimorismo mientras les fue funcional, hoy busca levantar opciones menos desgastadas como el Partido Morado del tecnócrata Julio Guzmán o el aristocratico Alfredo Barrenechea.

¿Una oportunidad para salidas transformadoras?

En medio de esta situación, resulta oportuno preguntarse qué espacio existe para propuestas transformadoras que, desde la impugnación al régimen neoliberal, permitan el protagonismo de los sectores menos favorecidos. Los grupos políticos de izquierda en sus distintos matices, han insistido en denunciar una crisis de régimen y la necesidad de realizar cambios de fondo, particularmente un cambio constitucional que destierre la Constitución de 1993 promulgada por Alberto Fujimori, dando paso a una nueva Carta producto de una Asamblea Constituyente. En medio del decadente consenso neoliberal, los planteamientos de las izquierdas irrumpen preocupando a las élites, pero la baja movilización popular y el escaso compromiso de buena parte de las organizaciones sociales, hace que esta demanda no alcance todavía suficiente potencial destituyente.

Entre estas agrupaciones de izquierda que mantienen presencia y reclaman cambios de fondo ante la crisis, destaca el Nuevo Perú, cuya lideresa Verónika Mendoza quedó tercera en las elecciones del 2016 y ha mantenido un 20% de aprobación que hoy la coloca segunda entre líderes políticos. Sin embargo, el Nuevo Perú no cuenta con registro electoral propio y ha presentado serios esfuerzos para mantener un perfil propio y diferenciarse del gobierno, exponiendo con poca claridad su defensa del referéndum y su vínculo con el cambio constitucional como procesos necesarios para superar la grave crisis política. Vale resaltar si el importante esfuerzo del Nuevo Perú por sumarse a la convocatoria de organizaciones sociales y las centrales sindicales que, junto a otros grupos políticos como Juntos por el Perú, buscan articular un frente político social que impulse la demanda de Asamblea Constituyente y sea capaz también de marcar una agenda en temas claves como la seguridad ciudadana, el empleo o la salud que tocan directamente a la ciudadanía y que el gobierno no viene atendiendo. No es sencillo para el Nuevo Perú, pues debe convivir, y hasta conciliar, con un “flanco izquierdo” radicalizado donde destacan personas como Goyo Santos o Antauro Humala que pueden atraer al votante anti sistema.

En suma, abrir mayores oportunidades para salidas transformadoras y lograr cambios de fondo requiere que las fuerzas políticas de izquierda redoblen sus esfuerzos por explicitar la crisis y remarcar lo decadente del régimen, poniendo en evidencia la captura del Estado por los poderes privados y la burda manipulación del marco democrático a favor de grupos de poder. Implica también afirmar nuevos ejes de antagonismo, que reemplacen el caduco eje antagonista fujimorismo /anti) fujimorista y ubiquen la contradicción, por ejemplo, entre el viejo orden constitucional injusto vs un nuevo orden democrático y de justicia social. Como toda crisis, es un momento donde se manifiestan riesgos de estabilización y oportunidades de cambio. El riesgo de una recomposición favorable al neoliberalismo está latente, históricamente los grupos de poder en el Perú han sido hábiles en encontrar salidas que no alteren sus privilegios y pueden hacerlo ahora, deshaciéndose del fujimorismo y controlando los daños con nuevas piezas de recambio. Pero esta crisis puede también generar oportunidades de acumulación y construcción política, y en esa línea, además de la crítica será importante comunicar con fuerza qué orden se busca destituir, cual construir y con quienes.

http://revistaojozurdo.pe/coyuntura/coyun-001-dur.html

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