Perú: Privilegios

Jorge Bruce

Uno de los conceptos que parece haberse afianzado en estos años de pandemia es el de privilegios. Esto es interesante porque mantener esta situación fuera del ámbito de la consciencia, facilita el afianzamiento e invisibilización de las desigualdades e injusticias. Pese a que no se haya avanzado mucho en la nivelación del terreno, sí lo hemos hecho en la fase previa que los psicoanalistas conocemos bien: la de identificar el problema, reconocerlo, empezar a trabajar en su elaboración.

Acaso la pandemia no ha sido ajena a esta “revelación”, de la que no tengo pruebas pero tampoco dudas, acogiéndome a la recordada frase de Héctor Béjar. Poder atenderse en establecimientos privados, por ejemplo, mientras la mayoría hacía colas inhumanas en hospitales públicos, suplicando por un balón de oxígeno impagable y a menudo moría en el intento, es algo que nadie puede ni debe olvidar. He ahí el mayor de los privilegios, digno de un bote en el naufragio del Titanic: salvar la vida mientras otros perecen en condiciones execrables.

Es evidente que nos falta muchísimo, tanto en el reconocimiento como en la democratización de estas inequidades que se repiten en todos los rubros: educación, vivienda, agua y desagüe, seguridad, etcétera. Cuando estábamos en la universidad, Nicolás Yerovi me decía: “En el Perú tener un plato de comida caliente es un privilegio”.

El chiste y su relación con lo inconsciente, escribió Freud en 1905. Incluso mentes bienintencionadas —no voy a citar nombres pues no es mi intención hacer sentir mal a nadie— han señalado en entrevistas haber tenido infancias difíciles. En ambos casos se trata de hombres blancos de clase media para arriba.

Un paciente proveniente de uno de los distritos más pobres y violentos del Perú me contaba la gracia —amarga— que les causaba a él y sus amigos esa declaración. Nadie está mintiendo. Se puede tener una infancia difícil proviniendo de un hogar acomodado, claro está. Pero en comparación con los relatos que he escuchado de quienes lo han hecho en condiciones absolutamente despiadadas, suena a broma de mal gusto.

Desde un plano eminentemente subjetivo, tomar consciencia de los propios privilegios es una manera de contribuir en el proceso democrático. Siempre y cuando seamos conscientes de que los deberes están encima de los derechos. Tal como lo señaló el abate Grégoire en la Francia de la Revolución: “El hombre solo es virtuoso con esfuerzo”.

https://larepublica.pe/opinion/2022/01/03/privilegios-por-jorge-bruce/

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