Perú: No era ese el camino

César Hildebrandt

En este semanario, como les consta, le hemos pedido varias veces al presidente de la república que renuncie.

Lo he escrito más de una vez, hasta la náusea: Castillo tuvo la oportunidad de su vida y decidió portarse como un truhancillo.

García sustrajo recursos aduanales, Fujimori abrió bóvedas de la reserva monetaria, Castillo se quedó con los vueltos y fue el foraja del cajón sin llave. Igualito es: más allá de los montos y ambiciones, el maestro que encarnaba la esperanza ha terminado en su breve muladar. Le dieron un gobierno y él creyó que estaba administrando la bodeguita del medio (pelo).

Pero esto ya lo sabemos desde hace meses y los lectores de este semanario se han enterado en sus páginas de todas las pillerías tramadas con el consentimiento o gracias a la inspiración del señor Castillo Terrones. Eso está claro.

Pero también está claro que lo perpetrado por la Fiscal de la Nación y sus incondicionales no es la Acusación Constitucional que prometieron entregar. El documento ofrecido era una pieza argumental que demostraría de modo suficiente que Castillo había incurrido en encubrimiento y obstrucción de la justicia, lo que habría hecho posible que se le atribuyera una infracción constitucional digna de un juicio político y –eso dependía del Congreso– de una consiguiente destitución.

Ese era el camino limpio, claro, constitucional, democrático, civilizado. La Fiscal Benavides, sin embargo, ha optado por la oscuridad y ha construido un alegato digno del jirón Azángaro.

He leído algunas de sus páginas más significativas y lo que encuentro es una sucesión de decires que provienen de gente sometida a prisión y ansiosa por obtener indulgencias procesales. La Fiscalía ha ensuciado el juicio constitucional que merece el señor Castillo con una retahíla de delaciones zurcidas que en muchos casos plantean escenarios inverosímiles y contradictorios. ¿Es creíble, por ejemplo, que Nicolás Maduro le dijera a Castillo, por teléfono, que contaba con todo su respaldo para asilar a Bruno Pacheco y a dos de sus sobrinos, tal como lo sostiene el colaborador eficaz de Código CE03-2022? ¿Quién pudo asistir a ese diálogo espinoso? Y si eso fue cierto, ¿por qué no se dio, al final, el tal asilo? ¿Es razonable aceptar, tal como lo dice otro delator premiado, que el prófugo Pacheco, acosado y furioso, admitió como compensación a su silencio la oferta de Castillo de nombrar al jefe de la Autoridad Nacional del Agua? Y si eso fue así, ¿por qué, a los pocos días, salió Pacheco a decir que estaba dispuesto a colaborar con la justicia? El dueño de la clínica La Luz ha dicho que le entregó 50,000 soles a Bruno Pacheco y Yober Sánchez, sobrino de Juan Silva, afirma que fue testigo de esa dádiva mugrienta. Hasta allí, todo bien. Entonces aparece, de la manga de la Fiscal Benavides, un añadido colaborador eficaz que dice: “Yo sé que 30,000 de esos 50,000 eran para el presidente Castillo”. ¿Cómo? ¿Así se levanta el edificio de una acusación en contra del presidente de la república? ¿A falta de váucheres e investigación efectiva, la magia de los testimonios, los eslabones forzados?

Esto no es serio. No es digno. Da vergüenza. Lo que hubiera podido ser una gran misión higiénica, a partir de hechos públicos que tenían peso específico y resultaban devastadores para Castillo, se convierte en un texto chiflado y odioso redactado por abogados de tercera y fiscales vicarios.

El país necesita una salida honorable. Nos urge abandonar el callejón asfixiante en el que nos han metido. Pero como estamos marcados por alguna maldición, resulta que quien nos viene a salvar es la doctora Benavides, la que protege a su hermana acusada de favorecer a grandes narcos por dinero, la que paporretea discursos ciceronianos con ademanes de velada escolar.

O sea que al presidente lumpen lo persigue ahora una Fiscal de los arrabales de la magistratura. Y su segunda de a bordo, la doctora Barreto, disfrazada de amante de Atila, sale a decir que los inocentes tienen que probar su inocencia. Un grito de huno la celebra.

Y va el señor Vela, que funge de comedido, y felicita a la doctora Benavides. Como si estuviéramos en el Brasil de Moro y Lula.

A mí no me cabe duda de que la Fiscalía de la doctora Benavides actúa ahora concertadamente con la oposición más dura. Los que amaron a Blanca Nélida Colán, coautora al lado de Fujimori de algunas hazañas de la indecencia, deben estar felices. Los que apañaron a Peláez Bardales, el que sacramentó a Alan García, deben estar percibiendo las diferencias que hay entre un político profesional de grandes atracos y un infeliz que se roba las propinas de la misa.

No creo, en suma, que la corporación de “El Comercio” esté preocupada por la salud moral de este país que es el nuestro. No creo que el canal del mafioso González, el que fue y es de los Schütz maletineros, los canales de los Miró Quesada, el que viene de los Winter, no creo, digo, que esas firmas representen la indignación ciudadana.
No me sumaré jamás a la “campaña ética” de quienes, a lo largo de muchos años, demostraron optar por la indiferencia o la complicidad.

Los que negaron las elecciones por “fraudulentas” y fracasaron dos veces en organizar la vacancia eligieron ahora el camino sórdido de artillar el Ministerio Público y festejar escombros e inminencias. El país que requería un gran gesto de defensa propia se encuentra con la señora Benavides, esa Pasionaria de la poquedad. No era ese el camino para librarnos del picabolsos que tenemos en Palacio. Ya no es ira lo que podemos sentir: es tristeza.

Fuente: Hildebrandt en sus trece, Ed 607 año 13, del 14/10/2022, p16

https://www.hildebrandtensustrece.com/

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